Mi anécdota

Miedos, universidad y "hippies roñosos"

Yo tenía 18 años, recién egresada de un colegio privado, esos de "gente bien".

Sábado 02 de Diciembre de 2017

Yo tenía 18 años, recién egresada de un colegio privado, esos de “gente bien”; era la primera vez que me iba a tomar un colectivo sola en Rosario para ir a unas charlas informativas en la Siberia sobre la hermosa carrera que estaba a punto de emprender (lo de hermosa lo aprendí más adelante). Tenía miedo.

   Bajé de mi casa toda empilchada, de botas y cartera (quién lo diría) porque mamá me había dicho que una tiene que cuidar la imagen, que a la universidad se va “bien vestida”. Nervios.

   Era sábado y me tenía que tomar el 144 Rojo, Salta y Balcarce. Me paré a esperar y de los nervios me prendí un pucho. No podía dejar de mirar a la chica colorada que estaba parada al lado mío, le colgaba una rasta enorme, tenía un par de tatuajes y un pañuelo en la cabeza.

   Esperamos un rato largo. Me prendí otro pucho. Me preguntó qué cole estaba esperando y nos pusimos a charlar. Resultó ser que ella esperaba el mismo cole, para ir al mismo lugar, a la misma charla y que iba a estudiar la misma carrera. La pequeña gran ciudad de Rosario te regala esas lindísimas casualidades. El 144 rojo, por suerte, no pasaba los sábados, así que esperamos un largo rato hasta que nos dimos cuenta. Ella se llamaba María de la Paz, pero prefería que le digan Paci. Preguntamos y nos subimos al 144 negro que nos dejaba a un par de cuadras, que caminamos juntas, bastante temerosas de no llegar a destino porque no sabíamos si estábamos caminando en la dirección correcta.

   Ese fue mi primer encuentro con Rosario, con la universidad pública y con los “hippies roñosos” que la habitan. Descubrí que todos mis miedos se podían desvanecer muy fácilmente, que no era tan terrible el cambio de ciudad y de nivel educativo, que gente hermosa me esperaba para recorrer ese camino conmigo, y así fue.

   Poco me llevé de ese colegio privado y frío al que, con mucho esfuerzo, me mandaron mis papás. Amistades y enseñanzas hermosas, como la de Paci (que desde ese momento hasta hoy, nos volvimos casi hermanas) me llevo de la Universidad Pública. Mi universidad. Por suerte, caí en la pública.


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