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María Lucía, de los poemas infantiles a las novelas sobre sus sueños

María Lucía Machado tiene 13 años y escribe dos novelas basadas en sueños que tuvo.

Sábado 05 de Octubre de 2019

"Me gusta mucho escribir. Escribo desde los seis años. Primero arranqué con la poesía, después seguí con cuentos cortos y ahora estoy haciendo una novela". Quien así se presenta es María Lucía Machado, una adolescente de 13 años que asiste al colegio San Ramón.

Desde muy pequeña, la joven descubrió un disfrute por los textos, sobre todo los de terror y misterio. Aunque si tiene que quedarse con uno, elige las historias de Sherlock Holmes, el popular detective británico creado por la prolífica pluma del escritor escocés Arthur Conan Doyle.

Ahora María Lucía está metida en la escritura de dos novelas, una llamada Luisina y la otra Trancembulencias, ambas basadas en sueños que tuvo "hace uno o dos años". En el caso de Luisina, la protagonista es una chica cuya torpeza la suele meter en líos de los que después es muy difícil escapar. "Siempre hace las cosas mal la pobre", resume.

La joven del San Ramón fue durante cuatro años a un taller de literatura y algunos de esos textos fueron subidos a un blog. Pero además de la escritura, María Lucía disfruta también del dibujo, un talento que admite fue "heredado" de la su mamá, una artista plástica". "Cuando sea grande me encantaría ser escritora profesional, escribir y vender libros. Sería hermoso, me gustaría mucho", dice la adolescente sobre sus sueños.

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>> El encierro

El auto de policía en el que me transportaban pasó por debajo de un portón con barras de acero color negro, que terminaban en unas puntas afiladas para evitar que alguien escapara. Como si fuera poco, había una muralla de ocho metros que rodeaba la correccional. Adornando su cima, se podía observar una barrera hecha de alambre de púas y equipada con un aparato que transmitiría descargas eléctricas si alguien lo tocara. Y como cereza del pastel, cámaras de seguridad en cada recoveco. Me bajaron del auto y me forzaron a entrar a la vieja y tétrica edificación. Subí unas cuantas escaleras siendo escoltada por tres policías. Luego, paramos en el segundo piso. Uno de mis guardias se paró en frente de la puerta número veintiuno y, sin demostrar sentimiento alguno, me dijo: —Aquí te quedarás un año y medio. Mañana te levantarás a las 5 AM. Empezarás clases de rehabilitación— Luego de contarme esto, me dio el típico enterito naranja de las películas de presos y se retiró cerrando la puerta bruscamente.

(*) Extracto de "Luisina".

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