Sábado 12 de Noviembre de 2022
Juan Cruz Spizzo está a punto de recibirse de abogado en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y de esta manera planea cerrar un año de satisfacciones, que a nivel académico comenzó en abril, cuando fue elegido como presidente del centro de estudiantes de la Facultad de Derecho, por la agrupación 1983. La primera vez que este espacio logra la presidencia estudiantil. “La universidad tiene que ser inclusiva sobre todo, pero sin perder la calidad”, dice el alumno, que esta semana se suma al espacio “Pido la palabra”, donde representantes de los centros de estudiantes hablan de sus proyectos y miradas sobre la educación y la participación juvenil.
Juan Cruz tiene 28 años, es oriundo de la ciudad cordobesa de Corral de Bustos y comenzó a cursar en 2012. De pibe estaba entre dos carreras: derecho o medicina. Una disyuntiva atravesada por una historia familiar de la que también habla en su trabajo final de investigación: “Tengo un hermano más chico con síndrome de Angelman y de chiquito en realidad lo que quería era ser médico para curarlo. Para Navidad se repetía como regalo un set de médico. Era como una fantasía que tenía y cuando ingresé en la secundaria empecé a comprender que no se trataba de una enfermedad sino de una patología que lo va a acompañar toda la vida”. Tras cursar formación ética y ciudadana e historia fue que decidió inclinarse por la abogacía, como una forma de poder —o intentar al menos— mejorar las condiciones de vida y el acceso de los derechos de esta población, ya pensando más en colectivo. Su trabajo final del seminario de investigación versa sobre cómo se cumplen las prestaciones básicas en favor de las personas con discapacidad. Su intención es el día de mañana poder trabajar de su profesión en un estudio jurídico, además de ejercer la docencia, ya que hoy es ayudante de cátedra de derecho constitucional, una materia de los primeros años de la carrera.
Su militancia puede ubicarse ya en Corral de Bustos, donde había sido presidente del centro de estudiantes de la escuela con el que crearon un espacio de voluntariado de apoyo escolar. Y si bien es de familia peronista, siempre se sintió más atraído por las ideas del radicalismo y por figuras como la de Raúl Alfonsín. La madre de un amigo fue la que le hizo conocer el comité de la UCR de Corral de Bustos. Dice que los primeros pasos en la facultad fueron difíciles, que le costó bastante adaptarse a la ciudad, que no se hallaba. Iba y venía constantemente desde Córdoba a Rosario. Por aquellos años un amigo de la escuela que estudiaba en Derecho y militaba en la agrupación de raíz radical y reformista 1983 fue quien lo acompañó en esos primeros tiempos. Ubica al 2017 como un año clave, cuando comenzó con la ayudantía de cátedra: “Ese fue un antes y un después, porque fue encontrar mi lugar en la facultad y comenzar la militancia estudiantil de manera activa”.
Las huellas de la pandemia
“Nosotros estuvimos muy atravesados por la pandemia y el gran crecimiento que tuvo la 83 tuvo que ver con nuestra presencia en el momento más difícil de la educación superior que nos tocó conocer hasta ahora”, dice el futuro abogado. El gran desafío fue sostener los vínculos del claustro estudiantil con la universidad, tanto durante los meses de la cuarentena más estricta, como durante la vuelta a presencialidad en 2021. “Nuestra idea —dice— era consolidar ese sentido de pertenencia con la facultad, y a partir de ahí empezar a transformar y mejorar los distintos espacios que nos correspondían como estudiantes. Como poder garantizar el acceso al material de estudio”. Y aclara: “Esto como agenda diaria, porque no somos ajenos a la realidad social, económica y política que atravesamos como país. Y lo que significó la pandemia, donde muchos de los estudiantes que residían en Rosario se hayan vuelto a sus hogares por la imposibilidad económica de sostenerse. Eso lo vemos en las aulas, donde no encontramos la misma cantidad de personas que teníamos antes de 2020”.
Para Spizzo, y sobre todo después de la pandemia, es necesario debatir una nueva ley de educación superior y otros modelos de enseñanza que se ajusten a esta nueva realidad: “La pandemia tuvo sus cosas malas pero también hay que rescatar algunas cuestiones que fueron positivas, como acercar la universidad a diferentes puntos del país. Y también volvernos una propuesta que sea atractiva y compita con el mercado de ofertas que hay en la educación, porque si no logramos aggiornarnos a las nuevas necesidades, conozco personas que están optando por la educación privada, con todo lo que significó la conquista de la educación pública en nuestro país”. En este punto propone, por ejemplo, revisar el dictado de clases magistrales de una hora y media e ir hacia otro tipo de dinámicas, incorporando además dispositivos que permitan mejorar la atención del alumno. Respecto de los debates sobre el arancelamiento es tajante: “Como defensor de la Reforma del 18 y de la educación pública para nosotros es algo impensado y no existe la posibilidad de retroceder en ese sentido, ni la admitiríamos desde el claustro estudiantil”.