Chile

La juventud chilena y un camino en la conquista de derechos

Dos estudiantes de la UNR que nacieron en Chile reflexionan sobre el papel del movimiento estudiantil en el país trasandino.

Sábado 31 de Octubre de 2020

La foto impacta por su potencia. En primer plano, una joven chilena saca la lengua mientras es llevada en hombros por Carabineros. La imagen fue captada por la fotógrafa y documentalista Nicole Kramm, quien en las protestas del año pasado en Chile fue herida en su ojo izquierdo por un perdigón por parte de las fuerzas de seguridad. La foto fue una de las tantas que se postearon esta semana en distintos perfiles de redes sociales para dar cuenta de una certeza: no se puede entender el resultado del plebiscito en Chile, que por abrumadora mayoría decidió enterrar la Constitución heredada del pinochetismo, sin tener en cuenta la participación de las juventudes en este proceso.

Las y los cabros, como llaman a la juventud en Chile, lograron despertar a un pueblo asfixiado por el legado de una dictadura”, publicó la Agencia de Noticias RedAcción (Anred) junto a la foto de Kramm. La consulta del fin de semana pasado dejó un saldo contundente: casi ocho de cada diez chilenos y chilenas votaron para dejar atrás la Constitución de la época de Pinochet. Ahora se inicia el camino hacia una nueva Carta Magna que será redactada por una convención integrada por 155 personas, que serán elegidas en abril de 2021, respetando paridad de género y presencia de pueblos originarios.

La Capital dialogó con dos jóvenes chilenos que estudian en Rosario y ambos coinciden que lo que pasa en Chile es imposible pensarlo sin la movilización de las juventudes. Sostienen la necesidad de que en los debates que se avecinan se incluya la desigualdad social y que la educación pase a ser considerada un derecho y no un servicio más.

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Gustavo Quezada Cofré tiene 20 años y desde principios de año que está en Rosario. Llegó procedente de La Unión —sur de Chile— para estudiar medicina en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Quería estudiar en otro sitio, en otro país que tenga su misma lengua y una cultura similar. Pero las características del sistema educativo chileno fueron también un factor determinante: “Tengo un hermano gemelo, con lo cual en mi familia dos personas iban a entrar a la universidad al mismo tiempo. La universidad en Chile es paga y al ser mi familia de clase media la única forma de estudiar es con el CAE (Crédito con Aval del Estado), que al final tienes que pagarlo en 15, 20 o 30 años, como una casa”.

Desde Rosario, Gustavo siguió lo sucedido en su país de origen con el plebiscito y afirma: “Siempre en Chile han empezado los jóvenes las revueltas sociales, como los estudiantes secundarios, que si bien no son muy escuchados son muy potentes al momento de hacer cosas”. En octubre del año pasado los secundarios protagonizaron una intensa protesta en contra del aumento en el boleto del metro (subte) y se negaron a pagarlo, saltando los molinetes. El incremento era cercano a los 30 pesos chilenos, pero una consigna comenzó por esos días a ganar las calles: “No son 30 pesos, son 30 años ”, en referencia a las huellas que se arrastran desde el fin de la dictadura. Era una olla a presión a punto de estallar.

Chile es un país bastante clasista, por eso también se requiere un cambio para que esto deje de ser así, que haya la misma calidad de educación para todos”, dice el joven estudiante de Medicina. Para Gustavo, el cambio constitucional es clave, para que la Carta Magna chilena “deje de ser el límite para poder seguir avanzando socialmente”.

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La educación como derecho

Cuando era chica, Isabel Sáez Toledo no pudo asistir a las distintas marchas protagonizadas por los adolescentes chilenos. Su familia temía por la violenta represión de Carabineros. “Apenas empiezan (las movilizaciones) te tiran bombas de gas lacrimógeno, agua y palos, y mi papá tenía miedo que me pasara algo”, cuenta. Oriunda de la comuna de Los Angeles (Región del Biobío), Isabel tiene 22 años y desde 2018 estudia en Medicina de la UNR. A fines del año pasado estuvo presente en las calles de Rosario, en la marcha contra la represión en Chile.

Me siento orgullosa de los jóvenes de Chile, que se arriesgaron por una causa que nos beneficia a todos. Las personas que empezaron a protestar porque subieron 30 pesos en el boleto del metro, los cabros que saltaron los torniquetes y pasaban a pesar de que la policía estaba ahí esperándolos con palos. Todo eso dió raíz a una movilización en todo el país, diciendo «las cosas se están haciendo mal y los jóvenes necesitamos nuevas oportunidades»”, reflexiona la joven chilena que reside en Rosario.

Esta movilización —dice Isabel— no hubiera sido posible sin los jóvenes, porque los adultos están con el miedo de la dictadura. Mis padres pasaron su juventud encerrados en sus casas y tienen miedo, pero los jóvenes no y salieron a enfrentar las injusticias”. Para la joven estudiante de medicina, el plebiscito representa un gran paso y un momento histórico: “Pinochet dejó muchos legados que se han ido quitando en el tiempo, pero el único que faltaba era la Constitución. Y si bien tuvimos gobiernos que se decían de izquierda no han hecho nada en estos 30 años para cambiarla. Y hay que aclarar que había un descontento general, porque también personas de derecha aprobaron la nueva Constitución”.

La joven chilena advierte que, entre otras cosas, la actual Constitución establece que la educación, la salud o los recursos naturales no sean considerados derechos sino servicios. “Lo que se quiere —agrega— es garantizar una educación de calidad y gratuita para todos. Hoy es una utopía, porque Chile es un país bien privatizado, pero al menos hay que lograr bajar los aranceles y los créditos, porque para estudiar te obligan a endeudarte 20 años con una tasa de interés gigante. Nuestra educación es de las más caras de Latinoamérica, es un bien de consumo, no un derecho. Y eso hay que cambiarlo”.

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