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Primera vez

Un cuento ambientado en el debut en los escenarios de una banda de amigos y los nervios de esa experiencia frente al público.

Sábado 30 de Mayo de 2020

Los nervios carcomían al grupo de amigues. Su primera vez en un escenario, era algo que quedaría en sus recuerdos. Debería salir todo bien ¿no? Al fin y al cabo, habían ensayado montón de veces, se sabían las canciones de memoria y todo el repertorio que tocarían. Algunas canciones de elles, otros covers. Pero lo que más les preocupaba... ¿Al público le gustaría? Elles aún no tenían la mayoría de edad, aún eran adolescentes.

   —Diez minutos, pibes —les dijo el técnico. Sus nervios se pusieron peor. Sus latidos se podrían escuchar a kilómetros de distancia. Mas, una de las integrantes, decidió dar buenas vibras para que se amortiguara el ambiente.

   —Che, relájense, todo va a salir bien —la baterista miró a les otres cinco.

   —¿Y si no es así? —inquirió preocupado el tecladista.

   —Lo hacemos de nuevo, Bau, hasta que salga bien ¿sí? No hagan tanto drama, total todavía somos amateurs. Es la primera vez que tocamos. La primera vez que Paul McCartney tocó con la banda de Lennon se equivocó en el solo de guitarra.

   —¿Y eso en que nos ayuda? ¿A tener más cagazo? —de un lado se escuchó la réplica de la guitarrista principal.

   —No, Anto, me refiero a que cualquiera se equivoca en la primera vez. Mirá donde está el viejo ese ahora —explicó mejor, ya que no había llegado como quería el mensaje que trató de dar—. No somos los Stones, ni somos los Redondos, así que relajen un poco.

   —Cuesta decirlo, pero Gallego tiene razón —apoyó la segunda cantante.

   —Gracias... Bancá ¿qué?

   —Somos principiantes, todo se puede volver a hacer. Si no sale bien a la primera, saldrá a la segunda —entre elles se miraron. Isabela tenía razón, y no se lo iban a negar. Todo podría remediarse—.Además hay que tener pensamientos positivos, chiques. Si pensamos en negativo, va salir mal. Si pensamos que todo va salir bien, va salir de diez ¿Entendido?

   —Entendido —respondieron les demás de forma unánime. Isabela sonrió y le dio unas palmadas al cantante de la banda, que estaba junto a ella.

   —Vayan a afinar los instrumentos, nos queda poco y nada para salir —y se fue a buscar su bajo para hacer aquello que le había ordenado a sus compañeres.

   La guitarrista rítmica, llamada Vera, miró fijamente al vocalista principal de la banda. Aún estaba nervioso, se le notaba en sus movimientos. Decidió acercarse a él, a ver si podría hacerlo sentir mejor.

   —Hey, Javi —lo llamó. Él dirigió su mirada hacía ella. Le sonrió levemente, en un acto algo inseguro—. Todo va a salir bien.

   —Ustedes obvio que lo van a hacer bien, pero yo podría desafinar en una nota y todo se va a la mierda —contestó de una manera algo abrupta, pero no había intención de lastimar a su amiga. Al darse cuenta de su tono, quiso disculparse—. Perdoná, Veru, es que estoy re nervioso.

   —Me imagino —ella hizo una mueca, comprendiendo lo que le decía su amigo—.Yo también lo estoy, pero Isa y Mari tienen razón. Hay que relajarnos y pensar en positivo, y si llega a salir mal, lo vamos a volver a hacer y saldrá mejor —le dedicó de las más sinceras de sus sonrisas al muchacho con rulos. Se paró de puntitas y dejó un beso en su mejilla, ya que era bastante más alto que ella—.Todo va salir genial —al terminar de decir eso, también se fue a afinar su instrumento. Javier había quedado algo impactado por el acto de su compañera de banda, pero prefirió quitarle importancia, y se puso a hacer ejercicios con la garganta.

   Sus otres amigues llegaron a saludarles antes de que subiesen al escenario, que era pequeño, con espacio justo para les seis. Le desearon lo mejor y luego regresaron donde el público para ver a la banda y apoyarlos moralmente.

   Los nervios habían disminuido, pero igualmente seguían allí, con miedo de hacer algo mal. Sintieron que la calefacción estaba altísima, y que el espacio se achicaba. Justo cuando Bautista, el tecladista, estaba por decir algo, se vio interrumpido por el anuncio de que ellos eran quienes seguían. Se miraron, y esas miradas dijeron mucho más de lo que une pudiese expresar. Finalmente estaban listes.

   —Y con ustedes... —se escuchaba al conductor de los espectáculos en el bar— ¡¡Las Llamas de Javierrrrr!! —exclamó, resaltando la última letra de la última palabra.

   Y subieron. Igualmente, no les quedaba otra opción. Al salir al escenario, el calor bajó potencialmente, y sintieron como si se hubiesen sacado una pesada carga de encima. El público aplaudió, sin saber quiénes eran aquella banda con nombre tan estrafalario.

   Javier acomodó el micrófono a su altura, y luego miró a la gente que estaba allí, frente a él, con una sonrisa algo tímida.

   —Somos Las Llamas de Javier, y, para abrir nuestro repertorio, cantaremos una canción que no es nuestra, sino de los Smiths —al nombrar a la banda, se escuchó un barullo bajito, preguntándose como unes niñes conocían a aquella banda o qué banda era—-. Para ustedes, Is it really so strange —luego de la presentación de la canción, la batera marcó el compás y, a acto seguido, entró la guitarra rítmica, mientras la batería tocaba los platillos. Finalmente comenzó a cantar Javier y tocaron los demás sus instrumentos. La audiencia quedó deslumbrada ante el sonido de la banda, tocando como si aquella canción les perteneciese, pero más que nada, quedaron asombrados ante la bella voz de su vocalista.

   Su repertorio siguió, como se dijo anteriormente, con canciones de elles y covers, aunque solo eran dos las originales. Tocaron dos de habla hispana, Muerte en Hawái, de Calle 13, y Wadu Wadu, de Virus, con la cual el público se levantó y bailó alegremente. Y las otras dos canciones fueron Juice, de Lizzo, y Fame, de David Bowie.

   Cuando su acto se dio por finalizado, la gente los ovacionó de pie.

   —Muchísimas gracias —se expresó la bajista, sonriendo de una manera tan amplia que se semejaba al Gato Rizón—. Nos hicieron sentir como si ya hubiésemos tocado mil millones de veces.

   Luego de esto, se bajaron y fueron detrás del escenario, donde se abrazaron y comenzaron a festejar como loques por aquella suerte. Se sonreían como nunca antes lo habían hecho. Al festejo se sumaron sus otres tres amigues, y de allí fueron a un café que estaba abierto aún allí cerca.

   —La mejor noche de mi vida, de una —soltó Bautista. A lo que les demás apoyaron riendo y afirmando sus palabras.

   —Me sentí genial —agregó Anto sin poder sacar aquella expresión de alegría de su rostro.

   —Me siento extasiada, y juro que no tomé nada raro —sumó Mari a la par que se llevaba un pedazo de carlito a la boca—. Amé, con docuda.

   —Tragá, asquerosa —se quejó Isa riendo.

   —¡Estuvieron de diez, chiques! ¡El público quería más! —exclamaba orgullosa de sus amigues Cata.

   —Digo, yo podría acostumbrarme a esto —mencionó Veru con cierta picardía.

   —Yo ya me acostumbré, ahora nada me va hacer cambiar de opinión al respecto de la banda. Vamos a ser grandes, y que se jodan les que piensan lo contrario —apoyó Javier emocionado.

   —Que no se les suba a la cabeza, tampoco, che —contraatacó Joaco. Todes le empezaron a decir “mala onda” u “ortiva”—. ¡Pero es verdad!

   —Obvio que es verdad, pero ahora les tirás ese palo, nene. Pensá un poquito —replicó Emilia con un tono de obviedad, haciendo unos gestos con las manos.

   —Bue, perdón.

   —Así me gusta —le revolvió el pelo María.

   —Ahora —cambió de tema Vera—, que ya tocamos y todo eso... ¿Qué sigue?

   —Tocar de nuevo —respondió divertida Antonella, para luego soltar una risita.

   —Ya sé, pero me refiero como meta. Antes teníamos tocar por primera vez y que a la gente le guste. Ya lo hicimos —se explicó nuevamente—. ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Cuál es nuestro próximo objetivo?

   —Supongo que sacar un sencillo —contestó Isa.

   —Lo próximo es el estrellato, nena —cerró la conversación aquella Javi con una sonrisa en su rostro. Todes se miraron, imaginándose cómo sería aquello.

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