Un centro educativo y cultural que nació de la mano de los inmigrantes
Ubicada en barrio Abasto, la Biblioteca Popular Solidaridad Social cuenta con 23 mil libros y talleres para todas las edades.

Viernes 13 de Octubre de 2023

Con 104 años de existencia se autoproclaman florecidos y lo evidencian con la oferta de más de veinte talleres y bibliografía actualizada a disposición de los vecinos de barrio Abasto. Se trata de la Biblioteca Popular Solidaridad Social, una de las más antiguas de la ciudad que abre sus puertas a La Capital para contar sobre su pasado y presente en la sección “El tesoro de mi barrio”.

Un retrato del artista rosarino Leónidas Gambartes en una habitación repleta de libros, da la bienvenida a la biblioteca de Paraguay al 2500. Este es solo el preludio de un edificio al que su miembros consideran un verdadero tesoro, y que cuenta además con una sala de lectura, dos aulas continuas donde se realizan talleres, un patio con un salón trasero, una cocina y una sala de danzas en el primer piso. Una variedad de espacios que posibilita un sinfín de actividades educativas, deportivas, lúdicas y recreativas.

Centenaria

La institución fue fundada el 23 de marzo de 1919 de la mano de un grupo de inmigrantes italianos, con la meta de crear un centro cultural abocado a la alfabetización de los obreros de la zona. “Esos inmigrantes eran vecinos de la zona sur de avenida Pellegrini, y por la documentación histórica que conserva la biblioteca, se nota que sus fundadores tenían hambre intelectual”, cuenta Jésica Carballo, vicepresidenta de comisión directiva. Con el tiempo el espacio cultural llegó a llamarse Universidad Popular y a tener cuatro filiales en la ciudad.

Si bien no hay muchos registros de esas universidades populares, lo que saben sus miembros actuales es que esos centros se habían creado con el objetivo de educar a las clases trabajadoras en oficios, la lectura y la escritura. Tienen conocimiento de que en la década del 40 del siglo pasado, la institución brindaba cursos de construcción, pintura y dibujo, y que se caracterizó en sus inicios por tener mucha presencia masculina, para luego avanzar a los talleres de costura para mujeres. “Tenemos conservada bibliografía del año 20 que pone énfasis en la moral y las buenas costumbres. Tenían interés en inculcar esos valores en los obreros, además de los principios del higienismo y la importancia de las vacunas”, cuenta la voluntaria María Cecilia Ramos.

Con el advenimiento de los gobiernos peronistas esas universidades, que eran asociaciones civiles, se transformaron en escuelas fiscales, por lo que sus autoridades perdieron la potestad sobre las actividades que desarrollaban. Cecilia cuenta que las actas que se conservan de aquella época, dan cuenta del malestar por parte de la comisión frente a la intervención del Estado para el desarrollo de su política pública educativa. Los vaivenes políticos y sociales hicieron que a partir de 1958 la institución quedase reducida solo a la labor bibliotecaria. Fue recién en 1991 que la biblioteca popular pasó a llamarse Solidaridad Social.

f5338d0f-fd74-4a58-a3e2-16f875285bce.jpg

La inclusión como tesoro

Además de atesorar una obra de Leónidas Gambartes, la biblioteca de Paraguay 2545 cuenta con varios tesoros. “Acá hay libros clásicos en su primera edición, algunos imposibles de conseguir hoy, un globo terráqueo antiguo con países que ya no existen que causa sensación en los chicos. Pero para mí el mayor tesoro que tiene la biblio es su casa, esta construcción enorme en un barrio que de a poco se va llenando de edificios. Un tesoro que no se va a convertir en negocio inmobiliario tal como algunos desean, porque acá estamos defendiéndolo”, sostiene Cecilia.

Pero además, hay una historia que la distingue de cualquier otra biblioteca popular, porque en sus instalaciones se creó y funcionó la primera biblioteca parlante que tuvo la ciudad. La iniciativa nació en 1999 por parte de Pedro Arpajou, quien era ciego y como presidente de la comisión directiva contó con el apoyo de un grupo de voluntarios lectores. La casa aún conserva la cabina de grabación en la que los y las voluntarias leían diversos títulos que llegaron a ser más de 500. “Todas esas lecturas están grabadas en cassette, tenemos el proyecto de digitalizarlos por la importancia de preservar la voz y el trabajo de todos aquellos voluntarios que trabajaron en crearla”, dice Cecilia. Si bien hoy los audiolibros son accesibles en la ciudad, en aquel momento la biblioteca parlante era una novedad absoluta.

Cecilia define a la biblioteca como un espacio educativo y recreativo de puertas abiertas y accesible para todas las familias del barrio, porque además de realizar préstamos de libros a domicilio ofrece todo un abanico de oportunidades, desde aprender un instrumento hasta practicar un deporte. Las chicas confirman que hay talleres para todos los gustos y edades. Entre ellos: yoga, zumba, taekwondo, piano, guitarra, expresión artística, dance kids, teatro (para niños, adolescentes y adultos), juegos y expresión teatral, danzas afrobrasileras, chi kung, tai chi, inglés para niños, ajedrez, gimnasia en sillas, aerodance, taller cognitivo, folclore, entrenamiento y taller de tejido. Además, se dictan dos talleres gratuitos pertenecientes al programa Santa Fe Más: electricidad básica domiciliaria e inglés comercial.

384499629_653453166886599_643789418299661807_n.jpg

Todos los públicos

Como toda institución centenaria, la de barrio Abasto debió afrontar momentos críticos a lo largo de su historia. Muchos de estos desafíos fueron producto de intereses contrapuestos por parte de sus miembros en torno al uso del edificio del cual la biblioteca es legitima propietaria. Actualmente la comisión directiva asume el reto de recuperar la importancia que tuvo la institución en el espacio barrial. “Queremos que vuelva a ser el punto de encuentro cultural y creo que vamos por buen camino”, dice Cecilia.

Las voluntarias cuentan que la biblio funciona gracias a los aportes anuales de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), un pequeño aporte anual municipal y otro del Ministerio de Cultura de Santa Fe, pero que es especialmente a través de la cuota societaria y de lo recaudado por los talleres que se dictan que pueden llevar adelante la tarea diaria.

La mayoría de los asociados son vecinos que participan desde hace mucho tiempo en la institución, a los que se suman nuevas familias que se encuentran con las propuestas de la biblioteca luego de mudarse al barrio. La mayoría de sus visitantes son adultos, aunque los talleres destinados a las infancias van de a poco modificando el cotidiano y llenando los espacios de público infantil.

“Además de los talleres, avanzamos en dotar a la biblioteca de mas bibliografía para niños. Pudimos escuchar los intereses de los chicos y responder a las solicitudes de las familias, eso hizo que el espacio sea muy recreativo y que los chicos lleguen con hambre de lectura,porque vieron algún libro nuevo que se quieren llevar”, dice Jésica, y hace hincapié en una transformación que los impulsó en los últimos años a incorporar más ejemplares de literatura infantil en beneficio de los pequeños visitantes. Actualmente la Solidaridad Social cuenta con aproximadamente 23 mil libros, sin considerar los que aún no están catalogados, y sus miembros afirman que trabajan en mantener la oferta literaria actualizada de acuerdo a los intereses de sus visitantes.