Qué nos impulsa a elegir la carrera de formación docente
El autor reflexiona sobre los profesorados y da cuenta de las distintas posibilidades de cursado en Santa Fe

Sábado 09 de Octubre de 2021

Del 22 de noviembre al 17 de diciembre los institutos superiores de formación docente que dependen de los Ministerios de Educación y de Innovación y Cultura de Santa Fe comienzan con la inscripción de ingresantes 2022. La proximidad de la fecha puede ayudar a jóvenes o adultos para considerar las contingencias de elegir la formación docente como una posibilidad de formación profesional.

En el momento en que escribo existe un nivel de agresión y desprestigio —proveniente de los medios y de mucha gente que se hace eco— sobre el rol de los/as trabajadores de la educación. Entre las provocaciones más comunes se escucha el argumento de que “perdimos la vocación”, cuando en realidad —si no fuera por ella— ningún docente seguiría sosteniéndose frente al aula. Pero la vocación no es una carta blanca para tener que sostener situaciones que muchas veces son inadmisibles. Mucho menos que se maltrate a docentes que reclaman en favor de mejorar sus condiciones laborales. Sin embargo, son muchos más los incentivos que pueden movilizarnos para elegir la docencia como una carrera profesional.

Qué docente no se siente recompensado al ver que sus estudiantes aprenden. Además, cuando esto es registrado y percibido por los propios escolares el goce es por partida doble y la recompensa es grandiosa. Quienes elijan el profesorado de educación inicial experimentarán la maravilla de contribuir al inicio de lectoescritura. Momentos únicos e irrepetibles de la niñez que comienza a descubrir el sentido de la escritura y de la lectura.

Sin embargo, la escuela no sólo enseña, sino que busca acompañar a quienes necesitan algún tipo de consejo para la vida. Los docentes no somos súperhombres o mujeres —aunque así podamos ser percibidos o deseadoa—; sin embargo, tenemos la capacidad de contener y orientar de una manera imborrable. Traigo a colación la carta de Albert Camus al señor Germain, su maestro en la primaria, tras recibir el Premio Nobel en 1957: “Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser un alumno agradecido”.

Inventiva y creatividad

Si no se sienten atraídos por lo repetitivo o por situaciones que se pueden anticipar; la docencia tiene el maravilloso atributo de poner permanentemente en juego la creatividad y la inventiva. Hay quienes transitan la profesión como algo rutinario pero son quienes perdieron el placer por el ejercicio de la docencia. Mientras que aquellos que se desplazan entre desafíos y esperanzas aspiran a mantenerse vigentes, creíbles y contemporáneos de sus estudiantes.

Un ingrediente indispensable para quienes están pensando en ser docentes es poseer una medida importante de buen humor. Los alumnos perciben los ánimos decaídos y con ingenio logran cambiar el mal día de cualquier docente. Tampoco hay que dejar fuera la amorosidad, que se manifiesta en situaciones afectivas y en desafíos emocionales, y que es otra de las herramientas fundamentales que interviene en el proceso pedagógico.

Algo que no ocurre permanentemente en la docencia —pero que no deja de sorprendernos— son las gratificaciones que se reciben de parte del alumnado. En medio de tantos comentarios desdeñosos o agresiones absurdas que buscan el desprestigio social, este es un trabajo que llena de felicidad; aunque haya que bregar continuamente por el reconocimiento y que la sola gratificación no alcance para llevar el pan a la mesa.

Ser docentes es una profesión que nunca se transita en soledad. Entre colegas se aprende, se comparte y hasta se construyen amistades que duran toda la vida. La docencia constituye un colectivo solidario y sensible a escuchar y acompañar —no sólo alumnos— sino a quienes comparten la carrera. Esto es algo que muchos transitan desde que comienzan a estudiar en el instituto. Cuando estamos trabajando en las escuelas, la cantidad de tiempo que pasamos dentro de ellas permite consolidar éste tipo de relaciones. Quienes están pensando en iniciar su formación para ser docentes y entre los motivos que sopesan se encuentra la “estabilidad laboral”, vayan pensando en otra cosa. Porque en la profesión docente la cuestión pasa por otro lado: literalmente se trata de poner el cuerpo en la tarea. Son muchas las cosas que sobrellevamos los docentes: los fines de semana prácticamente no existen, hay que planificar, corregir, preparar clases, seguir estudiando y, además, la jornada laboral no termina cuando se sale de la escuela. Quienes actualmente están transitando la formación docente no bajen los brazos pensando que la profesión elegida no tiene sentido. Al contrario, ustedes ya saben cómo es esto y para quiénes están pensando en estudiar un profesorado poder preguntarles a quienes están cursando puede servir para aclarar las dudas que tengan.

El mito del apostolado

Los docentes no somos apóstoles, las escuelas no son templos, no hacemos voto de pobreza, tampoco elegimos esta profesión porque nos gusta sufrir o hacer sufrir. Elegimos esta profesión fantástica —que defendemos— para poder ejercerla con orgullo y vivir con decoro.

No estamos locos, ni somos tontos o incapaces para estudiar cualquier otra carrera; elegimos voluntariamente estar donde estamos y hacer bien lo que hacemos. Tal vez, seamos algo sensibles pero si no defendemos el sentido de nuestro trabajo corremos el riesgo de no contagiar a otros/as/es de lo magnífico que resulta ser docente.

Si estás interesado en ser profesor o profesora de educación inicial, primaria, de las disciplinas de la educación secundaria o de alguna modalidad de educación especial; no dudes en acercarte a alguno de los 122 institutos dependientes del Ministerio de Educación, que se encuentran a lo largo y a lo ancho de la provincia, para inscribirte. También existe la posibilidad de formarse como docente de educación artística en algunos de los 10 institutos que dependen del Ministerio de Innovación y Cultura y que se encuentran en las ciudades de Santa Fe, Rosario, Reconquista y Venado Tuerto.