Viernes 18 de Agosto de 2023
En el patio de la Facultad de Ciencias Médicas, días atrás, escucho a una joven que le explica a sus compañeros/as que “Milei está completamente loco, pero que es el único candidato que sabe de economía”, y asegura que es la mejor alternativa. Esa muchacha y quienes la escuchan atentamente estudian en la universidad pública y gratuita (que Milei quiere privatizar) y algún día (ya no dependerá de cuánto se esfuercen o estudien para finalizar sus carreras y convertirse en profesionales/trabajadores de la salud) van a ser parte de los servicios de la salud (que Milei también quiere privatizar). No es una especulación o una suposición. Eso mismo declaró Milei públicamente: privatizar la educación y la salud, como uno de los proyectos de su plataforma política, entre otros que aterran.
Puedo entender que algunos/as candidatos quieran eliminar los derechos del pueblo porque, para ellos/as, sólo son gasto público (vale para la salud, la educación, el trabajo, la jubilación, la seguridad social, todo lo conquistado, y que ellos/as quieren dejarlo en manos del mercado). Lo que me resulta difícil de comprender es que el pueblo vote en contra de sí mismo y, más aún, cuando se trata de la juventud que, para mí, siempre es promesa y porvenir. Porque, a diferencia de lo que sucedió en otras elecciones en nuestro país —que se sostuvieron en el engaño organizado y las falsas promesas—, en esta ocasión, Milei no tiene el menor reparo de exponer sus aberrantes ideas como proyectos a cumplir si llegara a convertirse en presidente. Aseguró querer eliminar diferentes ministerios, entre ellos el de Educación, así como también la obligatoriedad y la gratuidad de la educación (un derecho incuestionable garantizado por convenciones internacionales, la Constitución Nacional Argentina, legislaciones nacionales y provinciales), junto con tantos otros derechos, que este señor ya nos advirtió que piensa arrebatarnos. Derechos, que ahora (en realidad, cada vez que la derecha tiene chances de alcanzar el poder) intentan ser emparentados con el gasto público, cuando solo son obligaciones del Estado. Obligaciones que deben cumplir todos los gobiernos para que los pueblos puedan vivir mejor, sobre todo, los siempre postergados.
Sin dudas, los medios de comunicación serviles al poder real y económico, que generan odio, han hecho un enorme aporte para que Milei se haya convertido en el candidato más votado en las Paso. Este señor expresa con profunda violencia lo mismo que muchos medios reproducen cada día. Es una clara expresión de fascismo disfrazado de aparente “rebeldía” y “rock and roll”, dentro de un traje impecable, con peinados desalineados, la boca llena de gritos y palabras absurdas (aunque efectivas hasta el momento) y un cuerpo que hace ademanes montando un show que para muchos jóvenes, puede convertirse en un espectáculo peligrosamente encantador.
En honor a los 40 años de democracia (mientras esperamos que quienes nos gobiernan hagan lo que tienen que hacer, y mientras escuchamos los análisis de los expertos/as en el tema, que nos ayudan a comprender), las y los docentes tenemos tarea: educar a las nuevas generaciones para que tengan plena conciencia de sus derechos y asuman la responsabilidad/obligación de cuidarlos siempre, que puedan leer críticamente la realidad, que no caigan en la trampa del verdadero adoctrinamiento que imponen los medios de comunicación y las redes sociales, para que no consuman y reproduzcan todo lo que leen y escuchan, para que sean capaces de pensar por sí mismos/as. Porque como dice la querida Liliana Bodoc, “los docentes debemos traer de regreso la honra de «ser» contra la soberbia de «poseer». Los sueños apasionados contra las quimeras hollywoodenses, la luz de la diversidad contra los reflectores de las pasarelas. Debemos preparar a nuestros niños para la pelea del pensamiento, porque la opción es la pelea o la esclavitud”.
Ojalá que estemos a tiempo de cambiar el futuro que nos auguran los resultados de las últimas elecciones, y si no fuera posible, al menos, tenemos la obligación de preparar a nuestra juventud para lo que se viene, que no será nada fácil, porque lamentablemente nos costará sangre, sudor y lágrimas.