Educación

"La crisis obligó a repensar las prácticas escolares"

Un libro de reciente edición propone incorporar nuevas tecnologías desde experiencias concretas

Sábado 28 de Noviembre de 2020

“Hay que romper con la separación entre lo escolar y el resto de las cosas. Permitir que las paredes sean permeables y dejen ingresar otras voces: de especialistas, de fuentes de información y también hacer llegar la voz de la escuela a otros ámbitos”. La invitación es de Corina Rogovsky y Francisco Chamorro, docentes y autores de Cómo enseñar a aprender. Educación, innovación pedagógica y tecnología en tiempos de crisis. Un libro de editorial La Crujía que propone socializar experiencias innovadoras e inspirar a nuevas prácticas.

Los especialistas se definen como tecnólogos educativos, y desde esta especialidad acompañan y asesoran a docentes y directivos que integran la Red Educativa La Salle, conformada por más de quince escuelas a lo largo de todo el país, ancladas en sectores urbanos, populares y rurales. En diálogo con La Capital, cuentan que la obra recoge experiencias concretas de esos docentes y ofrece propuestas creativas en su aplicación, aún en contextos adversos.

“Partimos del reconocimiento de una crisis y de la existencia de un contexto desfavorable para muchas comunidades educativas, evidenciadas en la exclusión digital”, explican. Con una concepción de innovación educativa ligada a la creatividad y a la creación de nuevas posibilidades de encuentro, proponen generar nuevas arquitecturas que propicien la construcción de saberes con los otros..

—El libro parte de una concepción del conocimiento como construcción colectiva. ¿Qué rol juega la tecnología en esta noción?

—Francisco: Creemos que el conocimiento se construye en interacción junto a otros, no se transmite unilateralmente. Hoy hay tecnologías digitales y móviles que permiten colaborar junto a otro, compartir, atravesar barreras en cuanto al espacio físico. Las tecnologías nos permiten promover esas interacciones a partir de las cuáles se pueden construir saberes. Interacciones con intencionalidad y objetivos pedagógicos.

—La obra aborda el concepto de aprendizaje móvil. ¿Qué implica?

—Corina: Tiene que ver con la ubicuidad, con las posibilidad de acceder al conocimiento desde cualquier lugar a través de dispositivos móviles. Es necesario reconfigurar los tiempos y los espacios del encuentro pedagógico.

—Francisco: Incluimos ese concepto queremos decir que es necesario y posible pensar otros tiempos y otros espacios escolares.

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—También se plantea que la tecnología posibilita pensar en aulas más permeables, donde la escuela dialogue con los saberes del afuera. ¿De qué modo?

—Corina: Esta metáfora es interesante por la idea de romper con esta separación entre lo escolar y el resto de las cosas. Permitir que las paredes sean permeables, que dejen ingresar otras voces: de especialistas, de fuentes de información y hacer llegar la voz de la escuela a otros ámbitos. Por eso nos gusta hablar de paredes porosas.

—Francisco: La apertura, la permeabilidad y el diálogo de la escuela con el afuera —y viceversa— también lo entendemos como una forma de dejar entrar la cultura de los jóvenes y niños, con sus prácticas. Un ejemplo concreto es el clásico laboratorio de informática: como lo concebíamos hace un tiempo, con una CPU fija para trabajar en forma individual, ya no tiene nada que ver con los usos y prácticas de los chicos respecto a la tecnología. Por eso traer su cultura y la tecnología móvil es traer los espacios por donde transitan usualmente los estudiantes. También es importante traer hacia adentro las temáticas que los interpelan, como ciudadanía digital, sus prácticas en redes sociales y cómo ponen en juego la afectividad. Es necesario traer estos temas para que la escuela pueda poner palabras, entenderlos, pensar críticamente y transformar lo que sea necesario.

—¿Esta crisis dio lugar a un empoderamiento de la docencia, en la medida que recuperaron su rol de autores y diseñadores de sus recursos didácticos?

—Corina: Sí, esta situación puso patas para arriba a la escuela, obligó a repensar las prácticas y a generar nuevos códigos para comunicarnos con los estudiantes. Obligó a los educadores a formarse y apropiarse de prácticas tecnológicas que tal vez formaban parte de sus consumos personales, pero integrarlas a sus propuestas didácticas.

—Pero el uso de herramientas tecnológicas no siempre implica el ejercicio de prácticas innovadoras y colaborativas.

—Francisco: Totalmente. Al principio lo que se vio fue eso, la digitalización de lo que se venía haciendo en presencial, sin tocar la fibra más íntima de la propuesta educativa. La innovación tiene que ver con propuestas pedagógicas que incluyan a la tecnología pero también a otros elementos, como la gamificación o la ludificación. Propuestas inmersivas donde los estudiantes cumplan un rol.

—Corina: La pregunta que hay que hacerse es, ¿esto que yo hoy hago con tecnología puedo hacerlo sin ella? Si la respuesta es afirmativa entonces, ¿cuál es el sentido de digitalizarlo? Si no hay un plus, y ese plus no viene por nuevas interacciones y nuevas posibilidades, entonces carece de sentido.

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