Por qué enseñamos
Las y los docentes queremos que los estudiantes perciban, sientan y se apropien de un campo grande de saberes, pero envueltos en un halo de afecto.

Viernes 07 de Julio de 2023

Enseñamos para darle sentido a la realidad, aunque —a veces— para muchos, la realidad no tenga sentido.

Enseñamos porque, más allá de la complejidad del mundo, hay cuentos, hay poesía, hay juegos, hay memoria y hay ganas de mostrarles el mundo a los niños y niñas en una escuela dónde para algunos es lo único, un espacio público que los abriga y los protege.

Enseñamos porque queremos que los estudiantes perciban, sientan y se apropien de un campo grande de saberes, pero envueltos en un halo de afecto.

Enseñamos porque respetamos nuestras prácticas, a la escuela, pero especialmente a ellos y ellas con quienes compartimos mucho más que horas de clases. Y ahí estamos con una cartulina de colores, con un mapa, un libro de lectura o un microscopio apostando a esas infancias tan ávidas de aprender.

Enseñamos porque cada día emprendemos un viaje que promueve el conocimiento, porque en cada clase les proponemos mirar de otro modo y convertirlos en turistas que se trasladan de su entorno habitual para visitar un lugar desconocido; y en ese recorrido tejemos un vínculo que ata, que da seguridad y ciertas certidumbres, que ayuda a enhebrar saberes, pero, a su vez, que se abre a una plataforma para saltar a un mundo incierto y desconocido, pero con fuertes raíces que se fueron tejiendo en el aula. Y como el flâneur de Baudelaire, ese caballero que pasea por las calles y se mezcla con el gentío de la calle, pero, por otro lado, mantiene su condición de observador atento y cabal, iniciamos el entramado para que los estudiantes se sientan parte de algo, pero, a su vez, afuera de ese algo para mirarlo, analizarlo y apropiarse de él.

"Las y los docentes queremos que los estudiantes perciban, sientan y se apropien de un campo grande de saberes, pero envueltos en un halo de afecto" "Las y los docentes queremos que los estudiantes perciban, sientan y se apropien de un campo grande de saberes, pero envueltos en un halo de afecto"

Enseñamos porque no creemos en la crítica vacía a la escuela, la que la culpabiliza de los problemas actuales y de muchas situaciones cotidianas que le son ajenas, porque más allá del territorio saturado de sentido, opaco y cerrado, la escuela es amparo, es como el bosque de los cuentos donde existen sonidos, aromas, espesuras, irregularidades, colores, matices que el mundo ofrece con generosidad y gratuidad; ese mundo que no está en las pantallas, ese mundo en medio del cuerpo.

En los días que corren, tan desolados, nuestra tarea es fundamental. Quizás, en medio de este desconcierto haya que ir pensando otras formas de vivir, de organizarnos como comunidad para rearmarnos de manera diferente. Necesitamos escuelas como las que hablaba Benjamin, las que nos enseñen a perdernos otra vez como en un bosque en donde es posible sentirse libre, librarse de los planes y los recuerdos de la mente, realizar de nuevo el aprendizaje de la libertad de movimientos.

Quizás se trate de ir cartografiando el camino, escribiendo cada uno su propio mapa y de fomentar la importancia de vivir juntos los unos con los otros, convocando lo colectivo, a pesar de vivir tiempos de vacíos existenciales, de individualismos extremos y de exclusión social.

Quizás se trate de habilitar experiencias que ayuden a emerger, que rompan con viejas estructuras de una escuela anquilosada y sean el clivaje para nuevos modos de estar en el mundo, donde ya no importe el qué sino el cómo; pero, fundamentalmente, podamos construir un nuevo nosotros. Para eso enseñamos.

* Doctora en ciencias de la educación (UNR)