Mi anécdota

"Hacelo por mí"

Hace unos días visité una escuela en la que una docente arma cada año una feria de libros para los alumnos y profesores.

Sábado 23 de Septiembre de 2017

Hace unos días visité una escuela en la que una docente arma cada año una feria de libros para los alumnos y profesores. Cuando llegué, en la puerta estaba estacionado el coche de la brigada de explosivos, creo que no hace falta describir mucho más. Llamativamente la escena se repitió poco tiempo después: tránsito cortado y brigada explosivos en otras escuelas. Y las noticias ya las conocemos los que vivimos en Rosario.

Hubiera bastado con cerrar los ojos y hubiera podido soñar con que había regresado en el tiempo a mi época de escuela; sin embargo, esta situación despertó en mi otra cosa que aún se hallaba dormida, y lejos de volver a ser el pequeño fascista que pude haber sido en mi adolescencia de conservador, y quizás un poco más sensibilizado por la grave coyuntura, vinieron en forma de preguntas acerca de este espectáculo dinamítico.

¿Qué podría llevar a una persona a querer poner una bomba en una escuela (y no en otro lugar público)? ¿Qué podría llevar a otra persona a hacer el simulacro, la pantomima, de denunciar una bomba en un colegio? ¿Qué puede llevar a una persona a querer matar? ¿Qué puede llevar a una persona a decir que existe alguien que quiera matar, o amedrentar? ¿Qué interés puede tener alguien en hacer explotar algo en un momento determinado? Parecen preguntas tontas y rebuscadas que no ayudan a pensar en el fenómeno; pero buscaba resumir y condensar una situación, como si el que las formulara fuera el chico inseguro que era hace 22 años atrás. Quizás porque me gustaba ir a la escuela no lo entendiera, quizás porque no sentía la necesidad de tener que estudiar para poder aprobar los exámenes, o porque no veía en los docentes a un enemigo atroz, o porque sencillamente era demasiado trabajo tener que pensar en una puesta en escena con la idea genial de romper la rutina, por todo esto, jamás se me hubiera ocurrido semejante acción. Ni siquiera disfruté cuando un día nos hicimos la chupina.

Pero en esa época teníamos una canción que era como un himno, "Hacelo por mí", en cuyo disco dos canciones después traía otra que era "hay una bomba en el colegio", que arrancaba con un riff de guitarra que tocábamos apenas sin saber los acordes. Y para mí, pensé entonces, siempre va a ser esa canción la banda sonora de esta nueva vieja moda, que vuelve como todas las modas, de la estupidez. Y pensar que las amenazas de bomba terminaron en la misma época en que se puso de moda secuestrar aviones y estrellarlos contra edificios altos.

Ya sabemos cómo termina todo esto: gente agolpada en las puertas blindadas de los bancos, caballería reprimiendo a mansalva, algunos muertos más y un helicóptero; ocho o diez años de políticas sociales que siempre están casi a punto de lograr algo, y luego muchos fuegos artificiales en los diarios, deuda externa, amenazas de bombas y así sucesivamente.

Para otro día guardo, entonces, la anécdota de la biblioteca y mi ñoñez, y la del cura que organizaba ferias de libros en el gimnasio del colegio en Venado Tuerto.


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