Educación

Ser prioridad de Estado, desafío de las juventudes post Macri

El reto de las y los integrantes de los movimientos sociales de ser protagonistas de las políticas públicas

Sábado 14 de Septiembre de 2019

En el 2001 la juventud detentaba una de las mayores tasas de desocupación del país, ya se venían el corralito y la grandes represiones de diciembre y el año siguiente. Las escuelas eran trincheras, espacios donde se educaba pero también se comía, eran la dignidad de los pibes a los que contenía. La pibada de ese tiempo buscaba la vida como podía. Eran sin dudas, junto a los viejos, los mas golpeados por el sistema. Dieciocho años después podemos decir que quienes nacieron en ese preciso momento de nuestra historia, la están pasando brava, pero sin resignarse a seguir construyendo la vida, sus vidas.

Suele decirse que el tejido social está desintegrado, que los sectores populares estamos desmembrados, que el objetivo del daño infringido en los últimos años tenía dos metas paralelas: empobrecernos y desorganizarnos. La realidad muestra que no lo lograron, o mejor dicho, que les permitimos hacer el 50 por ciento de su trabajo. El famoso tejido social sigue enhebrándose y no va a parar porque las mayorías sociales nunca perdieron su dignidad. Desde ahí, los pibes y las pibas se plantan para enfrentar la dura realidad que les obligan vivir, tienen que creer en su fuerza colectiva y crear nuevas formas de hacer la vida. Inventar su trabajo, generar sus espacios de recreación, deporte y también educación. Es así que aparecen nuevos clubes, bibliotecas, cooperativas, ferias; espacios de educación no formal y de salud comunitaria para el abordaje de consumos. Todas esas construcciones de este tiempo son la materialización de ese tejido digno que no han podido desintegrar, pero también son los lugares desde donde hacer pie para construir la esperanza de un futuro distinto, con igualdad, libertad y soberanía.

Decíamos que les jóvenes la están pasando brava y la fotografía más nítida la vemos con los recursos que disponen los Estados en políticas publicas dirigidas a la juventud, sobre todo las que alcanzan a la de los barrios populares. En el caso de la provincia de Santa Fe, sobre un presupuesto total de 277.182.629.000 de pesos, se destinan a la promoción de la niñez, adolescencia y familia, 528.185.000 pesos, lo que representa el 0,19 del total del presupuesto. La secretaría de la juventud, dependiente del Ministerio de Gobierno, destina 21.246.000 pesos, el 0,007 por ciento del total. Por último, el programa Nueva Oportunidad son casi 600 millones de pesos anuales, lo que representa el 0,21 por ciento del total. La importancia que el Estado otorga a aquellos que el sistema ha empobrecido, sobre todo a partir del gobierno de Macri, se grafica de manera clara y contundente: solo el 0,4 por ciento del total del presupuesto provincial está destinado a la pibada. A esa juventud que aún sigue organizándose, pero que también vive una de las sensaciones mas desesperantes que existen; la incertidumbre que les impide pensar mas allá del día a día, trabando la posibilidad de construir un proyecto de vida.

Desde los movimientos sociales y les pibes y pibas que participan activamente de nuestras construcciones, nos encontramos ante el reto de romper con esa incertidumbre, de encontrar la forma de ser protagonistas de las políticas públicas y de esa manera continuar y proyectar un trabajo político, social, cultural y productivo.

Recrear la vida comunitaria y política para emancipar al pueblo del que somos parte, es nuestro trabajo cotidiano y nuestro desafío inmediato. La juventud alguna vez, debe ser prioridad. Esa es nuestra principal apuesta.

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