Educación

"Me gustarí­a tener una cátedra sobre género para sensibilizar a la población"

Gabriela Cáceres es una mujer con trayectoria trans que pese a muchas adversidades logró terminar sus estudios.

Sábado 19 de Mayo de 2018

Gabriela Cáceres es Licenciada en Enfermería y cursa la Maestría en Ciencias de la Educación Médica. Morocha, de labios gruesos y lentes de pasta, es una mujer alegre. Su nombre en realidad es más largo: Gabriela Alejandra Victoria Cáceres, así decidió llamarse en 2012 cuando logró cambiar su DNI de acuerdo con su identidad de género autopercibida. La anécdota es graciosa, cuando el juez le preguntó cómo quería llamarse, ella tomada por la emoción de modificar su nombre de varón por uno de mujer, empezó a recitarle todos los que pudo y le dijo al magistrado: "Vos escribí hasta que yo te diga basta". El humor es su caballito de batalla y es lo que la salvó muchas veces de situaciones adversas: Cuando no había nada para comer en su casa, cuando le hacían bromas pesadas en la escuela, cuando dejaba las corbatas en un árbol porque se resistía a usar el uniforme de nenes. "A los ocho años me acuerdo que ya quería ponerme el vestido blanco para tomar la comunión... pará querida", dice estirando la a y se ríe. Siempre fue la agudeza de su ingenio la que la ayudó a transformar episodios oscuros en dignos guiones de stand up.
   Quizás sea eso y el amor incondicional de su familia lo que le permitió a Gabriela cursar todos sus estudios primarios, secundarios, la carrera de enfermería y seguir formándose ahora en posgrados y maestrías para poder dar clases, perfeccionarse en sus estudios y ser mejor profesional. "La gente se sensibiliza cuando escucha historias. A mí me gustaría ser docente, tener una cátedra y aprovechar ese espacio para hablar de género y diversidad", dice Gabriela y se ilusiona pensando en la meta.

Historia de perseverancia

En la actualidad no todas las personas adultas con trayectoria trans corren la misma suerte que Gabriela ya que existe un alto porcentaje que relata haber abandonado sus estudios a edades tempranas por sentirse discriminada o por haber sufrido malos tratos por parte de compañeros y docentes. Desde la Subsecretaría de Políticas de Diversidad Sexual de Santa Fe estiman que en la provincia al menos 440 mujeres trans interrumpieron sus estudios en algún momento de su vida. El dato surge del trabajo que realiza la repartición con las distintas asociaciones que conforman el colectivo trans santafesino. De acuerdo a la información oficial hay una población trans cercana a las 1.200 personas, de las cuales el 60 % —unas 740— realizó el cambio de DNI en el registro civil hasta diciembre del año pasado. Esa cifra, está compuesta por un 85 % de mujeres trans y el resto de varones. De ese total, que está individualizado, es que se hacen visibles las cifras de deserción escolar.
   "En nuestra sociedad seguimos teniendo una educación que no es inclusiva porque si vos tenés alguna característica distinta ya te apartan. Hay una educación para las personas sordas, para el autista, según el coeficiente intelectual que tenemos. Esto habla de una sociedad que nos está marcando que la educación nos segrega desde que empezamos la escuela. Eso es lo que tiene que cambiar si queremos una educación unificadora. Desde ahí deberíamos empezar a trabajar para formar niños que crezcan en una sociedad que no discrimine", opina Gabriela.
   La enfermera de 43 años, que actualmente cursa la maestría en Ciencias de la Educación Médica del Instituto Universitario Italiano de Rosario (IUNIR), nació y creció en Villa Gobernador Gálvez y desde que tuvo cinco se autopercibió como una niña a pesar de haber nacido con un cuerpo de varón. Su mamá era empleada doméstica y su papá fue empleado municipal hasta que una enfermedad lo obligó a dejar de trabajar. Ahí la vida se puso áspera para ella y sus dos hermanas y la infancia se tornó dura. Gabriela se acuerda que a veces le hacía ruido la panza porque no tenían qué comer y tiene presente cómo le dolían los dedos de los pies cuando el calzado le apretaba y no había ninguno nuevo para estrenar. "Cuando yo sea grande voy a estudiar mucho para poder comprarme todas las zapatillas que quiera", repetía como un mantra durante su niñez.
Hasta sexto grado estudió en un colegio católico pero la dificultad de la familia para seguir pagando la cuota hizo que termine séptimo en una escuela pública. La secundaria la cursó en una técnica del sur rosarino. La adversidad económica y su infancia trans, cuarenta años atrás, podrían haberle jugado una mala pasada y sin embargo Gabriela le hizo una gambeta al destino y construyó otro futuro posible. Con mucho esfuerzo estudió la carrera de enfermería y luego cursó la licenciatura en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario. "Mi paso por la escuela no fue muy linda, hubo momentos en que hubo burlas pero yo siempre me defendí desde el humor. Eso me sirvió para transformar las cosas", dice. Eso y el apoyo incondicional de su familia que siempre estuvo a su lado. "Agradezco siempre a mi mamá que hoy tiene 80 años y a mi papá que tiene 65 porque ellos son los que hasta ahora me siguen apoyando en todas las decisiones de mi vida. Eso es fundamental para el desarrollo de la persona", reflexiona. Para explicarse mejor a Gabriela le sirve trazar una analogía con su experiencia en la maternidad del hospital Roque Saenz Peña donde trabaja como enfermera. Ella cuenta que hace unas semanas una mamá estaba muy angustiada porque su hijo había nacido con síndrome de Down. Al verla tan triste se puso a charlar con la mujer y le contó parte de su vida y su trayectoria trans. "Conversando pudimos entre las dos comprender algo: A un hijo hay que quererlo como es".

Educación y salud

Para Gabriela la ley de identidad de género trajo un cambio de 180 grados "o ponele todos los grados que vos quieras", dice y se ríe. Desde su perspectiva esa ampliación de derechos fue reparadora porque sirvió para cosas tan sencillas y vitales como que te llamen por el nombre que vos querés cuando vas a votar, cuando vas al médico, cuando te presentás a un exámen de estudio, hasta cuando ponés en un cuadrito tu título universitario con el nombre corregido. Desde eso, hasta la posibilidad de acceder a intervenciones quirúrgicas y tratamientos integrales hormonales para adecuar el cuerpo —incluida la genitalidad— a la identidad de género autopercibida.

Consultorio amigable

Como parte de su tarea de enfermera Gabriela trabaja en un centro de salud en Villa Gobernador Gálvez. En ese ámbito la educación y la salud se combinan sobretodo cuando una paciente trans llega a la guardia o al consultorio. "Nosotras tenemos que sensibilizar a los médicos sobretodo para que se las respete por su identidad de género, porque cuando respetás a la persona diciéndole cómo quiere que la llamen, ya ahí estás rompiendo un montón de barreras y estructuras. Eso es muy importante", señala.
   En ese centro de salud está próximo a abrirse un consultorio amigable para que las personas trans puedan tener un lugar de referencia donde exponer sus problemáticas y encontrar contención en materia de salud.
   Ella sabe que parte de su tarea ahí será capacitar, generar empatía entre el personal y el colectivo trans. "Yo estoy haciendo la maestría en Educación porque quiero tener más herramientas para saber cómo transmitir esa información o llevarla a mi comunidad". Gabriela sueña con ser docente para seguir trabajando desde las instituciones el respeto a la diversidad y construir así un futuro más libre. "Una gran satisfacción para mí sería tener una cátedra sobre género para poder contar historias de vida y sensibilizar a la población", dice y se le iluminan los ojos porque intuye que en algún momento su meta puede cumplirse.


Becas para completar los estudios

En la actualidad hay muchas mujeres y hombres trans que lograron retomar sus estudios, si bien es cierto que todavía quedan muchos datos por construir para ser rigurosos con las cifras. La UNR, por ejemplo, no tiene datos específicos sobre población trans en las distintas carreras ya que el Boletín Estadístico sobre el alumnado no se ocupó de hacer un relevamiento sobre el tema.
   Desde el Ministerio de Educación de Santa Fe aportan el dato sobre solicitudes de rectificación de los títulos y señalan que desde 2013 a la fecha, al menos 36 docentes trans recibidos solicitaron el cambio de nombre en esos documentos en función de su identidad autopercibida. La repartición que más se ocupó del tema es la Subsecretaría de Diversidad Sexual de Santa Fe. Desde el área, que coordina Esteban Paulón, impulsan las becas "En la escuela podés ser", que promueven la escolarización de la población trans. Hoy son 130 beneficiarios de este programa, desde Rosario, Casilda, Gálvez, Maggiolo hasta Ceres y Reconquista. De ese total, un 86 % está en la secundaria y un 14 % cursa la primaria. La primera egresada de este plan es de Ceres y ahora sigue estudiando. "Para nosotros es muy importante el programa porque creemos que después de una historia en la cual el colectivo trans ha estado excluido de todas las oportunidades laborales, de estudios, de permanecer en sus hogares, estas becas reparan el daño que el Estado ha hecho durante tantos años a este colectivo al negarles el derecho a la identidad y al expulsarlos de todos los ámbitos sociales. Es nuestra obligación abrir y facilitar todas las herramientas necesarias para que ese colectivo pueda encauzar un proyecto autónomo y propio de vida que les permita recuperar parte del tiempo perdido", señala Paulón.

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