educación

La ESI como un campo de disputas en la educación argentina

El autor propone espacios signados por el paradigma de niñas, niños y adolescentes como sujetos de derechos.

Sábado 26 de Septiembre de 2020

La Educación Sexual Integral (ESI), obligatoria por ley, es celebrada por parte de la sociedad como dispositivo de ampliación de derechos y calidad educativa, mas fuertemente cuestionada por sectores que la consideran un avance estatal sobre la autonomía de las familias en cuanto a la formación de los niños, niñas y adolescentes (NNyA). ¿Cuáles son las representaciones y argumentos subyacentes en estas posiciones antagónicas? Posiciones que dan cuenta de un campo de tensiones en el cual se ponen en juego diversas nociones en torno a los derechos humanos, lo público y lo privado, las responsabilidades parentales y docentes. Repasemos primero algunas proposiciones, no exclusiva pero eminentemente jurídicas, que se yerguen de uno y otro lado, para concluir esbozando nuestra propuesta.

Desde una mirada identificada con el esencialismo biologicista y bajo el lema “Con mis hijos no te metas”, los sectores anti-ESI se están haciendo escuchar. Su blanco es la “ideología de género”, sobre la que apuntaremos algo más adelante. Sus publicaciones suelen revestir carácter de pánico moral: la implementación del programa habilitaría a exponer pornografía en las escuelas, inducir a la autopercepción de género, iniciar en perversiones. Más allá de estas líneas discursivas de índole emocional y escaso valor argumentativo, ¿qué subyace en el posicionamiento de este colectivo? Básicamente, la libertad de los progenitores a brindar a los hijos una educación coherente con sus convicciones, reconocido en la carta magna nacional (el derecho a enseñar del artículo 14) y más explícitamente aun en la constitución de nuestra provincia (artículo 110), en tratados internacionales (artículo 26 inciso 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos) y en el artículo 5º de la propia ley 26.150.

En contraste, y desde miradas más ligadas al constructivismo sociocultural, los postulados pro-ESI ensayan límites a ese derecho parental a partir de una interpretación integral y progresiva de las normas jurídicas aplicables. La ESI se apoya en la concepción de los NNyA como sujetos de derecho, titulares de la potestad de acceder a una serie de contenidos públicamente configurados más allá de cualquier sistema de creencias. Pues el derecho a enseñar de los padres es una de las caras de la moneda del derecho a la educación, siendo la otra el derecho a aprender.

Veamos un contrapunto normativo en particular. Se señaló un múltiple reconocimiento normativo del derecho de los padres a elegir para sus hijos el establecimiento y tipo de educación de su preferencia: de esto infieren los anti la potestad de elegir una educación “libre” de ESI, o bien con una ESI “a medida” de las convicciones particulares. Sin embargo, el posterior Código Civil y Comercial de la Nación, receptor del interés superior y la protección integral de NNyA, determina que los progenitores deberán “respetar el derecho del niño y adolescente a ser oído y a participar en su proceso educativo”, en el marco de la autonomía progresiva.

Ante la balanza de dos platillos, identificando uno de ellos con el derecho de los padres a enseñar y el otro con el de NNyA a aprender, ciertos pensadores cargan todas las pesas sobre el segundo. El español Alba Rico, por ejemplo, sostiene que de la condición parental no puede derivarse ningún derecho público sobre otro ciudadano, por muy grande que sea el amor involucrado. No son los padres los que tienen un supuesto derecho biológico de elegir cómo educar a los hijos, sino que asiste a éstos el derecho ciudadano a una educación de calidad, con arreglo a los estándares científicos vigentes y en un medio protegido de todos los intereses particulares, de clase, de credo o de parentesco. Dicho de modo más simple: puede que sean “nuestros” hijos, pero no nos pertenecen.

¿Será plausible un horizonte de consensos básicos que supere esta disputa? Difícilmente respondan a un llamado al acuerdo quienes optan por blindarse en posiciones intransigentes, emocionales o dogmáticas. No obstante, es posible enfatizar ciertos ejes conceptuales de la ESI contra los cuales resultará poco viable construir argumentos que resulten consistentes con una concepción democrática y pluralista. El criterio ya señalado de educación enmarcada en los parámetros científicos de la época y a salvo de todo interés particular nos parece legítimo a la hora de acordar algunos saberes de ESI a los que todo NNyA debería acceder. En ese sentido, investigaciones como la de Germán Torres (“Estado, sexualidad y género en la propuesta católica para la educación sexual”, 2018) dan cuenta de los acuerdos logrados entre representantes de diversos credos y posicionamientos en los primeros tiempos de vigencia de la ley de ESI. Asumiendo estos “estándares científicos” epocales en sentido amplio, es pertinente considerar aquellas contribuciones provenientes de diversas disciplinas sociales que actualizan la agenda de los derechos humanos, a partir de las cuales se han construido nociones convencionalmente aceptadas en toda sociedad libre.

Un esbozo de esos ejes o pilares fundamentales de la ESI sería el siguiente:

• Una concepción integral de la sexualidad, asociada a lo afectivo, a la libertad y al cuidado de sí y lo/as otro/as.

• El derecho a vivir de acuerdo a la orientación sexual que fuere, y a salvo de cualquier discriminación por tal motivo.

• La libertad de construir un proyecto de vida acorde a cualquier credo, convicción o sistema de creencias.

• El reconocimiento a la autonomía corporal de cada individuo, fundado sobre la empatía, la solidaridad y la búsqueda autónoma de la felicidad, y en contra de la patologización de los proyectos de vida que se apartan de lo históricamente sedimentado como normal.

• La construcción de una conciencia crítica ante la creciente mercantilización de las relaciones y la circulación de representaciones que importan vulneración de derechos.

• La perspectiva de género, cuya finalidad es impregnar transversalmente leyes e instituciones del ideal de igualdad de oportunidades para varones y mujeres (algunos autores distinguen a la “perspectiva” de la “ideología” de género, siendo la pretensión de esta última la completa homogeneización del varón y la mujer, ignorando cualquier diferencia, incluso biológica: ¿otra postura que, al igual que los credos, contaría como “interés particular” de un sector, más allá de los “estándares científicos de la época”?).

• La promoción de una crianza alejada de estereotipos de género articulados con la discriminación.

• La disponibilidad de diversos métodos anticonceptivos a los que se puede recurrir de acuerdo a la autonomía y las convicciones de cada individuo, en pleno conocimiento de las implicancias de cada uno de ellos.

• La construcción de espacios de convivencia escolar signados por el paradigma de NNyA como sujetos de derecho, en los cuales pueda habilitarse la circulación de la palabra en torno a lo que los propios estudiantes aportan (en términos de deseo, miedo, angustia, energía vital), preservando a la vez el valor de la palabra del adulto y el derecho a la privacidad.

Una propuesta de ESI compatible con una “ética de los mínimos” basada en los derechos humanos, de carácter consensual, sustentable en una sociedad que respeta toda creencia pero no tributa al “ser humano ideal” de ninguna de ellas. Una plataforma de acuerdos que permita que todo NNyA, cualquiera sea la cosmovisión de su familia y el ideario de su escuela, pueda acceder a contenidos de ESI públicamente legitimados y tendientes a una convivencia construida sobre la aceptación de los proyectos de vida más diversos.

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