Pocho, la Serrano y una pedagogía de la ternura
Anécdotas, rincones y murales en la Escuela Nº 756 para mantener viva la memoria del militante social.

Sábado 18 de Diciembre de 2021

“En aquella época teníamos televisor y videocasetera en el comedor, allí llevábamos a los chicos a mirar películas porque era la sala más grande de la escuela, y él —que era el asistente escolar del turno vespertino— les preparaba pororó a todos mientras ellos disfrutaban de la función”. El recuerdo que tiene como protagonistas a Pocho Lepratti y a los pibes y pibas de la Escuela Serrano pertenece a Patricia Aguirre, actual directora de la institución y quien trabaja en ella como docente desde el año 2000.

En ese relato de una simple escena escolar se delinea una auténtica pedagogía de la ternura acontecida hace dos décadas en el extremo sur de la ciudad. Mientras ella trabajaba como maestra, se cruzaba con Lepratti todas las tardes en el comedor. “Pude conocerlo durante poco tiempo —cuenta—, siempre saludaba amablemente, tenía un perfil muy bajo, por eso muchos no conocíamos su obra, nos enteramos de muchas cosas después de lo que sucedió”.

La institución educativa creada 1967 a la que asistían los hijos de quinteros, pescadores y obreros del barrio, hoy es una escuela intervenida por la memoria. Así lo demuestra cada muro y cada rincón donde el arte parece haberse puesto al servicio de no olvidar.

Pocho, la Serrano y una pedagogía de la ternura

Desde hace años, el barrio está atravesado por una dura realidad económica y social. Las familias tienen inconvenientes para cubrir sus necesidades básicas y la pandemia empeoró esa situación de carencias y necesidades. “Hay mucha necesidad de todo y muchas dificultades para conseguir trabajo, el trabajo informal es lo que prima en la mayoría de los casos. Y la escuela siempre es un reflejo de lo que sucede en el barrio”, dice Patricia.

Las Flores es un barrio popular, que como otros de la ciudad padece los vaivenes de las crisis que inexorablemente impactan en la comunidad educativa. El personal de la escuela de Caña de Ámbar al 1600 tiene presente esos vaivenes, porque casi todos ellos cuentan con antigüedad de trabajo en la escuela. Casi todos conocieron y trabajaron con Pocho y compartieron esa ternura cotidiana, que hoy continúan ejerciendo como respuesta a las necesidades comunitarias.

  

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Patricia junto al mural pintado por el docente Manuel Sánchez.

Encuentros y murales

La Serrano está llena de huellas de Pocho Lepratti. Murales, fotos, hormiguitas y láminas colgadas confirman que la escuela no ha dejado de trabajar en estos 20 años en una pedagogía de la memoria. “Nos gusta que los chicos nos pregunten quién es el del muro, para que no se pierda su historia. Todas las promociones que pasaron después del 2001 tuvieron presente lo que sucedió con Pocho”, dice la directora, que aunque reconoce que el paso del tiempo conspira contra la memoria, agradece que “todos los años llegan los chicos del Ludueña, piden permiso y hacen algún mural y homenaje que recuerda a Claudio”.

La primera manifestación artística en favor de la memoria la realizó el docente Manuel Sánchez, que por esa época era el profesor de plástica de la escuela. Se trata de un mural pintado en uno de los pasillos internos del edificio, que aunque no cuenta con el favor de la luz natural ni artificial, brilla por sí mismo con un Pocho montado en una bicicleta alada en tonos azulados, rodeado de chicos y chicas. Pero el recuerdo del militante social asesinado genera mucho más que manifestaciones artísticas. El encuentro de barrios populares, con las visitas periódicas de los chicos y chicas del Ludueña a Las Flores es otro de los fenómenos que la memoria de Lepratti logró concretar.

Se trata de dos comunidades rosarinas que entran en comunión para conmemorar la obra de uno de sus militantes sociales más queridos que tuvieron la dicha de compartir. Cada año los militantes sociales de barrio Ludueña se acercan a la escuela para rendirle homenaje a Pocho y contar quién era. Y en general vienen con bicicletas. El símbolo del pibe que se pedaleaba toda la ciudad para trabajar al servicio de los chicos y las chicas de un barrio pobre.

“Claudio llegaba a la escuela todo transpirado —recuerda la directora con una sonrisa—, llamaba la atención cómo llegaba, después nos enteramos que venía desde Ludueña por Circunvalación hasta el sur, y que además donaba su sueldo, la bici era su medio de transporte”. Nunca en la Escuela Serrano dejó de hablarse de Pocho Lepratti. La pandemia solo marcó un impasse, pero el compromiso de la institución escolar con la memoria sigue intacto. “Hemos trabajado en jornadas ampliadas con una bibliografía especial para abordar la historia de Pocho con los chicos. Cuando la escuela cumplió 50 años su historia de vida también estuvo presente. Ni hablar cuando hablamos sobre derechos o cuando recordamos acontecimientos del país como los del 2001, donde es ineludible recordarlo a él como también a las otras víctimas de aquella crisis, como Rubén Pereyra, el papá de una exalumna que también fue asesinado en esos días”, destaca Patricia.

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Memoria y convivencia

Uno de los frutos que dejó el encuentro entre Las Flores y Ludueña es el “Rincón de Pocho”. Un pequeño espacio al aire libre donde parece que siempre pega el sol y se llena de chicos y chicas a toda hora. Las mesitas y bancos de colores invitan al encuentro frente a un mural lleno de flores donde Claudio vuela en su bici. Patricia dice que esos pocos metros cuadrados es el espacio que mas les gusta a los estudiantes y a las maestras, porque allí, como un aula a cielo abierto, chicos y grandes pueden leer, dibujar charlar, merendar, compartir con otros y expresar lo que se quiera en libertad. Un rincón que se define como espacio de paz, diálogo, memoria y convivencia, todo un símbolo que se planta como contracara de aquellas jornadas de violencia acontecidas hace dos décadas atrás.

“En estos 20 años ingresaron muchos chicos a la escuela y cuando van a pasar un rato al Rincón de Pocho suele pasar que los más chiquitos les preguntan a sus seños quién es el que está en el mural, otros ya saben porque tenemos alumnos que son hijos de los chicos que venían a la escuela en aquella época”, señala Patricia y afirma que no hay alumno que pase por la Serrano que no conozca y valore la historia del militante.

La directora sostiene que la figura de Lepratti simboliza para la escuela y el barrio la importancia del trabajo social y el compromiso con el otro, que es lo que él hacía, y hace referencia a una de las tantas pintadas en las paredes de la escuela que dice “un mundo donde quepan varios mundos”, y afirma: “Pocho trabajaba para eso”. Para ella, ese trabajo social amorosamente sembrado por el militante dejó huellas y enseñanzas: “El saber que uno no es solo un ser individual, sino que se es mejor cuando se está con otros”.