Educación

La salud de las infancias en manos del mercado

La doctora en psicología Gabriela Dueñas alerta sobre el decreto que reforma la ley nacional de salud mental

Sábado 02 de Diciembre de 2017

El mercado lucrando con la salud y medicalizando a las infancias. Esa es la intención que asegura la doctora en psicología Gabriela Dueñas tienen las reformas en la reglamentación de la ley nacional de salud mental.

   A mediados de noviembre, se conoció un proyecto de reforma del decreto reglamentario de la ley nacional de salud mental Nº 26.657, que contradice los principios de esa norma y los postulados contemplados en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas.

   "La pretensión es dejar la ley como letra muerta, al darle de baja a su decreto reglamentario, que es lo que permite su aplicación", opina la docente de la UBA sobre lo que considera la verdadera intención de estas medidas. Asegura que esto ocurre "por la presión de las corporaciones médico-psiquiatras, además de ser una medida auspiciada por los laboratorios multinacionales".

   Dueñas, también docente de posgrado en las Facultades de Ciencias Médicas y Psicología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), recuerda que se trata de una ley basada en el enfoque de derechos, que parte de una concepción de la salud mental en términos de sufrimiento psíquico, que pone el acento en los vínculos y en lo social, es decir sustentada en los derechos humanos. "Se piensa a las personas como sujetos de derechos a la que hay que escuchar en primera instancia", dice y aclara que no se descarta el aspecto biológico, pero considera el abordaje de las problemáticas de salud con una mirada interdisciplinar.

   La determinación de desconocer este enfoque de derechos en el tratamiento de la salud también afecta a las infancias y adolescencias. "Lo que hay detrás es la medicalización", dice categórica Gabriela Dueñas. Alerta que no se cuestiona que haya que apelar a un medicamento cuando no haya más salidas, el problema es cuando todo pasa por ellos y se termina patologizando a los escolares. "La medicalización es el uso adictivo de los recursos farmacológicos por una cuestión lucrativa. Lo que hace el gobierno en todas las áreas es promover el mercado", alerta.

   Según aporta, en la Argentina hay una fuerte tendencia a medicalizar todo, "pensando que con una pastilla se van a resolver los problemas de atención de los chicos, las dificultades para hacer caso o respetar consignas". O bien que en un consultorio se resuelven aquellos problemas de sufrimiento psíquico que los chicos manifiestan en la escuela.

   Este panorama es el que desde hace varios años muchos especialistas de la salud y la educación denuncian como "la patologización y medicalización infantil". "Una problemática —señala Dueñas— que está llevando a que el ocho por ciento de la población escolar tenga diagnósticos de trastornos mentales".

   Y —continúa— algo igual o más preocupante: son trastornos derivados del DSM (en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) un manual que promueve la asociación de psiquiatras de EEUU, que es el que impulsa las famosas siglas del trastorno general del desarrollo (TGD) o de atención (ADD ó ADHD), o aquellas que señalan con las siglas DEA, a quienes manifiestan dificultades en la alfabetización, en la lectura. Para graficar cómo funciona este mecanismo de mercado-salud, Dueñas explica que, por ejemplo, a veces se trata de problemas de aprendizaje vistos como intrínsecos al chico, con lo cual la escuela y la familia quedan desresponsabilizadas, y la solución termina en una medicamento.

   Un mecanismo que además desconoce las miradas interdiscplinarias necesarias para atender a estas problemáticas como síntomas y no como una deficiencia. "Si se piensa a la dificultad como una deficiencia aportada por el chico tiene un impacto en la constitución de la subjetividad que deja marcas para toda la vida. Y que los lleva a decir «Soy un trastornado», «Soy un deficiente»... cuando quizás sus problemas son un síntoma de dificultades de carácter psicopedagógico combinadas con cuestiones culturales", dice la educadora.

¿Mente o computadora?

La investigadora también llama la atención sobre aquellas tendencias que en estos últimos tiempos se escuchan en los ámbitos de la salud y la educación, de "reeducar", "adiestrar la conducta", "reprogramar el lenguaje"..., términos que hablan de la mente —dice— como si fuera una computadora. Tendencias que cobran mayor peso de quedar sin efecto la ley nacional de salud mental.

   Remarca que con dicha norma se había logrado trabajar en forma conjunta entre salud y educación para frenar el avance de la medicalización de los niños, por eso darle de baja a su implementación será un retroceso: "Vamos a estar en manos del mercado, y el ocho por ciento de los chicos con trastornos será nada. Desreglamentar la ley de salud mental es piedra libre para el mercado".

   Una decisión que además viene acompañada —subraya— por la famosa Cobertura Universal de Salud (CUS) que se impulsa a nivel nacional: "Les encanta usar nombres, que son engañosos. La CUS es una mentira porque para acceder a esta cobertura habrá que tener primero un certificado de pobre, luego habrá consultas absolutamente limitadas , menos que básicas y por el resto habrá que pagar. Con estas medidas se vuelve a este concepto de que la salud y la educación no son derechos sino privilegios a los que pueden acceder algunos pocos".


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