Educación

La experiencia de un taller de cine en la isla El Espinillo

Estudiantes de la Escuela Marcos Sastre producen un corto que se presentará en la Cinemateca Francesa de París.

Sábado 30 de Noviembre de 2019

Una vez por semana, los 19 alumnos y alumnas de la Escuela Nº 1.139 Marcos Sastre ubicada en isla El Espinillo se convierten en productoras, actores y camarógrafas del cortometraje que será exhibido en junio del año próximo en París. Esta propuesta llegó a la directora y docente de la escuela Viviana Botargues a través de Cero en Conducta, organización cultural ligada al cine, la infancia y la educación. Emiliano Ovejero y Ana Belén Pagiola son los coordinadores desde 2016 en la Argentina de este dispositivo pedagógico de origen francés llamado “Cine, Cien años de Juventud”, de la Cinemateca de París.

Convencidos de que es necesario ofrecer nuevas oportunidades durante la niñez, Ovejero y Pagiola cruzan todas semanas a la escuela de la isla para producir un cortometraje. La Capital acompañó uno de los encuentros del otro lado de la ciudad y charló con el grupo. “El programa apunta a revalorizar la cuestión artística como acto de creación, entendiendo el cine no solo como entretenimiento o producción comercial sino como una posibilidad de narrar a través de la imagen y el sonido. De esta manera, descubren que pueden transmitir muchas cosas a través de una forma, un color, la luz y el movimiento de cámara”, resaltan el realizador audiovisual y la trabajadora social.

Bajo la modalidad de multigrado, la Escuela Marcos Sastre depende del Ministerio de Educación de Santa Fe, y en la actualidad recibe a 19 niños y niñas entre 3 y 14 años. “Viven en la isla pero tienen mucho deseo de la ciudad. Todo llama su atención, quizás porque no tienen mucho acceso al celular y menos al uso de una cámara”, comentan los realizadores audiovisuales. Este es el cuarto año que participan de la Cinemateca Francesa. “Siempre nos quedó pendiente llevar la experiencia a otros lugares que tienen menos acceso. El objetivo es acercar el cine a niños y jóvenes de diferentes sectores sociales e incentivarlos en sus aptitudes y actitudes personales y colectivas”, cuentan acerca de este proyecto que hasta ahora no recibió ningún apoyo económico formal de parte del Estado.

El programa, desarrollado por una de las instituciones más importante a nivel mundial, propone incorporar el arte cinematográfico en instituciones educativas. “Antes de comenzar a producir el cortometraje, vimos películas y hablamos de la historia del cine. Luego aprendieron a manejar la cámara. Y lo hacen muy bien, solo hay que darles la posibilidad”, comentan. Además del proyecto francés, la organización Cero en Conducta desarrolla en la escuela otra propuesta llamada “Experiencia cine”, que obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes.

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Cinemateca francesa

Desde 1995, el programa “Cine, Cien años de Juventud” (CCAJ) de la Cinemateca Francesa propone a niños, niñas y jóvenes entre 6 y 18 años acercar una experiencia cinematográfica que combina el entrenamiento visual con la experiencia creativa. Este dispositivo pedagógico de enseñanza de cine en instituciones educativas se aplica en 17 países alrededor del mundo. Los talleres tienen lugar en escuelas primarias y secundarias, con la participación de una docente y un orador profesional.

Niños y niñas que viven en pequeños pueblos, grandes ciudades, zonas rurales o en las islas se vinculan con el cine de otra manera. Uno de los puntos de interés es la diversidad de los participantes, por su edad, la ubicación geográfica y el idioma.

Flores de irupé

“Suspenso en la isla” es el título que el grupo eligió para el cortometraje. Ivana, una de las alumnas de la escuela cuenta cómo comienza esta historia, escrita, dirigida y filmada por los alumnos y las alumnas de la escuela de la isla. “La película trata de un viaje que hacemos para encontrar las flores de irupé, pero mientras estamos caminando Mora y yo desaparecemos. También Agustina cuando sale a buscarnos”, relata la niña. Sentados alrededor de las seño Vivi y Belén, casi todos tiene algo para contar.

aparecemos. También Agustina cuando sale a buscarnos”, relata la niña. Sentados alrededor de las seño Vivi y Belén, casi todos tiene algo para contar.

“En esta trama aparece lo autóctono pero también lo fantástico, quisieron que la película tenga misterio y desapariciones, algo que seduce a la mayoría de chicos y chicas de su edad”, destaca la directora de la escuela. Algunos chicos fueron actores, varias nenas camarógrafas y otros se ocuparon de contar con todos los elementos a la hora de filmar. “La idea del programa es que se ocupen de todo, tanto de la parte artística como técnica”, agrega Pagiola. Todavía no tienen definido el final de la historia pero saben que será de suspenso.

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El programa internacional propone todos los años una temática diferente, en este ciclo “La sensación en el cine” es el eje elegido para trabajar. “Empezamos a ver algunos fragmentos de películas para indagar en las sensaciones y cómo se pueden transmitir en el cine. Por eso hablamos de los sentidos porque es la manera más fácil de captarlas. La idea era contar a través del corto algunas de estas sensaciones que fueron descubriendo”, continúa.

Así surge la historia del pombero, una especie de duende o espíritu de la mitología guaraní, que decidieron incluir en la historia. “Los pomberitos cuidan los pájaros y el bosque, y si alguien mata a un animal, lo castiga”, explican los más chicos sobre esta leyenda que al principio les daba un poco de miedo. Este personaje tiene una participación especial en la historia, y durante la película les advierte que deben cuidar la flor y no cortarla. También grabaron una canción sobre el irupé.

“Resulta todo un desafío emprender el proyecto con niños y niñas de edades tan dispares, incluso ésta es la primera vez que participa un grupo con estas características. Las capacidades de atención son diferentes y no es fácil conciliar los intereses, aunque en la isla transiten la adolescencia de manera diferente y sean más tímidos y callados”, apuntó Ana Belén Pagiola. La coordinadora del taller también se refirió a la ansiedad que genera el momento de la filmación. “Disponemos de una sola cámara y tienen que aprender a esperar. Además nos cuesta explicarles que eso que ven en una película y que respeta una línea de tiempo, en realidad no se filma en orden, que podemos editar y recortar un video”. Pagiola comenta que todavía restan filmar algunas escenas del cortometraje, que no puede superar los diez minutos.

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Banda sonora

El músico Nicolás Agulló, nacido en Tucumán y director de la orquesta de la Philharmonie de París, compuso especialmente la banda sonora del cortometraje junto a la orquesta “Chœurs et Orchestres des Grandes Écoles”. De esta manera la escuela podrá seleccionar entre varios fragmentos musicales, inspirados en las sensaciones y creados por el artista.

Presentes en el estreno

En junio de 2020 el cortometraje se estrena en la Cinemateca francesa de París. Durante tres días más de mil niños y niñas de los talleres escolares de los 17 países participantes, presentan sus realizaciones colectivas e intercambian las experiencias vividas a lo largo del proceso creativo. Con el objetivo de estar presentes ese día, la escuela comienza ahora otro desafío: recaudar los fondos para que un alumno o alumna y una docente puedan viajar . “No se trata solo de representar a la institución sino también a nuestra provincia y al país”, señalan desde la escuela de El Espinillo.

El programa tiene una plataforma donde se presenta cada grupo escolar y comparte su experiencia con el resto de los países participantes. El sitio es blog.cinematheque.fr/100ans20192020/author/sastre/

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Cero en conducta

Cero en conducta es un programa de talleres de cine relacionados a la infancia y a la juventud. Una de sus líneas de acción integra la educación cinematográfica en el ciclo lectivo de las escuelas públicas (primarias y secundarias) pertenecientes al Litoral Santafesino (departamento San Lorenzo) y a los Valles Calchaquíes (comprendidas en las provincias de Tucumán, Salta y Catamarca). La idea surge a partir de la inquietud de un grupo de cineastas y educadores de diversas disciplinas implicadas en lo socioeducativo y cultural dispuestos al desarrollar espacios pedagógicos inclusivos a partir de actividades artísticas.

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