Sábado 16 de Julio de 2022
“Los derechos no se mendigan, se conquistan”, decía a principios del siglo XX la médica y militante feminista Julieta Lanteri. Y los chicos y chicas del centro de estudiantes de la escuela que lleva su nombre lo inmortalizaron en el mural del patio.
La institución educativa de Mendoza y Nicaragua recibe en sus aulas mayoritariamente a adolescentes de barrio Belgrano. Entre ellos se encuentra Julieta Espíndola, la actual presidenta de la organización estudiantil que recibe a La Capital para sumarse al espacio “Pido la palabra”.
Julieta tiene 16 años, es hija de docentes y la del medio de tres hermanas. Cuando finalice la secundaria seguro va a estudiar alguna carrera humanística, aunque aún no se decidió por cuál. Lo que sí tiene claro es por qué participa en el centro de estudiantes que hoy preside. “Creo que la mayoría de los chicos que militamos tenemos convicciones, ganas de participar y ayudar. Cuando entrás a un centro de estudiantes y tus compañeros comparten formas de pensar y tienen las mismas ganas, entonces esa lucha ya comienza a ser colectiva. El centro también te abre a conocer personas que tal vez no piensen como vos, o situaciones distintas a la tuya”, dice Julieta, quien remarca la importancia de luchar en compañía, y agrega: “Participar en el centro te saca de tu burbuja de privilegio, podés conocer las situaciones que atraviesan otros compañeros. La organización sirve para alzar la voz y luchar por los compañeros que por distintos motivos no pueden, y eso está bueno”.
Espacio de expresión
La Escuela Nº 570 Julieta Lanteri tiene una organización estudiantil que fue creada hace apenas seis años. La presidenta del centro cuenta que en ese momento la escuela era anexo de otra secundaria, pero fue aumentando su matrícula hasta que logró el reconocimiento del Ministerio de Educación provincial. Recuerda que ante el crecimiento en el número de alumnos y los problemas edilicios, en 2016 los estudiantes decidieron organizarse para reclamar por la construcción de nuevos salones. Una movida que significó el origen del centro de estudiantes.
Desde entonces la organización estudiantil comenzó a crecer en sintonía con la escuela. Les llevó un tiempo organizarse formalmente y en el año 2019 se celebraron las primeras elecciones en las que se postuló una lista única de alumnos, se eligió el cargo de presidente y representantes en las secretarías de cultura, general, género, finanzas y problemas estudiantiles. Como a muchos espacios de este tipo, también les afectó la pandemia y tuvieron que suspender las elecciones, que pudieron volver a celebrarse recién en 2021. Hoy cuentan con la participación activa de unos 20 estudiantes que trabajan en las distintas áreas y secretarías.
En la charla, Julieta cuenta sobre las particularidades de la organización que conduce: “A comparación de otras escuelas, como las del centro o las más antiguas, nosotros conformamos un centro de estudiantes que no es tan grande. La mayoría de los chicos que vienen a esta escuela son del barrio, y acá no hay mucha historia de militancia, no hay tradición, pero sin embargo son cada vez más los que se suman”.
Para Julieta, lanzarse a la participación implicó una suerte de descubrimiento. Lo hizo de la mano de su hermana mayor, que ya formaba parte del centro de la escuela. “Recuerdo que una semana antes de que empezara a cursar 1º año de la secundaria, ella me había invitado a participar de una actividad en donde los chicos estaban pintando los canteros de los árboles del patio. De chiquita me gustó participar, ayudar, informarme”, dice. Corría 2018 y Julieta se sentía interpelada por la movida feminista. Sabía que en las reuniones del centro de la secundaria se hablaba sobre el tema y se hacían talleres para implementar la educación sexual integral (ESI). “Descubrí que en ese espacio se charlaba de las cosas que a mi me interesaban, se hacían actividades, como talleres o pintar un mural, y eso me llamaba mucho la atención. Ahí fue que empecé a ir a las reuniones, me hice de muchos amigos y me informé un montón”, recuerda.
Independencia y libertad
Julieta entiende la organización como un espacio de independencia y libertad donde las adolescencias pueden expresarse. Para ella se trató del descubrimiento de un fenómeno nuevo, diferente de todo aquello que había vivenciado en su paso por la primaria. Por eso no dudó en sumarse. “Aunque a veces el docente acompaña, el hecho de que sea una organización de estudiantes te da cierta confianza. Vi que tenía la libertad de opinar lo que yo creía y pensaba, y también escuchar las opiniones de los demás”, afirma.
¿Qué hace el centro de estudiantes? “Trabaja en las cuestiones que afectan a los estudiantes en el cotidiano”, dice Julieta, y agrega: “Hace poco sufrimos situaciones de violencia en donde las familias de dos alumnas comenzaron a golpearse a la salida de la escuela, hubo piedrazos y tuvo que intervenir la policía, fue algo bastante grave. Ante estas situaciones el centro hace talleres, habla con los chicos e incentiva el respeto”. Otro de los temas que los convoca es la implementación efectiva de la ESI y el respeto por la diversidad. “En las escuela asisten estudiantes trans o no binarios, pero muchos profesores o compañeros no respetan sus nombre o identidad”, cuenta la presidenta, y explica que ante esta situación el centro abrió el diálogo con directivos y docentes.
El vandalismo que sufre la escuela es otra de las problemáticas a tratar. Entre 2020 y 2021 la escuela fue blanco de seis robos, y en el último episodio se perdió la bomba de agua, lo que obligó a la suspensión de las clases. Pero mas allá de los muros del edificio de Mendoza y Nicaragua, los chicos y chicas de la Lanteri también abrazan otras causas. “Participamos en todas aquellas cuestiones que nos interesan y nos interpelan como estudiantes”, dice.
A la pregunta de qué le preocupa a los jóvenes, Julieta responde con los temas de agenda que comparte la mayoría de los centros de estudiantes: ambientalismo, violencia de género, la ESI, derechos humanos y posibilidades de futuro para chicos y chicas. “Con los compañeros trans y no binarios que asisten a la escuela solemos charlar sobre las pocas probabilidades que tienen de conseguir un laburo, porque son discriminados mas allá de la escuela. Los femicidios también nos interpelan y la inseguridad que vivimos en el día a día. Hablamos de cómo vamos a independizarnos, cómo vamos a vivir el día de mañana, sobre el temor a si vamos o no a conseguir un trabajo y si algún día vamos a poder tener una casa propia” dice Julieta, y reflexiona: “Estamos en contacto con la violencia continuamente, estos son los temas que nos preocupan, el salir a la calle y que te roben o te maten, por tu identidad, por tu género o tu orientación sexual, o a veces por nada”.