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La pasión de Tiago por las reescritura de los cuentos clásicos

Más que inventar cuentos nuevos, Tiago Marquardt (11 años) lo que disfruta es tomar esos cuentos clásicos y hacer sus propias versiones.

Sábado 19 de Octubre de 2019

Más que inventar cuentos nuevos, Tiago Marquardt (11 años) lo que disfruta es tomar esos cuentos clásicos y hacer sus propias versiones.

En ese ejercicio de reescritura de los clásicos, dice que trata de mantenerse fiel a la versión original, aunque cambiándole algunos detalles. Así nacieron fábulas o parodias de Cenicienta, Caperucita o Blancanieves.

"Tengo varios libros en mi casa y suele haber distintas versiones del mismo cuento. Entonces yo escribo el cuento como a mí me gusta", dice el alumno de la Escuela Nº 550 Cooperación Escolar, de Granadero Baigorria. Para el cuento de La paloma cenicienta, por ejemplo, Tiago revela que se inspiró en una edición de los Cuentos clásicos regionalizados que le regalaron cuando fue a la Feria del Libro.

Libros y dibujos

Dice que disfruta de la escritura porque la siente "como un entretenimiento" que realiza en la compu. "Cuando sea grande me gustaría seguir escribiendo estos cuentos. Quizás también podría empezar un canal de YouTube dedicado a eso", dice Tiago. Y como también estudió en la Escuela de Animadores, sueña también con hacer pequeños cortos animados sobre esos cuentos reversionados.

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>> La paloma cenicienta

Había una vez una paloma sin alas, y con las plumas grises cual cenizas, por eso sus padres la habían llamado Cenicienta. Trístemente, sus padres murieron siendo ella muy pequeña y sus dos hermanas mayores, lejos de cuidarla, se burlaban de ella todo el tiempo por su peculiar plumaje gris.

Cenicienta debía encargarse de cuidar la pajarera mientras sus hermanas salían a volar y coquetear con las demás aves. Cenicienta también solía salir de la pajarera, pero sus hermanas, celosas por todos los cumplidos que recibía, le cortaron las alas para que ya no pudiera salir.

Un día, el rey pájaro decidió hacer una fiesta en su árbol, a la cual invitó a todos los animales del bosque. Cenicienta estaba triste porque no podía ir, ya que el rey vivía en el árbol más alto del bosque, y ella no podía volar. Cenicienta fue al rincón de la pajarera donde estaban las cenizas de sus padres y lloró, pero de repente, sus padres renacieron de las cenizas como aves fénix y le dijeron: “No te preocupes hijita, tú irás a la fiesta”. Los padres regeneraron las alas de Cenicienta, ¡y se veían más bellas y majestuosas que nunca!

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