Educación

Laniel's y el freestyle como arma verbal para no detenerse

"El rap salva vidas", dice la joven que esta semana se suma a la sección donde niños y adolescentes hablan de sus sueños.

Sábado 01 de Agosto de 2020

Melani Micaela Pereyra sube con suavidad los ocho escalones pintados de colores que separan la parte baja del parque de la Plaza de la Madre de Villa Gobernador Gálvez. Desde allí arriba da media vuelta, se planta y rapea para la cámara las primeras estrofas de Esquizofrenia, uno los últimos temas que acaba de lanzar por YouTube. “¿Qué es lo que me gusta? Tirar freestyle”, dice. Bajo esa premisa, la joven aceptó sumarse a la sección del suplemento Educación de La Capital que propone que chicos y chicas cuenten qué es lo que más les gusta hacer. Un espacio de expresión para las infancias y las adolescencias.

   En el mundo del freestyle se la conoce como Laniel’s. Con ese nombre se presentaba en las batallas en las que solía participar antes de la pandemia al pie de las escalinatas de la popular plaza de Villa Gobernador Gálvez. “El freestyle salva vidas”, dice la joven de 19 años, que actualmente cursa cuarto año en la secundaria nocturna de la Escuela Nº 649 Libertador General José de San Martín, de Ayacucho e Hilarión de la Quintana.

   Su vínculo con el freestyle comenzó, casi sin saberlo, a los 13 años. Ponía una base de blues, jazz o piano y se ponía a improvisar rimas encima de esa música: “Yo no sabía que hacía freestyle, para mí era poesía contemporánea. Después con el tiempo me di cuenta que lo que yo hacía era freestyle y que lo hacían demasiados chicos”. Dos años más tarde comenzó a participar de las competencias, donde dos o más se enfrentan mediante rimas y fraseos. Dice que para algunos es un hobbie, para otros una pasión y para otros, como en su caso, un canal de descarga: “En las batallas arranqué para descargarme, como para dejar de odiarme a mí. No es como piensan muchos que la idea es bardear al oponente, decirle cosas feas y así ganar, sino demostrarle que tenés más intelecto que él, un páramo diferente, una mejor respuesta. Por ejemplo, nos dan una temática y el que mejor la utilice es el que mejor rapeará. Después está quien maneja más en punchline, la rima, el tirar una métrica, un doble tempo o un berretín. Cuando empecé a rapear supe que iba a ser como mi arma verbal para jamás detenerme”.

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Lanie's cursa en la secundaria de Ayacucho e Hilarión de la Quintana

Lanie's cursa en la secundaria de Ayacucho e Hilarión de la Quintana

Letras con sentimiento

Con el paso del tiempo, sus referentes musicales fueron variando. De Residente (“por la simbología de su música) a Brock Ansiolitiko o Canserbero, “por la manera de tirar poesía que tienen”. Para Laniel’s, una letra que no tenga sentimiento es una letra vacía.

   Pero además de las canciones le gusta mucho escribir en cuadernitos, donde deja frases o poemas. En todos los casos, cuando escribe decide volcar lo que siente o descargar lo que la “carcome” en ese momento. En una de esas hojas rayadas puso: “Un día sin rap es un día perdido, un día sin rap es un día no vivido”. Detrás de la tapa de un cuadernillo espiralado escribió: “Que la poesía te grite!! Escribir es la felicidad perdida y un sueño sin almohadas”.

   Otros textos fueron germen de canciones que ya están en YouTube, como es el caso de Esquizofrenia. “¿En dónde están? Escucho sus pasos pero no los puedo mirar. Escucho su risa pero ¿de qué carajo reirán? Y por qué mamá llora cuando le digo que ahí están”, dice en una de las estrofas de la canción, subida a YouTube con una estética del animé japonés. Ese tema, que Laniel’s elige para rapear para la nota con La Capital, dice que habla de una enfermedad que para mucha gente es desconocida o no la comprenden, por lo que quienes la padecen “muchas veces sienten rechazo”. Y agrega: “Dudé mucho en sacarlo porque es algo muy propio que me costaba la vida hacerlo, porque hablar de la esquizofrenia es hablar de mí”.

   Laniel’s vive el presente pero también se proyecta a futuro: “Me encantaría crecer artísticamente con el rap. Uno de mis sueños cuando yo era chiquitita era ser rapera ¿Y por qué digo cuando era chica? Porque siento que comencé a madurar después de que empecé a rapear, como que mi mente creció conmigo y en ese momento dije «estaría bueno en algún momento hacer esto, hacer música y videoclips». Sería hermoso”.

   Además de la música, la joven de Villa Gobernador Gálvez disfruta del dibujo y la pintura. “Pinto desde que tengo memoria y la mayoría de los poemas que hice fueron sobre el arte”, dice. Sus recuerdos la llevan a cuando era muy chica y su papá le enseñó a dibujar caballos. Más tarde su mamá la llevó a una academia donde aprendía danza árabe y a pintar. “Me acuerdo —dice que no quería que empiecen nunca las horas de árabe, porque eso significaba que se terminaban mis horas de dibujo”. Cuando termine el secundario, su sueño es empezar un terciario en la Escuela Provincial de Artes Visuales de Alem y Gaboto: “Mi profesora, la que me enseña hoy en día, se recibió ahí y yo quiero seguir los mismos pasos que ella”.

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El rap salva vidas

Como sucede en muchos escuelas, en más de una ocasión Laniel’s pudo demostrar su arte musical en algún acto. Sin embargo, prefiere desplegar sus canciones en la plaza, con sus amigos del palo. “El rapear en actos de la escuela —cuenta— fue por un tiempo, porque no es lo mismo venir a la plaza y que los chicos te quieran escuchar a voluntad, que ir a la escuela y hacer un rap para el Día del Maestro o para enseñar qué pasó el Día de la Independencia. Lo chicos no te dan la misma atención, por más que la propuesta sea con cariño”.

   Dice que gracias a la movida del freestyle conoció lugares y personas que hoy son claves para ella: “Si no hubiese arrancado a rapear y tirar freestyle creo que no hubiese conocido ni la mitad de la gente que conozco, personas que son esenciales y maravillosas para mi vida”.

   “El rap también salva vidas”, dice la joven. Y explica: “A veces en el rap vas a encontrar a personas con diferentes discapacidades o problemas que sienten que no pueden seguir adelante. Por eso digo que lo bueno que tiene el freestyle es que salva vidas, te saca del pozo donde decís «no doy más» y te lleva para arriba. Te dice «Dale, triunfemos pero juntos, con música».

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