Educación

Mi anécdota: El verdadero cambio de escuela

Nunca fui amigo de los números, así que la idea de rendir para ingresar al Politécnico quedó descartada

Sábado 11 de Noviembre de 2017

Mi paso por la escuela primaria no fue ni tan tan ni muy muy. Algunos años en una privada, otros en una pública, nunca bien establecido en ninguna. Allá, por el año 2005, cuando yo ya llevaba medio año de cursar el quinto grado, mi mamá me sentó y me dijo: "Quiero que vayas al Supe o al Poli".

   Nunca fui amigo de los números, así que la idea de rendir para ingresar al Politécnico quedó descartada en el mismo instante en que me lo proponían. El Superior de Comercio era la escuela escogida.

   Así fue mi 2006. Por las mañanas iba a la escuela primaria de mi barrio, cursaba el sexto grado. Por las tardes, maestros particulares. Lunes, miércoles y viernes estudiaba matemática, mientras que martes, jueves y algunos sábados, una tía me explicaba y me preparaba para rendir lengua.

   De esta manera llegó noviembre. Miles de chicos se apostaban en la escuela a la espera de conseguir un lugar en la institución. Cerca de cinco horas después de entrar, había terminado de rendir las dos materias que definirían qué iba a ser de mi vida. Unos días después, mis papás, emocionados, me contaron que había quedado en la posición 73, entre 250 alumnos que también tendrían su lugar en el Superior.

   Este fue el cambio más significativo que me tocó vivir hasta ahora en mi corta vida. Pasar de una escuela, que quedaba al lado de mi casa, en donde todos mis compañeros además eran vecinos, a una donde no conocía a nadie, donde empecé a manejarme sólo en colectivo, y sobre todo, a una institución en que las formas son muy similares a las de una universidad.

   Salir del barrio y tener la posibilidad de conocer gente nueva, con ideas diferentes, es algo que te ayuda para abrir la cabeza y comenzar a pensar por uno mismo y cosas totalmente diferentes. Los rendimientos académicos son algo anecdótico. Para la vida cotidiana, son más importantes los valores que incorporás en una escuela, que los asientos contables que tenés que hacer hasta el hartazgo.

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