Educación

Los secretos del oficio de ser mago

"La magia nos encuentra con ese niño que todos llevamos dentro", dicen Pablo Cantarella y Leo Bordigoni de su profesión.

Sábado 20 de Octubre de 2018

Descubrir cosas ocultas, hacer aparecer y desaparecer objetos continúa generando encanto y emoción a través de los tiempos. A Pablo Cantarella y Leo Bordigoni la magia los cautivó en distintos momentos de la vida, sin embargo se hicieron amigos en esta profesión, que aprendieron de otros magos y que los apasiona tanto como el primer día. Recuerdan a los norteamericanos Lance Burton y David Copperfield entre los más destacados de los años noventa, y siempre muestran su admiración por magos argentinos como Emanuel, Ricardo Fantasio, Norberto Jansenson y René Lavand.

Pablo y Leo encontraron en la magia su vocación y supieron, con humor, juegos y otros recursos, mantener la esencia de este trabajo: emocionar y divertir a públicos de todas las edades. Reunidos con La Capital, luego de participar del Festival de Magia, que por segundo año se realizó en la ciudad y convocó a magos de todo el país, contaron cómo se acercaron a la magia, revelaron algunos entretelones de este oficio, y además reconocieron que no siempre resulta sencillo mantener cautivo a un espectador cada vez más exigente y rodeado de pantallas.

"Para ser mago es necesario repetir una y mil veces las rutinas, aprender a trabajar también en escenarios improvisados: con espejos detrás, chicos corriendo alrededor o mesas muy cerca, tratando de no copiar y creando una versión propia, aunque el truco sea el mismo", destacan acerca de este oficio que requiere constancia, dedicación y capacitación constante.

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"El clásico mago vestido de frac como Cardini casi ya no existe, sólo se lo ve en las galas mágicas o en las competencias. La actitud del mago ante su público es diferente: antes se creía un experto que hacía grandes trucos, hoy en realidad debe ganarse al espectador de a poco, con ingenio y humor". Respecto de los intereses diferencian al público infantil que se sorprende de aquellas cosas que ocurren de manera repentina, o que tienen fuego, de los adultos, que prefieren la magia de cercanía y todo lo que sucede entre sus manos con objetos pequeños. De sus tiempos como aprendices, los magos dicen que la magia no era de fácil acceso. "Los libros era difíciles de conseguir, y las casas de magia sólo vendían los elementos a quienes eran magos o estaban apadrinados por uno reconocido".

Aprender de otros

En Rosario, pocos lugares enseñan magia, generalmente son clases particulares. El mago Leo abrió en 2014 una Escuela de Magia, que ofrece un curso de dos años. Destaca que se interesan por la magia personas de todas las edades pero principalmente quienes tienen entre los 25 y 50 años. "Están quienes lo ven como un hobby, para pasar el rato y compartirlo con amigos y familiares, y otros que desean convertirse en magos".

Sobre las técnicas más utilizadas, figura la prestidigitación, una habilidad o juego de manos que generalmente se hace con las cartas, y la magia de cercanía o close up que también se vale de objetos como monedas y pelotas o cartas. La magia de salón es más tradicional, es participativa, divertida y se utilizan pañuelos, cuerdas, aros, dependiendo del show, y en la magia argumental se cuenta una historia mientras transcurren efectos o trucos. La magia de grandes ilusiones, entre otras, siempre cautiva al público por su magnitud, los equipos y efectos especiales que hacen que una persona pueda desaparecer.

"Resulta complejo enseñar algunas técnicas como la prestidigitación, también transmitir que en la magia se necesita mucho ensayo y perseverancia. En estos tiempos, cuando todo tiene que ser rápido y fácil, muchos llegan queriendo aprender dos o tres cositas y listo, pero los secretos de la magia llevan tiempo. En internet existe mucha información, incluso Youtube muestra trucos de magia, pero de nada sirve si después hay poco tiempo para procesar aquello que vemos", destaca Leo.

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Pasión que emociona

Leo es ingeniero industrial aunque nunca ejerció su profesión. Comenzó a interesarse de niño por la vocación de ser mago cuando miraba con su papá todos los domingos un programa de magia y circo. Creció en la ciudad de El Trébol y sólo podía disfrutar e imaginar lo que pasaba a través de una pantalla. "No había internet, tampoco otro mago en el lugar, entonces empecé con algunos libros hasta que pude venir a Rosario a tomar clases", recuerda y agrega: "La magia siempre me acompañó en las distintas etapas de mi vida y lo seguirá haciendo".

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Esta pasión que primero compartía y acomodaba entre las horas de estudio en la universidad, más tarde ocupó tiempo completo. El joven se especializó en espectáculos para adultos y logró fusionar la magia con el circo, el humor, la ventriloquía y el stand up. "El público quiere principalmente divertirse, dejarse sorprender y pasar un momento agradable", dice.

Por los caminos de la magia, el recorrido de Pablo es diferente. Se interesó recién a los 21 años, luego de estudiar varios años ciencias económicas. "Cuando empecé a estudiar magia, me di cuenta que no podía ser contador", repasa el mago que más tarde se convirtió en profesor de educación física, carrera que hoy logra combinar muy bien con la magia. "No pude escapar de la magia porque me enamoré desde la primera vez que presencié una rutina. Todavía me emociona la reacción que generamos en la gente y su inocencia, es lo que me motiva a seguir. Por un lado parece que quieren saber cómo lo hacemos y por el otro sólo lo disfrutan como espectadores. La magia logra eso: que no perdamos ese niño interior", valora Pablo de 38 años, quien aprendió el oficio del mago Marcelo y se volcó a los espectáculos infantiles. Vestido de clown para los shows integra un dúo junto a Hernán Martínez, y así mezclan humor, música, también juegos y animación. "El público infantil no es el más exigente, pero sí el más sincero y el que siempre cree saber lo que vendrá, sin embargo son los mismos chicos y chicas quienes quedan maravillados cuando terminamos de hacer algún truco".

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>> Festival en Rosario

"La idea es actuar para la gente y con espectáculos de calidad llegar a los barrios", destaca Pablo Cantarella respecto de la segunda edición del Festival de Magia que se realizó a principios de octubre en Rosario. De esta propuesta organizada por Uno y Uno Espectáculos (el dúo que integra junto a Hernán Martínez), la Municipalidad y la Peña Mágica Rosarina participaron artistas de todo el país que fueron seleccionados previamente, en una convocatoria lanzada por la Secretaría de Cultura y Educación municipal. Espectáculos unipersonales y grupales de diversos géneros se presentaron en los distritos y las peatonales de la ciudad. "En cada encuentro, festival o congreso buscamos posicionar a la magia de otra manera, antes no había tanta llegada al público, de alguna manera estamos intentando recrear lo que sucede en Europa con este fenómeno, que exhibe la magia en cada ayuntamiento", señala Cantarella.

La iniciativa _señalaron desde el municipio_ "es parte de una línea de fomento que busca apoyar la creación artística de autogestión y ofrecer a los rosarinos el acceso al universo simbólico de la magia, el ilusionismo y el humor, con espectáculos en vivo".

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