Educación

Salud: quitar a unos para luego quitar a todos

La propuesta de cobrarles a los extranjeros que se atiendan en hospitales atenta contra los valores de solidaridad y equidad.

Sábado 03 de Marzo de 2018

¿Usted vio alguna vez un "tour" de extranjeros organizado para venir a atender su salud en la Argentina? Seguramente no; porque tales "tours" nunca han existido, y son el invento febril de esos falsos comunicadores que inventan sin límite; o porque si alguno ha habido, habrá sido una circunstancia por completo excepcional.

Por algo se empieza. Si se cobra la salud a extranjeros, se podrá cobrar luego a argentinos. Ir imponiendo que los servicios estatales no deban ser gratuitos, es una marca de nacimiento de los gobiernos neoliberales. De tal modo, la disputa sobre los extranjeros tiene poco de inocente: va dirigida a cobrarnos a todos nosotros.

En verdad, ya se nos cobra un tanto. Mientras Roemmers hacía una aparatosa y excesiva fiesta que costó 6 millones de dólares, los medicamentos han subido su precio mucho más que la inflación durante el actual gobierno: es decir que nosotros pagamos, mientras los laboratorios celebran. Los servicios del Pami han dejado de incluir determinados remedios, las pensiones para discapacitados han sido obscenamente disminuidas en su número. Ya se nos achica la salud a los argentinos mismos, no sólo se pretende hacerlo a los extranjeros.

Y no es porque el costo del servicio a tales extranjeros sea muy oneroso. Tampoco hay estadísticas serias sobre el número de casos, que seguramente está lejos de ser porcentualmente relevante. Poco se nos bajarán los costos si se impide a hermanos de países limítrofes atenderse en nuestro país. Que nadie crea que si se les prohíbe absurdamente el servicio, nosotros vamos a gozar de mejores condiciones.

Delito y exclusión

Ocurre como con el delito. Siempre se apela a la idea de que lo cometen en gran medida ciudadanos de otros países que viven aquí, o que pasan por aquí. Todas las estadísticas muestran lo contrario: la mayoría de los delitos violentos en nuestro país son "made in Argentina", y esa situación es fruto de la exclusión social que otros argentinos sostienen y fomentan. El típico insulto al "negro" es decisivo —en tanto muestra de desprecio hacia los más necesitados— para promover las condiciones sociales de emergencia del delito, del cual los mismos que insultan son luego los que se quejan. Es decir: la situación delictual la promovemos —y casi siempre la concretan— los mismos argentinos.

Por cierto que es una cuestión de solidaridad, la que también se juega con el tema de la salud. Argentina es un país relativamente poderoso, si se lo compara con nuestros países limítrofes. Impedir derechos a bolivianos o paraguayos en Argentina, es como si se los hubiera impedido a españoles o italianos en la Argentina de 1900, la de muchos de nuestros abuelos.

Podemos prevenirnos de la objeción esperable: "Los españoles eran decentes y trabajadores, los otros no siempre lo son". Pero no todos los españoles eran virtuosos, ni todos los que vienen de países cercanos a la Argentina, dejan de serlo. Eso es puro prejuicio: entre los más pobres hay muchos trabajadores con problemas de empleo, de ningún modo hay muchos vagos que desechan empleos que les ofrecieran todos los días; estas ofertas múltiples no existen en ninguna parte, menos en nuestros territorios limítrofes.

En todo caso, es responsabilidad del Estado que, si se entiende oportuno, se firme algún acuerdo con los países vecinos para lograr reciprocidad. Si bien eso no es simple porque la relación es asimétrica en cuanto al poder y los recursos relativos entre los diferentes estados, podría lograrse sin afectar el derecho a atenderse de quienes nos visitan, y el de quienes están viviendo temporalmente en nuestro país.

Solidaridad

Las actuales políticas atentan directamente contra valores esenciales de solidaridad y equidad. Apuntan a despertar el individualismo más feroz, y la mayor indiferencia —cuando no desprecio— hacia los otros.

Pero cuidado: "A lo mejor, soy otro", escribió César Vallejo en tiempo de hallazgos escriturales. Y tenía razón: mañana podemos ser nosotros los que estemos en el país limítrofe, y puede ser un pariente o un amigo nuestro aquel a quien no quieran atender aquí, en un servicio tan elemental y decisivo como es la salud.

O podemos ser nosotros mismos, ya que vienen por todo. Como ya hemos señalado, si los extranjeros debieran pagar... ¿por qué no los locales? Está en juego el servicio de los hospitales públicos, el de los centros de salud, la vigencia de las obras sociales, ante la posibilidad de multiplicar el negocio enorme que a nivel planetario se hace con la salud de la población.

No les abramos espacio. No aceptemos la nueva lesión a nuestros derechos e intereses que quieren imponernos.

(*) Doctor en psicología

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