Silvia y el recuerdo de sus días con los heridos en el rompehielos Irízar
Es instrumentadora quirúrgica y recorre las escuelas dando testimonio de su experiencia en Malvinas.

Sábado 03 de Abril de 2021

Silvia Barrera tenía 23 años cuando en 1982 se inscribió como voluntaria para ir a Malvinas. Estuvo embarcada en el rompehielos ARA Almirante Irízar del 8 al 18 de junio. Fue como instrumentadora quirúrgica —su profesión— pero en el Atlántico Sur tuvo que ejercer de enfermera, camillera y hasta contener emocionalmente a los soldados. En un lugar preparado con 250 camas le tocó asistir, junto a sus compañeras, a unos 370 combatientes heridos.

En total son 16 las veteranas de guerra reconocidas como tales por el Estado Argentino: seis que pertenecían al Ejército (una de ellas la propia Silvia) y el resto a la Marina Mercante y a la Aeronáutica. La historia de las mujeres que estuvieron en Malvinas recién en los últimos años comenzó a difundirse con fuerza en los medios. Durante años estuvo silenciada.

Si los veteranos suelen recordar el proceso de “desmalvinización” que hubo tras la guerra, con el silencio que cubrió a esas historias, las mujeres que fueron a Malvinas debieron esperar aún más tiempo para tener su reconocimiento. Recién en 2013 fueron condecoradas con la Medalla al Valor por el Ministerio de Defensa.

“Eso nos llevó a nosotras a tener que salir a contar nuestras historias por los colegios u hospitales. En cada charla que damos vienen periodistas, que se van enterando de las historias y las van difundiendo. O dábamos charlas a estudiantes de periodismo que ahora son productores de programas de televisión y esa semillita recién ahora está sacando sus frutos”, reflexiona Silvia Barrera. Y afirma: “Era una historia desconocida porque no se difundía. Y nosotras por ahí nos guardamos diez años mas o menos, tardamos en empezar a hablar, entonces esa cadena recién ahora esta surtiendo efecto”.

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Diez días, una vida

Cuando estalló la guerra no había enfermeras capacitadas para preparar los quirófanos necesarios para la atención de los caídos. El 7 de junio del 82 surgió la convocatoria a las instrumentadoras. Silvia estaba prestando servicio en el Hospital Militar Central y se anotó como voluntaria junto a otras cinco mujeres, que con ella estuvieron en el rompehielos Irízar: María Marta Lemme, Susana Maza, Norma Navarro, Cecilia Ricchieri, María Angélica Sendes y Silvia Barrera. La urgencia era tal que se inscribieron un día y a la mañana siguiente ya estaban volando rumbo al sur. Estuvo del 8 al 18 de junio en el Irízar. Si bien el cese del fuego se firmó el 14 de junio, ellas quedaron en el barco cuatro días más hasta que les permitieron regresar al continente.

En más de una ocasión, Silvia contó que por aquellos años no querían mujeres en Malvinas. No había ropa de mujer, usaron vestimenta de verano en pleno junio y hasta borceguíes un par de talles más grandes. Las primeras horas fueron hostiles para ellas, hasta que lograron acomodarse en un camarote con tres cuchetas. Las instrumentadoras organizaron dos quirófanos. Por no tener grado militar, las mujeres no pudieron descender en suelo malvinense.

El día a día de aquella experiencia en el Irízar a Silvia la marcó para siempre. “Era recibir a los heridos durante la mañana, a la tarde se los preparaba, apenas empezaba a anochecer comenzábamos las cirugías y las curaciones, durante la noche se esterilizaba el material que habíamos utilizado y a la mañana siguiente volvíamos a comenzar la rutina”, recuerda. Esa tarea se repitió durante los diez días que estuvo en el barco.

A 39 años de aquellos fríos días de otoñó en el Atlántico Sur, dice que tanto en lo profesional como en lo humano fue la mejor experiencia que vivió. “La instrumentadora quirúrgica —explica— no tiene contacto con el paciente despierto. Y allá tuvimos que tratar a los soldados heridos, contenerlos, hacer de madres, hermanas y escucharlos. Eso nos cambió a nosotras en nuestra forma de ser y ver la profesión”.

Testimonio en las escuelas

Silvia trabaja en el Hospital Militar Central y desde hace unos 20 años suele participar de charlas en escuelas y universidades, para dar testimonio de su experiencia de vida. “En el grupo de veteranos que sale a dar charlas por los distintos colegios cada uno cuenta su vivencia y la tratamos de adaptar a los distintos grados. Vamos desde jardín de infantes hasta la secundaria y universidad. Tratamos de contarles cuál fue nuestra experiencia y qué hizo cada uno”, resume la veterana de Malvinas.

En esos encuentros con los estudiantes, Silvia cuenta que hay dos interrogantes que suelen aparecer con frecuencia: “Los más chiquitos quieren saber a donde íbamos al baño. Y en la secundaria nos preguntan a nosotras si nos pusimos de novias con algunos de los soldados. Esas dos preguntas son recurrentes”.

Pero en su caso, cuando visita las escuelas le agrega un plus al relato de la guerra: también les habla a las chicas de su profesión, que afirma no es tan conocida. “Que vean que una mujer puede estar en las Fuerzas Armadas —dice— también es importante, porque hace que las niñas que nos escuchan sepan que hay otras profesiones a las que pueden acceder. En las que son bien recibidas ahora, no como en 1982. Así que aparte del relato de Malvinas, en mi caso es sembrar también una semillita en las futuras mujeres para que tengan otra apertura profesional”.

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Silvia valora esa tarea pedagógica de los veteranos y veteranas de visitar las aulas durante las fechas cercanas al 2 de Abril, establecido como el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. La ley de educación nacional, en su artículo 92, señala que formarán parte de los contenidos curriculares “la causa de la recuperación de nuestras Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur”.

“Nos ayudan mucho las maestras y las directoras y directores de las escuelas —cuenta Silvia—, que permiten que vayamos a dar nuestras charlas. Si no fuera por ellos esta semillita tampoco se podría sembrar. Porque dar para los chicos esas pequeñas charlas sirve para hacerles revalorar Malvinas y que sepan que tiene héroes vivos, que tal vez estén caminando alrededor de ellos y no lo saben”.