Educación

"¿Qué es la crisis? Para mí es dejar de jugar"

Un informe de Unicef Argentina revela cómo perciben los chicos y adolescentes la situación económica y social del país.

Sábado 06 de Abril de 2019

Los últimos datos analizados por Unicef muestran que el 42 por ciento de los niños, niñas y adolescentes de la Argentina viven bajo la línea de pobreza. Son unos 5,5 millones de chicos. Y casi la mitad de la población infantil del país (el 48 por ciento) sufren al menos una privación en sus derechos básicos y fundamentales.

Las cifras son preocupantes y muestran lo lejos que quedó la promesa de "pobreza cero" lanzada por el gobierno nacional durante la campaña de 2015. Sobre todo porque, como advierte el organismo internacional, "las familias con niñas, niños y adolescentes son quienes enfrentan los riesgos económicos y sociales más severos, particularmente en los hogares con bajo nivel de ingresos y/o empleos precarios".

Pero, ¿cómo perciben los chicos y adolescentes, sus familias y los miembros de la comunidad, los efectos de la crisis económica? Bajo esta premisa, Unicef presentó un estudio cualitativo donde son ellos los que responden sobre sus necesidades, el impacto del ajuste y la inflación, y las estrategias domésticas que tejieron para enfrentar la coyuntura.

Así, ante la pregunta de qué es para él la crisis, un nene de 10 años contestó: "Para mí es dejar de jugar". A una indagación similar sobre la pobreza, un adolescente dijo que "pobreza es enfermar y no poder comprar medicinas".

Las respuestas, obtenidas en talleres y entrevistas en asentamientos urbanos, permiten conocer de primera mano las huellas que deja en los sectores más vulnerables la crítica situación que afecta al país.

Al hablar de los derechos vulnerados, la nutrición de los chicos y adolescentes es uno de los ítems más sensibles. El informe sostiene que la alimentación de las familias de sectores vulnerables está compuesta de manera casi exclusiva por harinas y azúcar. Y ante la precipitada pérdida del poder adquisitivo, algunas familias saltean comidas o cocinan una vez por día. En los relatos, algunos contaron que hay familias que debieron suprimir la cena y reemplazarla por mate muy azucarado "para hacer rendir la comida". O la reducción del consumo de lácteos y carnes, empujado sobre todo por el aumento de precios.

"Los grandes cenamos mate cocido, si hay comida que sea para los chicos", confió la mamá de una nena de 5 años.

Además, en la mayoría de las familias de las barriadas populares la canasta de alimentos esta basada en lo que reciben de bolsones y ayudas gubernamentales. "Lo que se ve desde el año pasado —dijo un referente de un banco de alimentos—es que volvieron a aparecer familias enteras en los comedores, algo que hace mucho no se veía".

Educación y salud

Si bien todos los chicos y adolescentes que participaron del estudio se encontraban escolarizados, hay situaciones de abandono en la transición de la primaria a la secundaria. De acuerdo al relato de los educadores entrevistados por Unicef, uno de los motivos es que hay adolescentes que asumen responsabilidades de cuidado de sus hijos o incluso de hermanitos menores. O en el caso de los varones, la incorporación al mercado de trabajo.

Otro de los aspectos relevados por Unicef es el de la salud, sobre todo el aumento de enfermedades transmitidas por alimentos, como gastroenteritis y diarreas. El estudio estima que estos padecimientos pueden estar vinculados a la búsqueda de comida en basurales. Un médico pediatra apunta que "se incrementó la cantidad de familias que van a buscar comida a los basureros municipales" y que "saben el horario en el que va el camión a desechar los productos vencidos de los supermercados".

Además, referentes de comedores comunitarios y centros de salud observan, en comparación con el año anterior, mayor frecuencia de problemáticas de malnutrición, desde obesidad infantil a desnutrición.

En cuanto a las dinámicas familiares, se evidencian casos de violencia física y emocional de los varones hacia los chicos y sus madres. "Al pedirles a los chicos que narren la historia de una familia de su barrio, armaron una historia de un padre que le pegaba a su hijo porque este le rompió por accidente su celular. Justificaban el hecho en que el padre había perdido su trabajo y no podría reponerlo. Decían que no era un padre malo ni pegador, pero había cambiado por la falta de trabajo", contó el coordinador de un taller grupal con niños y niñas.

¿Qué opinan las chicas y chicos sobre la situación económica? El relevamiento evidencia una mirada crítica y pesimista de los niños y adolescentes sobre este interrogante. Pero además, admitieron haber presenciado en el último tiempo discusiones dentro de sus hogares. Unicef destaca que ellos identifican un empeoramiento de la calidad de vida en el hogar y su comunidad, que "hay más problemas que antes", porque "alcanza menos la plata" y "todo está más caro". Y que por lo tanto los chicos manifestaron que intenta colaborar en la supervivencia del hogar.

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