La historia de la foto

Poy y Obberti, dos maestros en su cancha

La tarde que Poy y Obberti hablaron con las chicas y chicos de fútbol y estudio.

Sábado 22 de Julio de 2017

El Centro Cultural Roberto Fontanarrosa todavía se llamaba Bernardino Rivadavia, la Feria del Libro local convocaba a participar de charlas, presentación de nuevas obras, intercambios con autores y talleres. En ese marco de actividades, llegaron invitados por La Capital los ex jugadores de fútbol de Rosario Central, Aldo Pedro Poy y de Newell's Old Boys, Alfredo Obberti. Un buen número de chicos y chicas de distintas escuelas los esperaban en una de las salas principales. La propuesta era poder conversar, a preguntar, y como era de esperar a llevarse el recuerdo del autógrafo del jugador por cada uno preferido.

Esa tarde del viernes 14 de octubre de 2005 hacía mucho calor. Tanto que algunos de los pibes no dudaron en quitarse por un rato la remera (también para que se la autografíen). La mayoría había asistido con la del club de sus amores. "¿Cuál fue tu mejor gol?", "¿Qué opinan de las rivalidades de las hinchadas?" "¿Qué diferencias hay entre el fútbol de antes y el de ahora?" Una a otra se sucedieron las preguntas, una a otra llegaron como un intercambio. Los chicos también quisieron saber —y así se lo pidieron especialmente— más sobre la famosa historia de "la palomita de Poy" y de "los monitos" que con infinito cariño le colgaban los hinchas a Alfredo Obberti. Y una de las nenas presentes, encantada con el espacio en el que participaba, le preguntó a los dos ídolos de fútbol: "¿Creen que los jugadores de ahora pueden transmitir los mismos valores que ustedes?"

No faltó la inquietud por conocer los secretos que hacen a un buen jugador en la cancha. Y aquí hubo plena coincidencia en la respuesta entre ambos referentes del deporte local: "Si quieren ser buenos jugadores, sean los mejores en la escuela, en el estudio. Sean campeones en el estudio. Eso es lo que vale".

Al final llegó otro de los momentos más esperados, parecido a la emoción que se vivió cuando ingresaron a la sala, cada uno de los chicos y cada una de las nenas sacaron sus cuadernos, camisetas y biromes para llevarse el autógrafo de recuerdo, como la testimonia la imagen tomada por el reportero gráfico de La Capital, Alfredo Celoria. Y si bien no eran tiempos de redes sociales, se multiplicaron las fotos y los abrazos en aquella tarde, cuando la sala del Fontanarrosa se convirtió por más de una hora en un encuentro, en una clase de convivencia. Obberti y Poy, dos maestros al frente.


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