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Las emociones en el aula después de la pandemia

Con el retorno a las escuelas, habrá que dar lugar a rondas donde chicos y chicas puedan expresar cómo transitaron la pandemia.

Sábado 24 de Octubre de 2020

En estos días en que tantos y tantas docentes se están capacitando para la vuelta al aula de manera presencial, en medio de todo el material estudiado sobre protocolos, espacios, higiene, organización, horarios...me costó mucho encontrar reflexiones, sugerencias, invitaciones para trabajar y acompañar a los estudiantes en sus emociones y sentimientos. Pienso ¿cuentan todos los docentes con las herramientas o estrategias adecuadas para acompañar a sus alumnos en esos aspectos? Considero que si bien los contenidos, la organización y los protocolos de higiene son sumamente importantes, no puede ser menor el tiempo que se dedique a que los niños y adolescentes puedan recomponer lazos afectivos con sus pares y los grupos sociales escolares a los que pertenecen. Porque además es un espacio propicio para la expresión de tantas cuestiones subjetivas que pueden haberse transitado estos meses.

Este tiempo inédito de pandemia ha provocado que hogar, trabajo, tareas, todo se entremezcle; perdiendo así a la escuela como ese espacio tan necesario para niños y adolescentes, donde pueden lograr emanciparse un poco de sus familias y establecer nuevos vínculos con otros que los ayuden a ir constituyéndose como personas dentro de la sociedad. En estos meses todo eso quedó como suspendido, podría decirse, escondido en muchos casos detrás de las pantallas, cuando las posibilidades económicas lo permitieron, ya que en muchos hogares las necesidades básicas incluso se vieron amenazadas y las dificultades para continuar el contacto pedagógico desde la virtualidad prácticamente desaparecieron. Desde ya que muchos docentes han hecho todo lo posible y más para llegar a sus estudiantes, aquellos que ya empleaban la tecnología pudieron incorporarla y los que no eran demasiado adeptos a su uso terminaron por aprender para poder continuar con su labor. Incluso muchas nuevas estrategias e innovaciones que han hecho los docentes sería interesante que continuaran empleándose más adelante.

"No puede ser menor el tiempo que se le dedique a que los niños y adolescentes puedan recomponer lazos afectivos con sus pares" "No puede ser menor el tiempo que se le dedique a que los niños y adolescentes puedan recomponer lazos afectivos con sus pares"

¿Qué ha sucedido con los niños, niñas y adolescentes en todo este tiempo? Sin dudas han sido los que han respetado de manera excelente todo lo que se les ha pedido, perdiendo la posibilidad de desarrollar todas esas actividades propias y necesarias para ellos. Mencionábamos la escuela como institución principal de la que han tenido que alejarse, pero también otros espacios al inicio del aislamiento fueron prohibidos. Tuvieron que alejarse de la idea de ir a una plaza, de caminar o disfrutar un parque, de hacer actividades que les gustan como practicar un deporte y asistir a clases de todo tipo. Todo tuvo que ser interrumpido o trasladado a la virtualidad. Si para nosotros adultos fue difícil sostener el aislamiento, imaginen para un niño que tiene una necesidad vital de estar con otros niños, de jugar, de expresarse... ¿Sufrieron y están sufriendo? No nos quepa la menor duda de que así es. Muestra de ello es lo que se escucha frecuentemente en muchas familias sobre alteraciones en el sueño, niños que por temores se pasan a dormir con sus padres a mitad de la noche, cambios repentinos en las manifestaciones emocionales, llantos, berrinches de esos que parecen desmedidos o “sin sentido”. Que como adultos hemos hecho y haremos todo lo posible para ayudarlos a tramitar ese sufrimiento, no me queda ninguna duda. En la mayoría de las familias hay comprensión, cariño, abrazos, a pesar incluso de que los adultos estemos en la misma situación a veces que ellos. Pero como dice la gran Beatriz Janin, no patologicemos ese sufrimiento. Si nuestros niños, niñas y adolescentes nos demandan más atención, manifiestan miedos nuevos, llanto, necesitan moverse, y tantas otras situaciones, es porque se sienten angustiados y están buscando la manera de hacérnoslo saber, de decirnos “esto no es fácil para mi, no es fácil estar lejos de mis amigos, no es fácil no poder visitar a los abuelos o primos, no es fácil no poder salir de casa y juntarme con amigas, no es fácil no poder festejar mi cumpleaños como siempre, no es fácil escuchar que la situación económica en casa se volvió complicada...”. ¿Qué hacemos entonces como adultos? Dar lugar a momentos de expresión para todas esas angustias y temores, que puedan existir el diálogo, la escucha atenta, sentida, porque la palabra siempre es fundamental para habilitar espacios donde el otro se sienta escuchado. Los adultos serán quienes acompañen en esas situaciones.

"¿Qué hacemos como adultos? Dar lugar a momentos de expresión para todas esas angustias y temores desde la escucha atenta" "¿Qué hacemos como adultos? Dar lugar a momentos de expresión para todas esas angustias y temores desde la escucha atenta"

¿Qué sucederá al volver a la escuela con todos esos sentires? Inevitablemente y coincidiendo con muchos colegas, estos momentos donde los chicos puedan hablar tendrán que estar tan o más presentes que la tan requerida “recuperación de contenidos”. Un niño o adolescente inestable emocionalmente, angustiado, con temores, con su atención puesta en resolver todas esas cuestiones, muy posiblemente no esté preparado para un aprendizaje de contenidos. Entonces a la par de toda la reorganización escolar en lo que respecta a lo académico estrictamente, habrá que dar lugar a rondas donde puedan hablar de cómo se sintieron, qué les pasó a ellos y sus familias, qué extrañaron, qué los enojó, qué los puso tristes, qué los angustió...incluso desde la espontaneidad o motivando con cuentos, imágenes, dibujos, canciones, recurriendo a la creatividad del docente que siempre está dispuesto. Con los más pequeños las historias en las que al personaje le suceden cosas similares que a ellos son muy buenas para ayudarlos a hablar luego y dialogar sobre esas emociones. Con los adolescentes posiblemente haya que recurrir también a los escritos, además de rondas o tertulias, ya que muchas veces son los recursos que mayormente prefieren para expresarse, más aún y si son anónimos. Sin duda los docentes serán nuevamente una pieza fundamental y su rol para acompañarlos, escucharlos también. Es aquí donde creo que necesitarán también ellos herramientas y estrategias que les permitan ayudar a sus estudiantes, que les permitan sostenerlos desde la escucha guiándolos a expresar, decir, escribir, recuperar pero no contenidos sino lazos emocionales, sociales, vínculos, ayudarlos a proyectar un futuro donde sientan que pueden pensar y decir, sabiendo que serán escuchados respetuosamente por los adultos que estén con ellos. Porque de esta manera serán también ellos luego adultos capaces de acompañar y escuchar amorosamente a otros.

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