Educación

La vocación de ser maestro de jardín de infantes

Martín y Jeremías son dos de los solo quince estudiantes varones de toda la provincia que siguen el profesorado de nivel inicial. Cuentan por qué eligieron esta carrera y los desafíos que les propone.

Sábado 26 de Mayo de 2018

Martín Albarez y Jerónimo Pasadore cursan el último año del profesorado de nivel inicial. Eligieron esta carrera convencidos de su vocación y pronto serán maestros de jardín de infantes, un profesión que hasta ahora parecía reservada principalmente a las mujeres. "Siempre tuvimos más cosas a favor que en contra. Durante las prácticas los jardines nos reciben muy bien y quizás el prejuicio esté más en uno como adulto. Además, todos los chicos nos quieren en su sala, se entusiasman porque es algo nuevo también para ellos", destacan los estudiantes. En la provincia de Santa Fe, solamente hay 15 varones siguiendo esta carrera, mientras que las mujeres son más de 5.600. El lunes 28 se conmemora el Día de los Jardines de Infantes.

Aunque antes siguieron otras carreras que no continuaron, Martín y Jerónimo decidieron estudiar en el profesorado de nivel inicial del Instituto Superior del Profesorado Nº 16 Dr. Bernardo Houssay y se encontraron en el camino de la docencia. Asisten a clases en el turno vespertino y reparten su tiempo entre el estudio, el trabajo y las prácticas. En el jardín descubrieron aquellas cosas que más disfrutan hacer: el juego, la dramatización, la música, el movimiento a través del cuerpo y la expresión artística.

Antes de entrar a clase, los jóvenes se reunieron con La Capital, contaron cómo se sintieron cuando empezaron a estudiar y por qué los gratifica tanto esta profesión que tiene tan pocos ingresantes varones. Según datos aportados por el Ministerio de Educación de Santa Fe, en la provincia son solamente 15 los alumnos varones que siguen esta carrera en el ámbito público y 5.677 mujeres. Datos que se proyectan luego en el ejercicio de la docencia en el nivel inicial: 82 son varones y 6.916, mujeres.

"Muchos empiezan a estudiar pero luego abandonan, a veces depende del lugar donde se estudia y de las compañeras del curso. Para nosotros este instituto es como una familia. Si un día no vas a clase, el docente a lo mejor te envía un mensaje para saber qué te pasó", dicen los estudiantes, quienes valoran la educación pública y de calidad. "Hay que incentivar y convencer a más varones a estudiar esta carrera, que prueben porque es una formación súper gratificante. Por supuesto que siempre habrá dudas en el camino. A mí me pasó que recién cuando llegaron las prácticas supe que esto era lo que más me gustaba hacer", alude Martín.

Los jóvenes cuentan que nunca se sintieron excluidos, que se llevan muy bien con sus compañeras y profesoras, aunque admiten que la diferencia se presenta cada vez que cantan alguna canción que sólo hace referencias a las mujeres. "Lo que nos pasa en el aula es lo mismo que sucede hoy en día en el jardín, temas infantiles que dicen «adiós la señorita, adiós mi lindo jardín»; y ya no hay sólo señoritas, también hay varones en las salas. Lo mismo ocurre cuando en el salón dicen «vamos chicas» y nosotros agregamos «y chicos». Es un camino que cuesta, pero sabemos que ya arrancó y notamos que hay interés en que habitemos las aulas del jardín. Las directoras y docentes tienen muchas ganas de que haya varones, porque implica un cambio y amplía las perspectivas para hacer cosas, y enfrentar las situaciones que se presenten en el camino. Además valoran la paciencia que tenemos con los chicos", afirman.

"Si tanto el hombre como la mujer pueden limpiar, cocinar, cuidar al bebé y cambiar pañales, entonces ésta es una carrera más. Si bien siempre estuvo ligada a la mujer, por el tema del cuidado y lo maternal, hoy en día esto también involucra al hombre. Quizás el prejuicio está en las personas mayores, que no concuerdan con ciertos temas pero las familias de los niños que hoy asisten al jardín son muy jóvenes y aceptan las cosas de otra manera, se interesan por saber nuestro nombre y son conscientes de que a sus hijos les gusta tener un profe en la sala", agrega Martín.

"Me siento un chico más"

Martín tiene 28 años, cursó primero dos años en el profesorado de nivel primario y abandonó: "Me tomé un tiempo para saber qué quería hacer y luego comencé a cursar el nivel inicial. Me gustan mucho los niños y cada vez que juego con ellos me siento uno más. Para mí es un cable a tierra, me faltaba darle una vuelta de tuerca para lograr ensamblar aquello que me gusta y divierte con un trabajo. Una amiga (dueña de un jardín) me decía que me animara a empezar, que lo iba a hacer muy bien y hasta ese momento nunca lo había visto como una posibilidad de trabajo aunque había hecho teatro para niños, animado fiestas infantiles y siempre en los cumpleaños era quien se metía en los peloteros con los chicos". Martín trabaja como administrativo en la Asociación de Jubilados y Pensionados Arte de Curar, es de Venado Tuerto pero se instaló en la ciudad desde que terminó el secundario.

"También fue un desafío porque no había varones, entonces significó romper con los estereotipos y los esquemas tradicionales. Tenía un poco de miedo cuando empecé, pero me encontré con Jerónimo, así que el camino estaba en cierta parte allanado", cuenta Martín quien realiza las prácticas en sala de 4 años del Jardín de Infantes provincial Nº 179 Doctor Esteban Maradona.

Experiencias que enriquecen

"En el nivel inicial se integran los aprendizajes de matemática y de lengua, a través de un enfoque globalizador, con juegos y distintas actividades todas las áreas confluyen", explica Jerónimo, que realiza las prácticas en la sala multiedad de cuatro y cinco años del Jardín de Infantes Doctor Francisco Gurruchaga. El joven reflexiona sobre esta experiencia de sala multiedad: "Es una modalidad enriquecedora para los más chicos porque aprenden de los que son más grandes, aunque resulta más desafiante para el docente a la hora de enseñar: a los cinco años muchos nenes y nenas ya saben sus nombres, las letras y los números, pero los más chicos todavía no".

Jerónimo tiene 24 años, vive con su familia y antes de decidirse por esta carrera, estudió dos años Bellas Artes, también Comunicación Social. "Me dí cuenta que no era lo mío y como ya había tenido experiencias en colonias de vacaciones trabajando con nenas y nenes muy chicos, también en el Jardín de los Niños, dictando talleres de ideas sonoras, ese contacto con los chicos me animó a estudiar el profesorado de nivel inicial". Admite también que en el jardín descubrió que puede integrar todo aquello que más le gusta: el arte, la música y la poesía. "Desde chico, mi mamá me llevaba a talleres de pintura, flauta y guitarra, también practiqué varios deportes", comenta y destaca que estas experiencias hoy les permiten disponer de otras herramientas frente a una sala. Cultivar la huerta es otra de las actividades que practica en un espacio comunitario y autogestionado llamado Huertarteando, además de repartir su tiempo de estudio con un trabajo en la verdulería que se encuentra en la esquina del profesorado.

Uno y otro transitan la etapa final de la carrera de formación docente. Desde ese lugar aportan su opinión sobre los estímulos y acompañamientos que reciben las niñas y los niños, desde su casa y luego vuelcan en el día a día en la sala de jardín. Así diferencian entre quienes están más incentivados con la tecnología, que transcurren mucho tiempo conectados, y aquellos que cuentan con otras oportunidades de otros juegos. Aseguran que esas diferencias aparecen hasta en el lenguaje que utlizan. Eso sí, acuerdan que nenas y nenes siempre disfrutan por igual de las actividades al aire libre, el trabajo en la huerta y la observación de animales y plantas.

En recuerdo a la educadora riojana Rosario Vera Peñaloza que le dio impulso a la educación inicial, cada 28 de mayo (fecha de su fallecimiento) se conmemora en la Argentina el Día Nacional de los Jardines de Infantes o de las Maestras y los Maestros de Jardín de Infantes.

Creatividad e imaginación

"Me gusta la convivencia con los chicos y la instancia de juego que propone el jardín desde la dramatización o la construcción; estar ahí, desayunar con los niños, hablar, realizar paseos y hacer música. Trato de disfrutar de cada momento. Para ellos recibir cariño cada vez que lloran es algo mágico, incluso a veces se les escapa decirnos «papá». Elegí esta carrera porque requiere de mucha creatividad e imaginación", dice Jerónimo.

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