Educación

"Hay que avanzar hacia una escuela inclusiva"

María José Borsani propone ir hacia un paradigma que garantice una educación socialmente justa.

Sábado 08 de Agosto de 2020

El sistema educativo argentino tiene muchos desafíos que atender. Quizá uno de los que requiere mayor acompañamiento a los docentes sea el abordaje de la diversidad y la creación de aulas inclusivas. María José Borsani asume el reto y con la intención de brindar ese acompañamiento necesario ofrece su nueva obra Aulas inclusivas. Teorías en acto, de Homo Sapiens Ediciones. El libro se presentó esta semana a través de Facebook Live.

   Borsani es terapista ocupacional en salud mental por la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y maestra especializada en educación diferencial. En diálogo con La Capital propone el desafío de dar un paso adelante y progresar desde una escuela integradora hacia una inclusiva. Entiende que el paradigma integrador constituyó un momento importante de evolución dentro del sistema educativo tradicional, pero que es necesario hacer una nueva apuesta que implique comprometerse con el paradigma de la diversidad y la inclusión. Una instancia superadora que garantice una educación socialmente más justa.

   —El libro parte de la idea de que la diversidad del alumnado es un valor en sí mismo. ¿Cree que en el sistema educativo se percibe de ese modo?

   —Depende de la mirada de los y las docentes se percibe la diversidad como un valor en sí mismo o como un problema. Depende de quien esté mirando a ese alumno, si quien lo mira lo hace desde la perspectiva del derecho que tiene ese niño de recibir la mejor educación, entonces lo hace desde la diversidad. Pero si quien lo está mirando está parado en un paradigma tradicional, homogeneizante, que tiene un perfil de alumno esperado, entonces en ese caso la diversidad pasa a ser entendida como un déficit, como una dificultad. Esta diferencia está determinada por la concepción que tiene quien enseña acerca de los alumnos y sus aprendizajes.

   —¿Cómo ve la formación de los futuros docentes respecto del abordaje de las diferencias?

   —Si bien la idea es que en los institutos de formación docente haya una transversalidad respecto del trabajo con las diferencias, muchas veces estas cuestiones del aula inclusiva están abordadas en un seminario o en un trayecto optativo. En los profesorados se debe entender que éste es un contenido que se debe abordar transversalmente, porque la escuela inclusiva tienen que ser trabajada desde la transversalidad. Luego dependerá mucho de la mirada que tenga la institución, donde va a trabajar ese docente y los lineamientos que cada escuela lleva a la práctica.

En los profesorados se debe entender que el aula inclusiva es un contenido que se debe abordar transversalmente"

   —En el libro están definidos los conceptos de “integración educativa” y “escuela inclusiva”, siendo esta última superadora de la primera. ¿Se está a mitad de camino?

   —Exactamente. Hay que contextualizar estos conceptos porque son construcciones ligadas a lo que cada docente éticamente concibe como el acto de educar y también a los lineamientos de la institución en donde está trabajando. La escuela tradicional, homogeneizadora, ha hecho un gran movimiento y esfuerzo frente a los proyectos de integración educativa. Pudo mover ciertas cuestiones y ampliar el abanico de miradas hacia los alumnos. En esa instancia se constituyó el paradigma integrador, lo que ha implicado un arduo trabajo. Ahora hay que ir por más, hacer una nueva apuesta, superar el paradigma integrador y avanzar hacia una escuela inclusiva. El paradigma integrador sigue proyectando una escuela similar para la mayoría y hace ciertas modificaciones para algunos alumnos, o sea que planifica pensando en el alumno promedio y arma acciones individualizadas para dar respuestas a algunos chicos. La riqueza del aula inclusiva es casualmente pensar en un diseño universal, en un enfoque multinivel que incluya el aprendizaje de todo el colectivo que está en el aula, un aprendizaje de calidad para todos, sin perder de vista las necesidades de cada uno, corriéndose de la lógica de la homogeneidad y ubicándose en la lógica de la diversidad.

   —”Es la escuela la que se adapta al alumno y no el alumno a la escuela”. ¿Esta máxima explica el concepto de escuela inclusiva al que hace referencia?

   —Sí, el aula inclusiva implica que la escuela va a garantizar aprendizaje de calidad para todos los alumnos. Aquí la escuela lo que hace es una propuesta curricular abierta, de base flexible, que ha sido revisada en función del alumnado que tiene. El paradigma inclusivo pretende que cada grupo pueda ir haciendo un aprendizaje plural y compartido, respetando también el aprendizaje personal de cada uno.

   —Su libro plantea que la escuela inclusiva renuncia a un espíritu homogeneizador para garantizar la educación de todos. ¿Cuánto queda de esa escuela homogeneizadora?

   —Claro que quedan resabios, y además ante cada momento de incertidumbre que percibe el sistema en general, lo que se hace es retornar a esos resabios. Si uno busca las bases de la escuela homogeneizadora hay que decir que ni siquiera son del siglo pasado, hay que remontarse a la ley 1420. El sistema educativo ha ido avanzando y se ha ido modificando pero los resabios son muy fuertes, y esa es una de las grandes barreras con las que hoy nos encontramos. Hay barreras ideológicas y pedagógicas vigentes, pero cuando un docente piensa en el derecho a la educación, a la igualdad de oportunidades y a la equidad, ahí se está corriendo totalmente del paradigma homogeneizador. El sistema educativo recibe una amplia variedad de alumnos, el mismo sistema que es garante de la educación de todos debe repensar que tan excluyente son a veces sus prácticas.

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