Educación

Pedagogía de la solidaridad

"Estuvimos aquí los siete días de la semana, las 24 horas, sin feriados ni descansos, haciéndonos cargo de todo", escribían en una carta pública hacia fines de mayo de 2003, un grupo de directivas y docentes de la Escuela Normal Superior General San Martín de Santa Fe.

Sábado 04 de Marzo de 2017

"Estuvimos aquí los siete días de la semana, las 24 horas, sin feriados ni descansos, haciéndonos cargo de todo", escribían en una carta pública hacia fines de mayo de 2003, un grupo de directivas y docentes de la Escuela Normal Superior General San Martín de Santa Fe. La escuela funcionaba entonces como centro de evacuados y, a un mes de la trágica inundación de la capital provincial, 200 personas vivían todavía en lo que hasta entonces habían sido las aulas. La escena de la ropa colgada en el medio de un patio destinado a los recreos era toda una postal del dolor y la incertidumbre que se vivía. Y no solo en esta escuela Normal.

En el mismo mensaje, las educadoras describían que el 50 por ciento de sus alumnos (la escuela tenía en ese momento una matrícula de tres mil estudiantes) había sido afectado por la inundación. Además pedían acompañamiento para poder transitar el necesario camino de retorno a las clases. Luego de la catástrofe ocurrida el 29 de abril de ese año, la vuelta a las aulas se dio el 2 de junio siguiente, con mucho por hacer y reconstruir. El gobernador de la provincia en ese momento era el ahora senador de la Nación, Carlos Reutemann.

La imagen del patio de la Escuela Normal de Santa Fe fue tomada el 29 de mayo de ese año, a un mes de la tragedia que pudo evitarse. En ese momento La Capital hizo un recorrido por varios establecimientos educativos, donde el panorama de desolación se repetía. También la fortaleza que trasnmitían las docentes y profesores que pedían recuperar la vida de todos los días junto a sus alumnos.

"Nadie previno, nadie alertó, nadie avisó". Se escucha todavía este reclamo cada vez que se recuerda cómo el desborde del río Salado y la falta de infraestructura necesaria dejaron bajo agua a la ciudad de Santa Fe, causando muertes y el desamparo de miles de personas. La tragedia desnudó un Estado ausente. Pero también puso en primer plano, cómo en medio de tanto dolor y desesperación, las maestras y maestros se pusieron al hombro la tarea de socorrer a los evacuados, a los cientos de familias que habían perdido sus hogares, sin esperar que nadie los convocara, mostrando la presencia permanente de la escuela y de su oficio, allí donde los gobiernos se esfuman y otros ni siquiera se animan. Ejerciendo una y otra vez la pedagogía de la solidaridad.

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