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Felicitas y el ejercicio de la escritura como una forma de catarsis

Desde muy chica, Felicitas Eiguren comenzó a cultivar una estrecha relación con la lectura y la escritura.

Sábado 12 de Octubre de 2019

Desde muy chica, Felicitas Eiguren (17 años) comenzó a cultivar una estrecha relación con la lectura y la escritura. Pero desde hace unos seis años que comenzó a volcar en textos esas ideas que venían resonándole en la cabeza.

Para la joven alumna del Normal 3, escribir es como un ejercicio de catarsis donde vuelca su fascinación por el mundo, vivencias y temas que atraviesan su interés, como la muerte, la juventud o la belleza. O cosas "que parecen muy ordinarias pero que les encuentro cierto brillo de particularidad".

En cuanto a los géneros, Felicitas escribe sobre todo poesía, aunque también se anima a los relatos cortos. De hecho un cuento suyo titulado El par fue publicado en un libro editado por la Editorial Ciudad Gótica.

La adolescente reconoce en los autores del llamado boom latinoamericano sus grandes fuentes de inspiración. Un conjunto de textos que describe como "una explosión de obras maravillosas que convirtieron el lenguaje latinoamericano en universal". Y agrega: "Es cierto que en esta época tal vez se ha apagado el boom latinoamericano debajo de aguas un poco frívolas, pero todo eso se puede recuperar, volver a producir y volver a ser un territorio apasionante.

"Escribir —dice Felicitas— se siente como cierta liberación, una incógnita que se revela, algo que ha estado escondido y se presenta, se desnuda".

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Todo es veneno

La mera tarea de mantener los ojos abiertos es una odisea de nunca acabar, pero quien me vea sin sospechar de la ponzoña que reberbera eterna y lúgubre a través de mis miembros pálidos verá que he caído víctima de la pereza.

Y tal vez yo le de la razón.

Hasta admitirme vaga y viciosa resulta más digno que confesar esta dificultad para existir que me azota desde siempre y su origen en un padecimiento aún más primal que el desgano, ese malestar encarnado en mí como un gen maligno

que puede remontarse hasta el pecado original,

el primer bosquejo de mi existencia.

Soy hierba mala, siempre lo pensé; hierba infértil, hierba que sueña con algún día ser árbol,

pobre yuyo pisoteado en el camino de los hábiles,

desafortunado brote que germinó en un laberinto de espinas,

vergonzoso ser carente de voz, de alma y movimiento,

sólo poseedor de un cuerpo insípido, de una sangre amarga.

(*) Extracto de “Todo es veneno, nada es sin veneno”.

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