niñas

Por una inclusión respetuosa de las voces de las infancias

¿Serán tenidas en cuenta las inquietudes de niñas, niños y jóvenes en la escuela de la pospandemia?.

Sábado 12 de Septiembre de 2020

Este colapso mundial provocado por el virus Covid-19 y su acción transformadora de la “normalidad” en que transcurríamos hasta hace pocos meses la vida cotidiana interpela a preguntarnos: ¿Por qué esta crisis? ¿Cómo salimos? ¿Qué efectos produce la pandemia sobre la educación en nuestra región? La escuela, ilusoriamente, trata de seguir con la continuidad en la discontinuidad, a partir del uso masivo de la virtualidad, desconociendo las diferencias abismales existentes entre las escuelas en cuanto a equipamiento y a la preparación de los docentes. Esta diferencia básica produce un desbalance notorio en los procesos de enseñanza-aprendizaje que será difícil ignorar cuando se reinicien las actividades. Se requerirá mucha creatividad para pensar esa nueva escuela pospandemia, no solo en cuanto a organización espacio-temporal sino también en relación con los agrupamientos humanos y sus desplazamientos dentro de la institución, además de revisar la gradualidad de los conocimientos y de las actividades a desarrollar. En este punto nos preguntamos ¿Serán tenidas en cuenta las inquietudes y propuestas de las niñas, los niños y los jóvenes? ¿Sus diferencias atendidas? ¿O serán nuevamente invisibilizados y silenciados como desde el principio de la pandemia?

Hemos recorrido largos caminos, en las escuelas y en las aulas de los distintos niveles educativos tratando de darles voz y escuchas valederas a los alumnos, desde aquellos años lejanos al final de los 80 cuando insistíamos en dar lugar a las propuestas de los niños en cuanto a los contenidos curriculares y a las metodologías. Defendiendo la concepción de un sujeto contextuado, rechazamos con fuertes convicciones a aquellos que seguían afirmando que los niños eran una “tabla rasa” o un “pizarrón en blanco”. Nuestras experiencias áulicas nos mostraban niños que tenían explicaciones acerca de cómo funciona el mundo, que sabían, quizás con conocimientos erróneos o incompletos, y que estos debían ser los puntos de partida necesarios para seguir avanzando, con propuestas que abrieran a más preguntas y no al logro de respuestas cerradas que obstaculizan el diálogo enriquecedor. Este interés por los “decires y sentires” de niños y jóvenes, nos encuentra hoy nuevamente transitando este inédito tiempo de aislamiento, clamando casi por lo mismo de hace casi cuatro décadas: escuchemos a los niños y jóvenes: tienen mucho por decir y hacer.

Alicia Stolkiner se refiere a la necesidad de escuchar a las infancias en este tiempo singular que vivimos. Cada generación es un colectivo que ha llegado a la vida, a la historia y al lenguaje de la humanidad, que va tomando e inscribiendo huellas determinadas. La pandemia será una huella de esta generación a nivel mundial. Afirma que sería un error mirar a los niños sólo como objetos de cuidados, y no verlos como potencias. Y advierte que la pandemia también produjo cambios en nuestras prácticas de escucha, porque se ha desnivelado ese lugar de superioridad de los adultos y quedó expuesto el mutuo desamparo. La escucha no es posible si quien escucha no se siente a la vez interpelado por las propias preguntas. Será en ese punto donde se encuentren las subjetividades, porque escuchar a los niños no sólo es un derecho sino porque, probablemente, ellos tengan algunas de las respuestas que nosotros todavía no encontramos.

Durante todo el siglo XX la preocupación por las condiciones de vida de la niñez quedó plasmada en la promulgación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño por parte de la ONU en 1989. Si bien es evidente la creciente protección que la sociedad despliega sobre los niños y las niñas, en las prácticas sociales concretas se observan contradicciones en el trato que estos reciben puesto que no se permite su plena participación en la sociedad en que viven ni se consideran sus opiniones en los asuntos que los afectan.

¿Se dispondrá de espacios y tiempos escolares para dar cabida a proyectos infantiles para construir la escuela de la pospandemia?"

Estas consideraciones provienen de investigaciones recientes de las sociólogas Pavez Soto y Sepúlveda Katan, quienes se preguntan de qué manera conceptualizar las formas de acción que llevan a cabo las niñas y los niños. ¿Es posible verlos como sujetos activos y participantes que pueden modificar el entorno social que habitan, y no solamente como seres pasivos y excluidos de los procesos sociales tal como los muestran los enfoques tradicionales? Las autoras desarrollan una revisión teórica del concepto de agencia dentro del campo de las ciencias sociales y, especialmente, los estudios de infancia, y concluyen que resulta útil y pertinente para definir y comprender la acción social que desarrollan las niñas y los niños en el mundo actual. Pueden conocer, comprender y explicar el mundo en que habitan y las relaciones sociales en las que están inmersos, y además tienen un punto de vista sobre todo eso.

Los estudios de infancia consideran a la niñez y la adolescencia no sólo como un colectivo con derechos específicos sino como actores sociales, como un conjunto de subjetividades con incidencia real en los procesos generales de carácter político y de transformación social. Y desde allí surge también una pregunta necesaria ¿Cuál es el espacio social para el ejercicio de la agencia infantil? Niñas, niños y jóvenes ejercen su poder de agentes al actuar e interactuar, en cada segundo de sus existencias, al igual que los adultos, pero resulta invisibilizado en la participación social concreta.

En esta misma línea, Gabriela Magistris y Santiago Morales hacen referencia a una sociedad adultocéntrica y patriarcal que obstaculiza el ejercicio pleno de los derechos de participación. Indagan los vínculos de niñas, niños, adolescentes y adultos desde una perspectiva de género y también intra e inter generacional, en relación con los adultos que gozan de la posición de poder y autoridad. Consideran que el paradigma del coprotagonismo de la niñez que propone Alejandro Cussiánovich representa un posicionamiento superador que cuestiona el adultocentrismo y avanza hacia la construcción de un nuevo modo de establecer las relaciones intergeneracionales.

¿Es posible encontrar experiencias cercanas en las cuales se visibilicen situaciones de participación real de niñas, niños y adolescentes y nuevas formas de vínculos inter e intra generacionales? ¿Tienen la oportunidad de manifestar sus opiniones en todos los temas que los afectan? ¿Se toman en cuenta sus opiniones? ¿Estamos preparados los adultos para acompañarlos en la prosecución de sus objetivos? ¿Aprenderemos juntos adultos, niños y jóvenes las habilidades necesarias para “negociar” encuentros y desencuentros y salir airosos de este desafío? ¿Existen en las instituciones escolares equipos de directivos y docentes dispuestos a trabajar en esta dirección? ¿Se dispondrá de espacios y tiempos escolares para dar cabida a las voces, ideas y proyectos infantiles para pensar y construir juntos la escuela de la pospandemia?

Nos dicen “aprendí que hay que valorar lo vivido en el tiempo en que se vive porque de un día para otro puede desaparecer” (Ema, 12 años). Otros sostienen que “el tiempo puede ser infinito” (Constanza, 12 años), “aprendí a organizar la huerta familiar en cajones” (Tomás, 16 años). ¿Estos aprendizajes podrán ser puntos de inicio para que puedan transformarse en coprotagonistas en el cuidado del planeta? ¿En este tiempo que resta del 2020 podremos conjugar juntos los verbos amar, cuidar, disfrutar, preservar, más allá de recitar la conjugación completa?

Difícil propuesta la nuestra pero no imposible de poner en práctica, paso a paso como se hacen y se hicieron todos los cambios importantes, nunca en soledad sino siempre con otros. Hay señales alentadoras, encontramos esta apertura para la escucha en algunas iniciativas cercanas, como las que desarrollan los Consejos de Niños en numerosas ciudades del país. La Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes de Santa Fe en conjunto con el programa “Este es el plan” de Radio Universidad (UNR) y con apoyo de Unicef Argentina diseñaron una serie de propuestas para que adolescentes y jóvenes pongan palabras y expresen cómo sienten y viven la cuarentena y la pandemia. Pero aún más importante será atender y dar lugar a las transformaciones que se produjeron en cada rincón en que docentes y niños tuvieron que hallar juntos un nuevo modo de construir vínculos y saberes, despojados de urgencias y rutinas, explorando e inventando, transformando desde abajo hacia arriba. Es de esperar que el Estado y las políticas públicas reconozcan y respeten el lugar coprotagónico de niños, niñas, adolescentes y jóvenes en el diseño de la escuela pospandemia junto a los docentes, que sin duda tienen mucho para aportar.

(*) Dalmar Fay es psicóloga y docente. Marta Vennera es licenciada en filosofía y profesora.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario