Sábado 18 de Abril de 2020
Poder hacer algo, grande o chiquito, para seguir sosteniendo la ESI (educación sexual integral) cobra gran relevancia también en este contexto. Remarco nuevamente “poder” como verbo y no como sustantivo. Es decir, tener en cuenta lo que “podemos” considerando las condiciones existenciales y tecnológicas de cada comunidad, pero también de cada docente.
Sabemos de la sensación de estar “expuestxs” en la virtualidad frente a las familias (especialmente en Inicial) pero creemos que también puede ser una buena oportunidad para que puedan conocer algo de la ESI y derribar algunos prejuicios y representaciones. Por ejemplo, para que conozcan de qué se trata la ESI, partir de propuestas, cuentos, videos que les permitan un acercamiento menos prejuicioso. No arrancar con “vamos a trabajar la ESI” sino que sea “el broche”. Cerrar la propuesta diciendo: “Este video/ propuesta tiene que ver con la ESI porque...”. Ser tácticxs, que le dicen.
Por otra parte, podemos retomar los ejes de la ESI ligados a las necesidades que estamos viviendo. Breves ideas para seguir ensanchando.
Cuidar el cuerpo y la salud
No solo poniendo en valor las medidas de higiene, que hoy devienen centrales, sino poder pensar en el concepto más amplio y político de salud y de cuerpo. Compartir cómo en este contexto, cuidarse unx implica cuidar a lxs otrxs. Y, ya que estamos, aún en esta coyuntura, no olvidarnos de la dimensión del placer. Dar lugar, en las familias que están juntas (y así lo quieren y además pueden) al abrazo, a los masajes, a las caricias, al contacto de los cuerpos, que hacen bien, siempre y cuando cada unx asi lo desee. Y al contacto placentero con los propios cuerpos.
Ejercer nuestros derechos
Hoy deviene imprescindible destacar el derecho a la salud como derecho inalienable. Entender la necesidad de su garantía como política de Estado. Analizar qué sucede cuando se concibe a la salud como mera mercancía y accesible a unxs pocxs. Y por supuesto, seguir en la tarea de visibilizar, transmitir y poner en valor los derechos de niñxs y adolescentes respecto de sus cuerpos. Golpes, abusos y maltratos no cesan con la cuarentena.
Valorar la afectividad
En este contexto, necesitamos alojar, compartir, dar lugar a los afectos. Pero de la mano de la ESI y no de “la gestión, regulación y autocontrol de las emociones” propuesto por la educación emocional. Es central no trabajar desde el “deber”. Lxs chixs o adolescentes pueden no querer en determinado momento hablar de sus miedos o broncas o siquiera expresar sus emociones. En otros, el arte o la circulación de las palabras compartidas, alivia.
Respetar la diversidad
En estos días están aumentando las denuncias por discriminación en el Inadi: por ser extranjero (cierto “tipo” de extranjero), por venir de viaje (cierto “tipo” de viaje) por estar enfermx (cualquiera sea la enfermedad) y muchos etcétera más. Ahora se suma por ser personal de salud, o sea por arriesgar vidas ayudando a otrxs. Abrir esta discusión (circulan notas y denuncias al respecto ) es imprescindible hoy como parte del abordaje de este eje. Pensar y proponer con las familias qué hacer si en los edificios de cada una se ven carteles de escraches, por ejemplo. Contraponer actitudes solidarias frente a hechos que muestran cómo se exacerba el odio hacia cualquiera diferente. Analizar que hacer frente a la discriminación que sigue recibiendo la población trans y LGTBQI en esta pandemia.
Garantizar equidad de género
Las estadísticas de aumentos de femicidios, aún en cuarentena, ponen a la luz la importancia de continuar con este eje. Acercar recursos concretos a nuestras adolescentes y familias, armar y fortalecer redes de ayuda, socializar materiales de los organismos y ministerios competentes, entre otras acciones, deviene central. Por otra parte, y estando todxs en casa, podemos visibilizar e interpelar en quienes recaen las tareas de cuidado y domésticas para barajar y dar de nuevo. Para replantear la reorganización de las mismas y repartirlas entre todxs sus miembrxs.