Sábado 14 de Enero de 2023
Una mañana de abril el alma de Teo empezó el viaje hacia la Tierra.
—El camino comienza acá, le dijo la Luna y lo abrazó.
Teo se puso un gorro de aviador y una bufandita de hilos de azúcar.
—¿Cómo es la Tierra? Me da miedo ir solo.
—No vas a ir solo. Flora te acompañará.
—¿Quién es Flora?
—Aquella cigüeña que viene volando. Hace muchísimo que trabaja en el cielo. Tiene una pata más corta que otra, pero no le digas nada porque no le gusta hablar de eso.
—Bueno, está bien.
—¡Hola Flora! ¡Llegás tarde! El es Teo, dijo la Luna.
—¡Me avisás siempre sobre medianoche!, protestó y se anudó el pañuelo al cuello.
—Teo va a esta dirección, señaló un punto en el mapa.
—Hola Teo, hablá fuerte que soy sorda, no tengas miedo que vamos a llegar a tiempo.
—¿Me van a tratar bien en la Tierra? ¿Desde allá veré las estrellas?
—Claro, si te están esperando con mucho amor. ¡Vamos! Se hace tarde.
Teo subió arriba de Flora y se agarró de sus alas. La cigüeña levantó vuelo.
—¡Disfrutá el viaje! Siempre iluminaré tus noches, le dijo la Luna y le tiró un beso.
Teo se lo devolvió.
Después de un rato de vuelo encontraron al Sol. Teo lo saludó y sintió un calorcito en el pecho.
—Sos único. ¡Nadie más en el universo será como vos!, dijo el Sol y le dio cuerda a una cajita luminosa que hacía tum tum tum tum tum tum en el centro de su pecho. Le entregó una llave que guardó en su bolsillo.
Flora volaba muy rápido. Él jugaba con un cordón plateado que olía a canela.
Flora frenó de golpe.
—¿Qué pasó?, le preguntó Teo asustado.
—¡Nos perdimos!, dijo la cigüeña y sacó el mapa.
En ese momento pasó la Señora Venus, muy coqueta con sus labios pintados de rojo y un vestido color nube de tormenta.
—Hola Flora querida, ¡tanto tiempo! No pasaste más a visitarme.
—Hola, ¡nos perdimos! Pero un té con bizcochos nos vendría bien.
—Vengan, pasen que les sirvo.
—Gracias, gracias, dijo y se puso sus anteojos para mirar el mapa.
Teo se comió tres bizcochos y se quedó dormido en un almohadón de plumas violeta. Al ratito Flora lo despertó para seguir viaje.
—Vamos Teo que tenemos que llegar a tiempo. Encontré un atajo.
Emprendieron vuelo. En el camino saludaron a varios planetas.
—Flora, ¿qué te pasó en esa pata?, preguntó Teo mientras esquivaban unas nubes.
—Es un problema de nacimiento. Rompí tarde el huevo. Por eso ahora me aseguro de que los bebés lleguen a tiempo.
—Sos linda, sos buena y sos la cigüeña más divertida.
Flora se rió a carcajadas, pero no dejó de charlar con todos los que se cruzaba. Se distraía y volvía a revisar el mapa.
Teo miraba asombrado los mares azules, los bosques de pinos y las playas doradas.
—Esa es tu casa, la de techos naranjas rodeada de árboles, señaló Flora.
En ese momento se subieron a la cola de una estrella fugaz. Y a unos metros de la puerta, Flora giró sus alas y ¡Plafff! Teo cayó en los brazos de su mamá.
—Bienvenido a nuestros corazones, dijo y le besó la frente.
—Tus ojitos tienen una luz que parecen estrellas, dijo su papá que lo miraba lleno de amor.
Un cachorro inquieto lo olfateó y movió la cola.
—¡No van a creer lo que vi! Pasó una cigüeña, me guiñó un ojo y me saludó, dijo la hermanita, asomada a la ventana.
En ese momento Teo cerró los ojos, se acomodó en el pecho de su mamá y se durmió feliz. Así comenzó la vida de Teo.