Educación

La historia de la foto: el perro que nunca falta en las escuelas

El perro de La Vanguardia no se privó de posar en la imagen colectiva.

Sábado 08 de Julio de 2017

La noche de fines de mayo de 2014 estaba tan estrellada como fría. Sin embargo, nadie se privó de estar una vez más en la Eempa que ese año abrió sus puertas al pueblo, para que jóvenes y adultos pudieran terminar la secundaria. De los 450 habitantes que tiene La Vanguardia unos 50 dijeron presente desde el primer día. Y como no pueden faltar en estas historias amorosas que se escriben alrededor de las escuelas, hasta allí también llegaron los perros tras sus dueños, y algún que otro callejero.

   Esa noche, las alumnas y los alumnos de La Vanguardia, un muy bonito pueblo del sur santafesino, posaron para la foto en el ingreso de la única escuela primaria, que facilitó el espacio para las clases. El fotógrafo de La Capital, Francisco Guillén, preparó la escena que luego graficó una nota publicada en este medio (31/05/14 "La escuela que le cambió la vida a un pueblo"). Una a uno, jóvenes y adultos se acomodaron para la toma. También lo hizo "Chiquitongo", el perro que aparece en primer plano de esta imagen.

   El famoso perrito tiene dueña: Marilina Ledesma, una vecina de La Vanguardia que lo sigue cuidando con mucho cariño. Pero en aquella oportunidad, como tantas otras, la siguió a Liliana Fedik, o Lily como la llaman todos en confianza, una alumna de la Eempa que iba a clases.

   Los perros alrededor de las escuelas no son una postal desconocida. Más bien una señal de que allí se escriben historias cotidianas, de las buenas, de aquellas donde nunca falta la ternura. De hecho, esa noche tan fría de mayo, entre las horas de lengua y matemática, circularon pastelitos y tortas caseras. También los mates para ayudar a sostener la concentración a quienes del campo o de la fábrica iban directamente a tomar su lugar en la Eempa y no perderse la oportunidad de graduarse. Y tampoco faltó la música, en la voz de Gonzalo Boelaert, un joven artista local (y alumno) que interpretó a pedido de sus compañeras temas de Jorge Rojas y Ricardo Arjona.

   En diciembre pasado —y luego de tres años de cursado— este grupo de jóvenes y adultos, que se dio la revancha de terminar la educación obligatoria, posó para otra foto y otra vez en la puerta de la escuela, pero ya con sus diplomas en mano. Desde muy cerca, un buen número de perros del pueblo siguió atento esa escena maravillosa que abraza y cada día construye la educación pública.


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