Reforma universitaria

Más jardines, más universidades

La inversión debe sostenerse para que haya cada vez más estudiantes de todos los sectores.

Sábado 16 de Junio de 2018

A pocos días del centenario de la Reforma Universitaria que inició un largo camino de importantes cambios en la educación superior de nuestro país y la región, las universidades argentinas entraron de lleno en el debate público. No lo hicieron a raíz de la conmemoración de esta fecha, sino como consecuencia de un clima de fuertes cuestionamientos que le propinaron distintos sectores del oficialismo.

Sin embargo, estas críticas continúan generando —hasta el día de hoy— un sinfín de respuestas estadísticas y de carácter personal que las contradicen. En otro momento —quizás— uno podría pensar que estas opiniones respondían a un prejuicio, pero cada vez somos más los que entendemos que en realidad representan un juicio de valoración. La concepción meritocrática de la sociedad y la escuela en que se sustentan entiende que algunos sectores de nuestra sociedad no tienen derecho a la universidad. Sus críticas apuntan a las instituciones más jóvenes, en las que justamente se da lugar a que se cumpla ese derecho. Entonces, ¿qué es lo que se discute? Que esos miles que ingresan no tengan ese lugar, que la universidad pública argentina, una poderosísima herramienta de movilidad social ascendente, no sea para todos.

Contrariamente a lo que se expresó en estas semanas, no existe una solución mágica corriendo el eje hacia atrás. Es absolutamente falso el planteo de contraponer la universidad a la educación inicial. En un país como el nuestro, un Estado tiene que poder hacer jardines de infantes y universidades. Hacerlos a la vez. No hay contraposición entre ellos sino que son cuestiones complementarias.

Los pobres y las nuevas universidades

Si uno analiza los números, aquí en Hurlingham, podemos decir que más del 75 por ciento de nuestros estudiantes son los primeros en sus familias en acceder a la universidad y que, incluso, muchos son los/as primeros/as en haber cursado y finalizado la escuela secundaria.

Vale mencionar algunos datos que el sociólogo Daniel Schteingart difundió días atrás: "El 26 por ciento de las personas que viven en conurbano y van a universidad pública son pobres". Además, "entre 2008-2015, la cantidad de personas que viven en conurbano y asisten a universidades públicas subió en todos los estratos de ingresos, pero particularmente en el 40 por ciento más pobre (quintiles 1 y 2)". Estos datos, basados en información de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) 2016-2017 echan por tierra la hipótesis de que la inversión del Estado en universidades públicas es un subsidio a los sectores más pudientes. Muy por el contrario, es una inversión progresiva.

Más allá de estos números, la difusión de cuestionamientos a la creación de nuevas universidades y la gratuidad del sistema, motorizaron también miles de respuestas particulares en las que estudiantes, graduados y sus familiares rechazaron estas expresiones y manifestaron su apoyo a las universidades públicas (todas) que, mediante cercanía geográfica y gratuidad, les permitieron convertirse en la primera generación de estudiantes universitarios.

Poseedora de un vastísimo consenso construido a lo largo de décadas en las que distintos signos políticos gobernaron el país, la universidad pública argentina es una institución prestigiosa y muy reconocida por nuestra sociedad. Al respecto, cabe mencionar lo que señaló hace algunas semanas el antropólogo Alejandro Grimson, quien, en un ciclo de charlas en la Universidad Nacional de Hurlingham sobre la Reforma de 1918, caracterizó a este apoyo masivo, plural y heterogéneo como un "consenso democrático" de nuestro país ya que, según precisó, la mitad de las universidades públicas que existen en la actualidad fue creada en los últimos 35 años.

Universidades, territorio y desarrollo

Creemos que este consenso es virtuoso no sólo porque permite transformar la vida de los estudiantes y sus familias, sino porque entendemos que las universidades son herramientas necesarias para acompañar y dinamizar el desarrollo de nuestro país.

Un país que quiere desarrollarse con soberanía, igualdad y justicia social, necesita más universidades. Necesita incrementar la relación entre habitantes y universidades, que las universidades tengan más vinculación con la ciencia, la industria, las necesidades del pueblo, del país, de la región.

En nuestro caso, creemos que la Universidad Nacional de Hurlingham tiene sentido en función de su comunidad, en una zona de influencia de casi un millón de habitantes. Allí, atendiendo a resultados de estudios de factibilidad previos y cumpliendo los procesos académicos y científicos correspondientes, estamos por dar inicio al sexto cuatrimestre de vida académica con casi seis mil estudiantes. Pero además de la cercanía geográfica, desde la Unahur ofrecemos algo que llamamos cercanía pedagógica ¿Qué es la cercanía pedagógica? Es aquella que vincula la oferta académica con las necesidades de la región. Lo ejemplifico a través de 4 casos:

1. Sabemos que en Hurlingham el sistema de salud tiene dificultades para conseguir enfermeros universitarios. Entonces, como Universidad al servicio de la comunidad, tenemos la necesidad de formar enfermeros para atender al pueblo de Hurlingham, de Morón, de Ituzaingó, de San Miguel, de Tres de Febrero, de San Martín. Es una cercanía superior.

2. A menos de dos kilómetros de la Universidad se encuentra el INTA Castelar, que es el mayor centro de investigación en tecnología agropecuaria que tiene la Argentina. Investiga sobre biotecnología, alimentos, clima, agricultura y no consigue técnicos en laboratorio. Nosotros tenemos esas carreras. Ofrecemos la tecnicatura universitaria en laboratorio, las licenciaturas en tecnología de los alimentos, en gestión ambiental y en biotecnología (en Coneau).

3. A la escuela secundaria argentina, que es obligatoria por ley desde el 2006, le faltan profesores de letras, matemática, educación física, ciencias naturales e inglés. Nosotros tenemos en nuestra oferta académica esos cinco profesorados justamente para responder a esa necesidad.

4. Lo mismo sucede con las ingenierías. En Hurlingham estamos insertos en medio de un cordón industrial metalmecánico, plástico, de alta concentración urbana que requiere de ingenieros. Nuestra universidad ofrece ingeniería metalúrgica e ingeniería eléctrica.

Los ejemplos de vinculación entre la oferta académica y las necesidades de nuestro territorio son numerosos. Se da también en las áreas de vinculación e investigación. Nosotros creemos que las universidades tienen que aportar a producir conocimiento para el desarrollo local, provincial y nacional. No se trata de tener ganas de investigar sobre un tema, sino de qué necesita Hurlingham, qué necesita la región, qué necesita la provincia de Buenos Aires, qué necesita la Argentina, qué necesita América latina que investiguen nuestros investigadores, porque, al fin y al cabo, somos financiados por recursos públicos, somos producto de los bienes públicos.

Ajuste y futuro

El financiamiento de las universidades está estipulado por el presupuesto nacional. En marzo de este año el presupuesto universitario era de 103 mil millones de pesos, que equivalían a 5 mil millones de dólares. Hoy, tres meses después, son 4 mil millones de dólares. Hay que agregar a esto los atrasos en las transferencias y el cierre del plan de infraestructura de obras nuevas para el año 2018 que estaba presupuestado. Además, aún no hay acuerdo con los sindicatos docentes para la definición de paritarias. El conjunto de rectores de todas las universidades ya ha manifestado su preocupación ante estas situaciones y así quedó expresado en la última reunión del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) por unanimidad.

Además, es preciso resaltar que un problema educativo de todo el sistema y de la educación superior en particular en la actualidad es la política económica. El aumento de las tarifas, la pérdida de puestos de trabajo, la pérdida de poder adquisitivo. Todo ello impacta de lleno en los estudiantes y sus familias, en las condiciones individuales, familiares y sociales para estudiar y educarse.

Por eso decimos que, si queremos que haya más jóvenes de todos los sectores sociales en nuestras universidades, el camino es construir más jardines y también crear puestos de trabajo, fortalecer la política de becas, construir más universidades públicas y gratuitas y sostenerla inversión en educación.

(*) Rector de la Universidad Nacional de Hurlingham, vicepresidente del CIN

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario