Educación

Medios de comunicación y la niñez que sigue postergada

El impacto de la política comunicacional del gobierno de Cambiemos en los niños, niñas y adolescentes.

Sábado 12 de Octubre de 2019

El gran retroceso que el proyecto y el sueño de un sistema de medios de comunicación acorde con la democracia sufrió en la Argentina desde diciembre de 2015 tiene como uno de sus víctimas principales a un tercio de la población del país, un conjunto que es además uno de los menos mencionados cuando este tema es discutido: las niñas, niños y adolescentes.

La concentración acentuada de medios en unas pocas empresas, que es contraria a los estándares internacionales, y el condicionamiento peligroso que esto representa para la libre circulación de informaciones y opiniones, ocupan gran parte del debate sobre este tema, mayormente en ámbitos académicos.

También se suele poner en juego con insistencia el debate sobre la libertad de expresión, un valor definido como supremo pero en cuyo nombre se deslizan manipulaciones, tergiversaciones y hasta el encubrimiento a medios y autodenominados “periodistas” en operaciones y maniobras que están denunciadas en sede judicial como prácticas delictivas.

Estos son los temas que ocupan la mayor parte de este debate, enfocado exclusivamente en los adultos. Y las perspectivas son inciertas, porque la fuerza política que según los indicios disponibles ganará las elecciones nacionales del 27 de octubre no expresó todavía cómo tratará este tema crucial.

Hasta el cambio de gobierno de 2015 estuvo en marcha un avance consistente para alcanzar el objetivo, de cumplimiento obligatorio para el país, de una participación a pleno derecho de nuestros niños y niñas en el universo de la comunicación mediática. Y es un tema crucial porque, así como vienen los fenómenos culturales y las prácticas de acción e interacción de la época, participar del universo de la comunicación casi es equivalente a participar de la sociedad misma, a tener en ella presencia, un espacio, voz y voto. Por cierto, esta afirmación puede ser formulada sin que ello represente olvidar o quitarle valía a otras actividades y espacios de participación, que son y seguirán siendo indispensables.

Ese avance hacia la democratización se expresó en especial con la apertura de los canales Pakapaka y Encuentro, el primero dirigido directamente a que chicos y chicas pudieran acceder a contenidos realizados en el país, pensando en sus lenguajes, sus referencias culturales, su identidad, sus paisajes. Y tomando en cuenta sus necesidades de entretenimiento y formación, que como se sabe son derechos instituidos. Por su parte, muchas de las piezas de Encuentro fueron —y aún son— un recurso de calidad para la educación, apreciado por docentes en todo el territorio nacional.
"La señalización acusatoria recae en su mayor parte en la niñez y adolescencia que padece pobreza"

Las medidas

Pero el gobierno que asumió en diciembre de 2015 los retiró del ámbito del Ministerio de Educación para dejarlos en manos de la gestión del área gubernamental de medios públicos, que realizó una implacable estrategia de destrucción del sistema. En ese contexto, Pakapaka y Encuentro perdieron peso e influencia, con una programación completamente desdibujada y con decisiones que en muchos casos solo estuvieron dirigidas a satisfacer los odios políticos y la intolerancia del funcionario de turno, en lo que fue víctima principal el personaje infantil Zamba.

El gobierno nacional impuso otras decisiones que discriminan a niñas y niños en el plano de la comunicación. Los servicios audiovisuales, la radio y la televisión, están comprometidos a tener una parte de su programación dedicada a chicas y chicos, particularmente en la TV. La autoridad prevista por la Ley 26.522 había resuelto que los canales de señal abierta, los de acceso gratuito, tuvieran tres horas diarias de programas específicos, y en resolución posterior estableció que se dividiera en dos tramos, por la mañana y la tarde, atendiendo a los horarios escolares, que son la orientación principal en la organización de las rutinas cotidianas de la niñez.

La nueva autoridad de aplicación, el Enacom, en la que violando el espíritu de la ley y las disposiciones internacionales el Poder Ejecutivo se aseguró por decreto la mayoría absoluta, para así imponer discrecionalidad y privilegiar los intereses empresariales de sus aliados, eximió a los canales de televisión de la obligación —y la conveniencia— de las franjas horarias apropiadas para las niñas y los niños. El resultado es que no pocas emisoras, para cumplir la cuota de las tres horas diarias, transmiten contenidos como los “dibujos animados” a la madrugada.

Otro componente de la política estatal que buscaba estimular la participación de la niñez y adolescencia en la comunicación fue el aliento y el apoyo a la creación y expansión de las radios escolares, previstas también en la ley. Pero esta estrategia fue asimismo abandonada a partir de diciembre de 2015.

Este retroceso de las políticas estatales convive con las características bien conocidas del sistema mediático argentino, en el que el grueso de los contenidos tiene como destinatario principal a los adultos en edad productiva, por ser quienes adoptan la mayor parte de las decisiones en cuanto al consumo de bienes y servicios.

En suma, y a pesar de algunos esfuerzos fragmentarios o focalizados en pequeños grupos o sectores por promover los derechos comunicacionales, las niñas, niños y adolescentes no son tomados en cuenta en las políticas estructurales referidas a los medios, en todos sus formatos y modalidades.

Este vacío, estas prácticas que desconocen obligaciones que el Estado argentino no debería eludir, ya que están establecidas en la Convención sobre los Derechos del Niño, que es un tratado internacional, convive con prácticas mediáticas que ponen a nuestros pibas y pibes en el peor lugar social posible. En nuestro sistema de medios, en el que los privados con fines de lucro tienen supremacía, aparecen casi exclusivamente como problema, porque las noticias que los involucran los presentan como peligro y causa de conflictos. Casi siempre están haciendo algo que viola una ley o una norma, o una convención social, o están siendo víctimas de prácticas delictivas.

Esta señalación acusatoria, promotora de castigos penales y sociales, recae en su mayor parte en la niñez y adolescencia que padece pobreza, que además es el único segmento marcado como responsable del rompimiento de normas: la práctica periodística que sigue esta toma de posición no se priva de todo tipo de violaciones a las leyes para sostenerla, cuando difunde directa o indirectamente la identidad de una persona menor de edad acusada de un delito o inconducta, cuando se difunden imágenes que permiten individualizarlos, cuando se relatan sus historias personales en perjuicio de su derecho a la intimidad y a la dignidad, establecidos claramente en la Ley de Protección Integral 26.061.

Si en el próximo turno gubernamental argentina comenzara el muy complejo y difícil camino de recuperar estándares democráticos abatidos o condicionados, el respeto y la satisfacción de los derechos que niñas, niños y adolescentes tienen respecto de la comunicación no es un tema secundario ni menor. Por el contrario, concierne a una definición estructural, decisiva, sobre el tipo de país y sociedad que seremos.

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