Educación

Sacheri, el profesor de los cuentos

El escritor oriundo de Castelar es un reconocido autor de varios relatos de fútbol y novelas. Es el autor del libro en el que se basó la película "El secreto de sus ojos". Pero todos los lunes sigue dando clases en una escuela secundaria.

Sábado 23 de Septiembre de 2017

"Gran dilema: corregir evaluaciones o seguir con el guión? Menos mal que este fin de semana no hay fecha de fútbol", posteó en Twitter un viernes por la tardecita el profesor de secundario y escritor Eduardo Sacheri. Junto a la pregunta, la foto de una pila de hojas de carpeta y por debajo un guión donde asomaba el apellido Perlassi, protagonista de su última novela La noche de la Usina, ganadora del premio Alfaguara.

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"Le saqué una foto porque cuando te enfrentás a esa pila antes de empezar te da una pereza... ¿Tengo todo esto para corregir? No solo por corregirlo, sino porque también tiene el lado ingrato cuando a los pibes les va mal y no podés evitar sentirte frustrado, decepcionado o inseguro de lo que hiciste mal o bien", cuenta Sacheri.

El escritor oriundo de Castelar es un reconocido autor de varios relatos de fútbol compilados en libros como Esperándolo a Tito o El fútbol, de la mano, y tiene a Roberto Fontanarrosa y Osvaldo Soriano como sus escritores preferidos en esta temática. Pero quizás su reconocimiento público empezó a tener otra escala en 2010, cuando la película argentina El secreto de sus ojos, dirigida por Juan José Campanella y protagonizada por Ricardo Darín, ganó el Oscar a la mejor película extranjera. Sacheri es el autor de La pregunta de sus ojos (libro en el que se basó el film) y junto a Campanella escribió además el guión de la película.

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Pero sus primeros escritos llegaron al público masivo cuando Alejandro Apo leyó en su programa de radio el cuento Me van a tener que disculpar, sobre la figura de Maradona. El texto tuvo tal llegada que un oyente llamó a la radio y contó que estaba manejando un tractor en Chivilcoy y se conmovió tanto con el relato que tuvo que parar la máquina para terminar de escucharlo. No por casualidad Isidoro Gómez, uno de los protagonistas de El secreto de sus ojos, es oriundo de Chivilcoy.

Por estos días prepara la adaptación de su última novela a la pantalla grande, como ya lo hizo junto a Juan Taratuto con Papeles en el viento y con Juan José Campanella en El secreto de sus ojos. Con Campanella también escribió el guión de la película animada Metegol, basada en Memorias de un wing derecho, del Negro Fontanarrosa.

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Escribió con Campanella el guión de Metegol.
Escribió con Campanella el guión de Metegol.

Pero Sacheri también es docente y aunque los tiempos de escritura son cada vez más intensos, continúa dando clases en una escuela de Ramos Mejía, donde todos los lunes a las 7.30 arranca su jornada semanal frente pibes del penúltimo año de la secundaria.

"Sigo en la docencia pero poquito, me quedé solo con unas horas un día a la semana. El resto del tiempo lo dedico al trabajo de escritor, pero los lunes a la mañana sigo siendo profesor de historia en el secundario", cuenta.

La charla con Sacheri apunta a explorar ese costado del premiado escritor argentino. Correrlo por unos instantes de sus otras pasiones, como Independiente, el fútbol, el cine y, por supuesto, la literatura. Por eso no fue casual que la entrevista sea en un salón de clases ubicado en el primer piso de la Escuela Pablo Pizzurno de Melincué, a donde Sacheri llegó a fines de agosto para dar de una charla invitado por los festejos del centenario de la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia de la comuna, ubicada a unos 120 kilómetros al sudoeste de Rosario.

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Posa para las fotos delante de un pizarrón con una pelota, luego se sienta en el escritorio del docente y abre el juego. Antes tenía más cursos a cargo y daba clases los lunes en un colegio privado y los miércoles en una escuela pública. Pero sus múltiples obligaciones lo llevaron a pedir licencia en la estatal.

—¿Se pueden conjugar bien esas dos facetas de tu vida?

—Sí, ya tengo 49 años, más de 20 como docente y hay un montón de cosas que uno las tiene resueltas o muy transitadas. Y en ese sentido estoy en el mejor de los mundos, porque al ser unas poquitas horas de clase se hace con placer, te sentís estimulado y se te ocurren cosas nuevas. Cuando es así no te sucede lo que me pasaba en otra época, o le pasa a muchos docentes, que para redondear un sueldo «más o menos» uno se llena de horas y la fatiga es mucho mayor.

—Los profesores taxi...

—Sí, eso cuando tenés muchas escuelas. Pero aunque tengas pocas, si tenés mucha carga horaria terminás fundido igual. No es algo que me esté pasando ahora.

—Pero te ha pasado

—Me pasó bastante hasta que la escritura se convirtió en mi fuente principal de ingreso. Pero mientras la docencia fue la principal sí, porque daba clases en la universidad, en el profesorado, en la escuela secundaria, en todos lados.

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El gusto por la docencia

Cuando se anotó para cursar el profesorado de historia, Sacheri no tenía en su radar la idea de ser docente en un curso de adolescentes. Se imaginaba como un académico, profesor de la universidad o investigador del Conicet. "Pero la vida me fue llevando para otro lado y tuve que dar clases en el secundario, pensando que no me iba a gustar y resultó que me gustaba mucho. Para mí fue una sorpresa", admite.

Es que entonces tenía muy fresco su paso por el secundario y los recuerdos no eran precisamente los mejores. Cuando era adolescente respetaba y quería a muy pocos profesores, le interesaban pocas materias y temía que a sus alumnos les pasara lo mismo. Pero cuando empezó a dar clases se dio cuenta que la historia no necesariamente tenía que repetirse. "Creo que si uno tiene un recuerdo fuerte de su secundaria también sabe qué es lo que querría evitar como docente", dice.

—Como cuando uno no quiere cometer con sus hijos los mismos errores de su padre...

—Si, es un buen ejemplo. Así como uno al momento de educar a sus hijos intenta tener presente esos recuerdos, cuando da clases creo que está bueno que también lo haga.

Mientras avanza la entrevista en la planta baja de la escuela de Melincué comienza el acto por la biblioteca. En unos instantes se pasa del murmullo al silencio y luego se escuchan unos aplausos. Tímidamente se cuela el sonido de alguien hablando por el micrófono, pero es casi imperceptible. Hasta que suena la melodía inconfundible del himno argentino y Sacheri no puede evitar la sonrisa: "Se nota que estamos en una escuela. Es sábado y hay ruido de escuela igual. Ahora empieza el recreo, quédense tranquilos".

De Patoruzito a Salgari

Sacheri aprendió a leer a los cuatro años, después de que su hermana lo pescara simulando que leía una revista de Patoruzito que tenía entre las manos. Como no sabía leer, se armaba una historia con los dibujos del indiecito patagónico y entonces hacía la mímica de la lectura. Inventiva pura. "Un día mi hermana me vio y me dijo: «Pará que te enseño, antes que sigas haciendo esta estupidez dejá que te enseño». Y así fue como empecé", cuenta.

La casa de los Sacheri era un hogar de lectores. Creció viendo como sus padres odontólogos y sus dos hermanos más grandes siempre se hacían un tiempo para la lectura.

—Además de Patoruzito ¿Cuáles fueron tus lecturas de pibe?

—Te puedo agregar Patoruzú e Isidoro Cañones y te completo la trilogía (risas). Pero los libros que me marcaron en la niñez fueron sobre todo los de la colección Robin Hood, que eran de tapas duras amarillas donde había algunos libros que hoy definiríamos como literatura juvenil, escrita básicamente para adolescentes. Grandes clásicos adaptados. Ahí me encontré con Julio Verne, con (Emilio) Salgari, con (Alejandro) Dumas. Grandes escritores de aventuras del siglo XIX que me partieron la cabeza. Y si bien después naturalmente seguí leyendo, y en la adolescencia me topé con otras lecturas más contemporáneas y cercanas, argentinas o latinoamericanas que me marcaron mucho, me doy cuenta que tengo un criterio clásico para escribir. Cuento historias más que el devenir mental de un personaje, que sería otra opción y hay muchos autores que prefieren ir por ese lado. Me gusta contar historias porque me gusta leer historias. Me gusta que me cuenten historias, que era lo que hacían Verne, Salgari y compañía.

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—Y también están los relatos orales en tu infancia. En el libro "Los dueños del mundo" mencionás a tu abuela Nelly...

—Si, eso yo lo disfruté después, no en esa etapa inicial de mi niñez, sino que cuando yo perdí a mi viejo mi abuela vino a ayudar mucho a mi casa. Ella no era tanto de las historias inventadas para contar, sino que era una muy buena narradora de nuestro pasado familiar. Y creo que el hecho de estudiar historia tiene que ver con eso. Me gusta interrogarme sobre las historias, las ficticias de la literatura y las de la memoria de la gente: la privada o familiar y la colectiva.

—¿A un adolescente o a tus alumnos por dónde les recomendás comenzar con las lecturas?

—En general si son chicos que no son lectores les recomiendo arrancar por literatura argentina contemporánea y con una temática que les guste. Si son pibes futboleros que arranquen leyendo a (Roberto) Fontanarrosa o a (Osvaldo) Soriano. Si les gusta los enigmas policiales, Pablo De Santis ¿Pero por qué digo de Argentina y contemporáneos? Porque la lectura es un acto complejo y uno como lector va evolucionando y enfrentando desafíos crecientes. Entonces, encontrarte con autores que hablan parecido a cómo hablás es una ventaja. Si tocan temáticas y tienen un universo lingüístico y sentimental parecido al tuyo te facilita un poco las cosas. Por eso vuelvo a esto de la colección Robin Hood: yo ahora releo algunos de esos libros y son unas traducciones al español de España horribles. Pero claro, nosotros en los 70 probablemente éramos lectores más persistentes, más dispuestos a esos escollos. Si yo les tiro esos libros por la cabeza a mis alumnos de hoy vamos a fracasar. Yo proponiéndoles la lectura y ellos leyéndolos. Lo cual no implica que después no lo puedan leer. Es como si te dijera: "Mirá no corriste nada, salí y correte 15 kilómetros". Y no, a las tres cuadras estás escupiendo los pulmones. Vamos a correr 15 kilómetros, pero empecemos con 2 kilómetros.

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—¿Y a un docente que quiera incentivar la lectura y la escritura en sus alumnos?

—Que les lean, en voz alta y bien. Que les lean. Los pibes leen en voz alta en primero, segundo y tercer grado y después no leen nunca más en voz alta. Entonces la escuela primaria deja de detectar que leen horrible y la escuela secundaria parte de la base que todos leen bien. Entonces vos le das las cosas a los pibes para que las lean suponiendo que son lectores competentes y la mayoría no lo son. Y uno no puede pretender que disfruten una actividad que es tortuosa, compleja y frustrante como es leer si vos leés mal. Si sos un lector más o menos bueno, que vos le leas a los pibes les permite precisamente el mejor de los aprendizajes, que es que digan: "Ah, mirá, bien leído esto es una historia. Bien leído esto tiene música, esto tiene ritmo (y chasquea los dedos), esto conduce a que se disparen cosas en mi cabeza". Bueno, eso es la lectura. Lectura cuando lees bien no cuando leés mal ¿Cuando digo esto estoy diciendo que debería suceder que tengamos pibes en el secundario que leen horrible? No, no debería suceder. Pero bueno, parte del ser docente es arreglar quilombos que te vienen de atrás.

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  • El sano contagio de la lectura en un mundo de pantallas

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El escritor es profesor en un colegio secundario de Buenos Aires.
El escritor es profesor en un colegio secundario de Buenos Aires.

—Una vez Sasturain dijo que no hay que intentar "enganchar" a un pibe con una lectura. Que ese es un lenguaje de dealer. Que la lectura se convida, como un mate. Y que se transmite por sano contagio. Si tenés hermanos o padres que leen...

—O si ves a tus profesores que leen también... A mí me gusta esa imagen de Sasturain. Yo soy de los que sí tuvo una casa lectora. Muchos libros en la casa pero sobre todo gente que los leyera, que es mucho más importante. Mis viejos leían, mis hermanos leían. Y me parece que esta cuestión del contagio y del ejemplo es como en tantas cosas de la vida. Aún en la clase, si los pibes mientras están trabajando con algo en clase te ven a vos con un libro en la mano siempre te preguntan qué estás leyendo. Creo que es mejor que te vean leyendo y no que te vean paveando con el celular mientras ellos trabajan.

—Hablás de la gente "paveando" con el celular y te pregunto cómo ves la relación de los pibes con las pantallas y el rol de los adultos.

—Ojo, a los que me refiero es a los propios docentes. Estoy cansado de pasar por las aulas y ver a los tipos así... (y casi sacando la lengua, simula a alguien tecleando embobado el celular). A mí no me parece que el profesor tenga que estar haciendo eso. Distinto es si dice: "No me acuerdo tal cosa, vamos a fijarnos". Yo uso los celulares en la escuela, porque aparte donde doy clases todos los pibes tienen celular y los aprovechamos mucho. Lo que no me gusta son las invasiones de estímulos fuera de sus momentos. Me refiero a que si yo te estoy explicando un tema no mires el celular, porque te estoy hablando a vos. Ahora, si te mandé a averiguar un dato y vos querés usar el celular para buscar información usalo. Pero si estoy hablando y el otro mira el celular me fastidia mucho. Me parece que en ese sentido estamos mejor parados que hace 15 o 20 años en relación a las posibilidades lectoras de los alumnos. Cuando yo empecé a dar clases los chicos estaban sometidos durante horas a la televisión. En la comparación me parece más fértil este momento, porque las redes y las pantallas ofrecen una interacción más activa. Mis alumnos de hace 15 o 20 años salían de la escuela y se la pasaban mirando la tele. Me parece que en ese sentido hoy es mejor. Por supuesto que uno aspira a que haya diversidad en las lecturas y que estas lecturas parciales, breves e interrumpidas unas con otras no sean el único modo deseable de lectura. Me interesa que puedan enfrentar la complejidad de los textos, la frustración de la paciencia. De decir: "Enfrento algo, no lo entiendo y pero sigo insistiendo". Porque a veces la multiplicidad de las pantallas también te ofrece la posibilidad de fugar muy rápidamente hacia otra cosa. Ahí está el rol del docente que dice: "No, ahora nos quedamos". Pero en el fondo es lo mismo de siempre. O será que le atribuyo un rol muy importante al docente en el proceso educativo, en el sentido de que lo que hagas o dejes de hacer, el ejemplo que des o dejes de dar es clave.

—También es cierto que sobre la escuela y la docencia pareciera que la sociedad lo discute en febrero/marzo, cuando son las paritarias. Que está bien esa discusión...

—No, claro. Pero en general es el único debate que se da, como si en ese momento del año se abre la discusión, pero uno sabe que si se arregla la cuestión salarial el resto de los temas se clausuran en mayo. Hasta que se vuelva a abrir en febrero marzo siguiente. Y me parece que hay mucho para discutir y revisar en el mundo de las escuelas, las autoridades, los alumnos, las familias, los docentes. No parece que ninguno de esos actores sea inocente, inmaculado y libre de defectos.


  • El camino al Oscar de un diablo rojo

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Sacheri participó de una entrevista pública coordinada por la profesora Marcela Moltó.
Sacheri participó de una entrevista pública coordinada por la profesora Marcela Moltó.

Era sábado por la tarde, pero igual el patio interno de la Escuela Pablo Pizzurno de Melincué estaba a tope. Esta vez lo que reinaba no era el ruido típico de un recreo, sino todo lo contrario. En absoluto silencio, decenas de alumnos y vecinos del pueblo escuchaban atentos la charla que Eduardo Sacheri brindó el pasado 26 de agosto en la escuelita de la comuna, en el marco del festejo por el centenario de la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia, que funciona en un salón de ese edificio escolar.

No era la primera vez que la escuela disfrutaba de la charla de un escritor. Varios autores de la región ya habían participado de iniciativas similares. Pero esta vez era distinto, porque implicaba traer a una figura de la literatura reconocida, entre otras cosas, por ser el autor del libro en el que se basó la ganadora del Oscar El secreto de sus ojos. Los preparativos comenzaron a principios de este año, cuando la bibliotecaria Silvina Gatti contactó al escritor, gracias a la ayuda de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) y la colaboración económica del senador provincial Lisandro Enrico.

Durante la charla, el escritor habló del proceso de escritura de sus libros, de la paciencia y serenidad que hay que tener a la hora de sentarse frente al papel y de "la catarsis" que significa construir historias y personajes.

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"Escribo para responder preguntas que nacen de mi vida cotidiana. Por eso al construir las historias muchas van a transcurrir en la provincia de Buenos Aires o en pueblos cercanos. Es raro que un libro mío se sitúe en la gran ciudad", reveló Sacheri.

Sacheri reveló que el autor que más lo marcó en su adolescencia fue Cortázar, sobre todo por los cuentos de Bestiario. Y entre ellos, recomendó leer Carta a una señorita en París: "En ese cuento el narrador vomita conejitos. Yo lo digo así y me miran mal. Pero leés eso y te lo creés".

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La amistad con Campanella

Un párrafo aparte mereció también su fortuita relación con Juan José Campanella, quien un día vio el título de un libro de Sacheri (Te conozco Mendizábal) que le llamó la atención. Lo leyó y se hizo fan. Sin conocerlo personalmente, Campanella empezó a leer todos los textos que Sacheri iba publicando, mientras comenzaba a fantasear con la idea de llevar alguno de esos cuentos a la pantalla grande. Hasta que llegó la publicación de la primera novela de Sacheri y Campanella quedó impactado. "Vamos por acá, esta va a ser la película", le dijo Campanella. El libro era La pregunta de sus ojos y de inmediato comenzaron a trabajar juntos en el guión del film que protagonizaron Ricardo Darín, Guillermo Francella y Soledad Villamil. En 2010, la película ganó el Oscar a la mejor cinta extranjera y se cumplía así también la profecía de uno de sus amigos, Sergio Velasco, que estando en una playa junto a su esposa leyó el borrador de esa primera novela de Sacheri y vaticinó: "Esto va a ser una película y va a ganar un Oscar".

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En 2010 "El secreto de sus ojos" ganó un Oscar. Sacheri escribió la novela y junto a Campanella el guión.
En 2010 "El secreto de sus ojos" ganó un Oscar. Sacheri escribió la novela y junto a Campanella el guión.

De ese texto contó anécdotas sobre el origen de la novela ("lo primero que se me ocurrió fue el final, la escena de la jaula", reveló) o por qué el asesino es hincha de Racing. Explicó que cómo el asesino se había criado en Chivilcoy en los años 60, lo lógico era que sea hincha de uno de los cinco grandes: Boca, River, San Lorenzo, Racing e Independiente, porque lo que le iba a llegar por radio o por El Gráfico iban a ser, sobre todo, noticias de estos clubes. Pero como había que nombrar a jugadores del club de sus amores pero casi desconocidos, quedaban descartados Boca y River ("donde hasta los desconocidos son conocidos"). San Lorenzo fue descartado porque no había una cancha para imitar el Viejo Gasómetro: "Quedaba entonces Racing e Independiente. Y la verdad, siendo hincha de Independiente, hacer al asesino golpeador y violador hincha de mi club no quería", contó Sacheri, desatando las risas y el aplauso cómplice de los presentes en la escuela de Melincué. A la hora de la conferencia, los diablos rojos de Avellaneda derrotaron a Huracán por 3 a 1.

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Sacheri es un fiel hincha de Independiente.
Sacheri es un fiel hincha de Independiente.

Año Sacheri

La charla que dio el escritor estuvo coordinada por la docente Marcela Moltó, profesora de lengua y literatura de la escuela. Cuando le confirmaron de la visita, en la escuela lanzaron el "Año Eduardo Sacheri", donde la docente Juliana Cagrandi leyó en clases cuentos de Sacheri, y Moltó sus novelas a los chicos de 4º y 5º. El sábado de la charla fueron varios alumnos y el lunes se mostraron contentos con la visita. "Ellos —contó la docente— me dijeron que cuando leen un libro el autor es alguien intocable, y ese día lo tenían ahí. Además Melincué es un pueblo chico y muchos no tienen la posibilidad económica de salir del pueblo. Entonces, traer el escritor a la comunidad que lo lee es muy loable".

La profesora destacó además la cercanía que tienen los textos de Sacheri para los alumnos: "Su último libro, La noche de la Usina, pasa en un pueblo que no existe llamado O'Connor, pero está mencionado General Villegas, que está cerca. Y habla de Venado Tuerto, de la ruta 33. Habla de lugares que son conocidos para los chicos. Tiene partes de mucho humor y cuando empieza a contar la idiosincracia del pueblo es parecido a Melincué". En clases también leyó con sus alumnos Ser feliz era esto, de Sacheri; Tuya y Una suerte pequeña, de Claudia Piñeiro; El equipo de los sueños de Sergio Olguín; y Pendejos, de Reynaldo Sietecase.

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La profesora de lengua y literatura se admite "defensora acérrima" de la literatura argentina y contemporánea. "Me encantan los clásicos, pero a esta nueva generación de escritores hay que explotarlos en la secundaria, porque lo que cuentan nos acerca, los chicos se referencian con esas historias y eso les encanta".

Moltó coincide con Sacheri en la importancia de leer en voz alta en las aulas, como una forma de transmitir el gusto por la lectura a los alumnos, llegando incluso dramatizar ese ejercicio de lectura. "A lo mejor en tres clases leemos el libro. Y lo que más me interesa es el enriquecimiento posterior de los chicos, lo que ellos te devuelven de lo que leyeron".


  • "Alumnitos queridos, el lunes lección"

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Sacheri es profesor del secundario.
Sacheri es profesor del secundario.

Las redes sociales tienen múltiples usos. Para opinar, debatir, contar una actividad o promocionar un libro. O en el caso de Sacheri, advertirles cada tanto a sus alumnos de las actividades escolares.

"Alumnitos queridos. No se olviden que el lunes hay LECCIÓN. Los de 5º E, actividades de la carpeta. Los de 5º S, la película. ESTUDIEN", escribió el 24 de agosto.

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Tres días después, reforzó la recomendación: "Alumnitos queridos, nuevo recordatorio. Mañana LECCIÓN. Buenas noches". El 3 de septiembre, coló otro tuit de similares características: "Alumnitos queridos. Podría recordarles que estudien para la evaluación de mañana... pero seguro que están compenetradísimos repasando ¿NO?". Vale la pena entrar a esos posteos y ver las contestaciones de los lectores de Sacheri, quienes por abrumadora desean haberlo tenido como docente.

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En la charla que dio en la escuela Pizzurno de Melincué, contó acerca de esos tuits: "Uso Twitter porque sé que algunos andan paveando por ahí, entonces aprovecho y les mando. Como alguno te sigue y entre ellos se lo pasan no viene mal. El que avisa no traiciona".

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