La historia de la foto

La abuela que aún extraña la escuela

Estela de Carlotto fue maestra y directora. Tuvo que dejar la docencia para buscar a su nieto

Sábado 21 de Octubre de 2017

Debajo del pañuelo blanco de Estela de Carlotto hay una maestra. Una mujer que ejerció la docencia durante 27 años y que tuvo que colgar el guardapolvos para salir a buscar a su nieto, nacido en un Hospital Militar. Laura, su hija, había sido secuestrada y asesinada en el centro clandestino "La Cacha". El nombre de ese lugar nació de un juego siniestro de los represores, que se jactaban en decirles a los detenidos que estaban en "La Cacha de Cachavacha, la bruja que desaparece gente", en referencia a uno de los personajes del dibujo animado Hijitus, muy popular en aquel entonces.


Estela tenía 7 u 8 años y ya recibía a los compañeritos que iban a su casa para que los ayude en algunas materias. Por eso su mamá no se sorprendió cuando ella le contó que quería ser docente y en el Colegio Nuestra Señora de la Misericordia de La Plata se recibió de bachiller con título de maestra.

Los primeros pasos los dio en una escuelita plurigrado de Brandsen: primero como suplente y después como interina, hasta que llegó a directora por concurso de antecedentes y oposición. "Fui muy comunicativa con los pibes, de incentivarlos al baile, la poesía, el teatro de títeres, el club de niños jardineros, la Cruz Roja", le contó Estela a La Capital en una entrevista hace tres años.

Todavía era directora en La Plata cuando secuestraron a su esposo Guido. Pero dejó definitivamente la escuela cuando, tras el crimen de su hija Laura, empezó el largo camino de 36 años buscando a su nieto: "Ejercí la docencia con mucha vocación. Por eso sentí mucho dolor cuando tuve que dejarla involuntariamente con la dictadura".

Mañana, 22 de octubre, Abuelas de Plaza de Mayo celebra 40 años de lucha, en homenaje al nacimiento de Estela, que cumple 87. Desde 2004 esa fecha fue instituida como el Día Nacional del Derecho a la Identidad.

Cuando en 1977 Estela se sumó a Abuelas la recibieron con los brazos abiertos. "Qué suerte, una maestra para hacer cartas", le dijeron contentas. Ese día se convirtió en la encargada de escribir las cartas para preguntar por el paradero de los nietos desaparecidos.

Cuarenta años pasaron de aquel día y Estela aún se siente maestra. Por eso disfruta cada vez que la invitan a una escuela a hablar con los chicos y maestros: "Extraño la escuela, por eso cuando veo los guardapolvos, siento ese olor de escuela que hay y hablo con los chicos me gusta mucho. Me encanta el ambiente".


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