Educación

Hiroshima, Nagasaki y el desafío de educar para la paz

A 74 años de las bombas sobre Japón, el rol de los educadores para fomentar el amor, la fraternidad y la solidaridad en la juventud.

Sábado 10 de Agosto de 2019

Con sólo tres días de diferencia, entre el 6 y el 9 de agosto de 1945, la humanidad toda, y en especial el pueblo japonés, vieron destruirse dos ciudades y morir —y quedar moribundos, quebrados sus huesos, calcinados por la tremenda ola de viento y fuego— a cientos de miles de personas, víctimas de las explosiones atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

La Segunda Guerra Mundial terminaba, con la aplastante victoria de los Aliados: Estados Unidos, Unión Soviética, Inglaterra y otros países. Derrotados Italia, la Alemania nazi, derrotada por la Unión Soviética y otras fuerzas Aliadas, quedaba en guerra solamente Japón, cuya caída era también inevitable, asediado por las tropas norteamericanas.

No se necesitaba en ese momento que dos bombas atómicas destrozaran a esas ciudades y sus habitantes. Pero había que probar el tremendo impacto de esa arma, y los jefes políticos y militares no dudaron en hacerlo.

A 74 años de esos acontecimientos vale la pena recordarlos. A pesar de no desarrollarse otra guerra mundial, la humanidad ha vivido permanentemente amenazada por conflictos que pudieran desembocar en una guerra nuclear. Esa perspectiva lleva encerrada en sí misma la idea de la extinción de la vida y la especie humana.

Como dice el pensamiento de Arthur Koesther: "Desde los albores de la conciencia humana hasta el 6 de agosto de 1945, el hombre tuvo que vivir con la perspectiva de su muerte como individuo. Desde el día que la primera bomba atómica eclipsó al sol en Hiroshima, la humanidad entera ha tenido que vivir con la perspectiva de su extinción como especie".

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Una explosión nuclear

La explosión nuclear producida por una bomba varias veces mayor que la de Hiroshima, pero también muchas veces menor que la que transportan los submarinos atómicos Trident de los Estados Unidos, ocasionaría, de caer en el centro de una ciudad un poco mayor que Montevideo, la devastación de una zona de 180 kilómetros de radio. Es decir, llegaría a Colonia al oeste, pasaría Punta del Este al este, llegando a cerca de Durazno por el norte. Produciría en la población 250 mil muertos, 500 mil heridos graves motivados por el soplo atómico (vientos de más de mil kilómetros por hora), con fracturas óseas, graves lesiones en los tejidos blandos, lesiones del aparato respiratorio, desprendimientos de retina y heridas debidas a las radiaciones con síndromes agudos y efectos retardados. Pensando en concentraciones urbanas como Buenos Aires, San Pablo o Lima, habría un costo millonario de víctimas.

Sin llegar a estas consecuencias terribles, la guerra continúa en muchas partes del mundo, llenando de muerte y destrucción a países como Irak, Siria, Afganistán, regiones de Africa, Palestina, zonas de Colombia y otras regiones.

Los mismos responsables de Hiroshima y Nagasaki comandan la actual escalada de guerra y violencia en el mundo. Han surgido, en los últimos meses amenazas de conflictos entre diversos países. Estados Unidos encabeza la lista de países con una gran carga de armamentos nucleares. En materia de gastos en la carrera armamentista, aparece Estados Unidos a la cabeza, seguido por China, Arabia Saudita, India, Francia y Rusia. La cifra total de gastos en 2018 fue de 1,82 billones de dólares, según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (Sipri, por sus siglas en inglés).
"Debemos contribuir a desarmar las mentes humanas. Lamentablemente reina en el mundo la cultura de la violencia"

Educar para la paz

No debemos permanecer indiferentes ante esta situación. Debemos contribuir a desarmar las mentes humanas. Lamentablemente reina en el mundo, y cuánto más desarrollado y civilizado es más, la cultura de la violencia. Juguetes, videos, juegos, revistas, películas, libros estimulan, fomentan, alaban la destrucción, la muerte, el armamentismo, el destruir al enemigo, el poner sobre todas las cosas el interés mezquino de cada uno.

Cómo dice el magnífico cantoautor Víctor Heredia en su canción Aquellos soldaditos de plomo, "de pequeño yo tenía un marcado sentimiento armamentista". Poco hacemos para llenar de ideas de paz, amor, fraternidad, solidaridad, la mente de nuestros muchachos.

No pueden pasar desapercibidas estas fechas, estos acontecimientos. Debemos trabajar los educadores y todos los medios masivos de comunicación, tan importantes o más que el sistema de educación formal, para construir la paz en las mentes de nuestros jóvenes, los ciudadanos del futuro.

(*) Integra el Movimiento de Educadores por la Paz de Uruguay

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