Educación

"Falta mayor alfabetización científica"

Carlos Gho es director de la carrera en aplicaciones de la tecnología nuclear en el Instituto Balseiro.

Sábado 24 de Agosto de 2019

El profesional del Instituto Balseiro participó a principios de mes de un encuentro organizado en Rosario entre los jefes de los cinco reactores nucleares del país de baja potencia, que se utilizan para uso académico, de investigación y medicinal. "Entre las distintas aplicaciones que tiene la energía nuclear, existen básicamente dos tipos de reactores nucleares", explicó a La Capital el científico, a modo de introducción. Los reactores de potencia, que se utilizan para generar electricidad, y los de investigación para trabajar en diversas líneas de experimentación y producir radioisótopos. En la Facultad de Ciencias Exactas de la UNR se encuentra el reactor RA-4, los otros están en Bariloche, Ezeiza, Constituyentes y Córdoba".

"La gente suele estar en contra de la energía nuclear por desconocimiento", afirmó el licenciado en física. Y agregó: "La sociedad no está en condiciones ni tiene la información tecnológica suficiente para evaluar por sí misma la trascendencia y aplicación de la energía nuclear".

En el marco de su visita a la ciudad, el científico ofreció además una charla en el Politécnico destinada a alumnos y alumnas del secundario y universitarios. Durante el encuentro se refirió al estado y proyección de la energía nuclear en el país, principalmente en la producción de energía nucleoeléctrica.

Carlos Gho es licenciado en física en el Instituto Balseiro de Bariloche y doctor en ingeniería nuclear por la Universidad de Grenoble, Francia. Además es director de la especialización en aplicaciones de la tecnología nuclear del Instituto Balseiro, dependiente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y de la Universidad Nacional de Cuyo; y máster en gestión de riesgos ambientales de la Universidad de Poitiers, Francia.

"Quería encontrar alguna fundamentación técnica que quizás desconocía y también comprobar que algunos planteos ambientalistas podían ser erróneos", dijo. En una entrevista con este diario, Gho habló sobre sus desafíos personales, los avances científicos y aplicaciones nucleares en Argentina, y la formación de los jóvenes.

—¿Imaginó de chico que se dedicaría a la ingeniería nuclear?

—De niño era muy inquieto y me interesaba saber cómo funcionaban las cosas. En algún momento leí un folleto de divulgación de Walt Disney que se llamaba algo así como "Mi amigo el átomo" y me pareció interesante. Mi padre era piloto de avión y me llevó a la feria mundial de Nueva York cuando tenía doce años. Allí había algunos stands sobre energía nuclear. Así fue que me propuse estudiar esto cuando fuera más grande. Como no existía en esa época en la Argentina la carrera en ingeniería nuclear, decidí estudiar física en el Instituto Balseiro.

—¿Cuáles son los desafíos más difíciles que afrontó en la profesión?

—Viajar con cuatro hijos pequeños a Francia para obtener mi doctorado, un desafío que involucró a toda la familia. Luego de vivir cuatro años en ese país, obtuve un trabajo de desarrollo posdoctoral con el que podría haberme quedado allá. Pero tenía un compromiso con la Argentina, que me había pagado los estudios y decidí volver, algo de lo que no arrepiento. Otro desafío importante es el reactor RA-10, que estamos construyendo en Ezeiza para múltiples aplicaciones. Pero el mayor logro personal fue crear en el año 1996 una carrera de posgrado para la especialización en aplicaciones tecnológicas de la energía nuclear en el Instituto Balseiro. Formamos a profesionales de ciencias duras de todas partes. Biólogos, geólogos, físicos, químicos e ingenieros, y la presencia de estudiantes mujeres alcanza casi el 40 por ciento.

—Entre las aplicaciones en tecnología nuclear, ¿cuáles se destacan hoy en la Argentina?

—La producción de energía eléctrica y la utilización de los reactores nucleares para producir radioisótopos para la industria y la medicina. En este momento existe un proyecto grande a nivel nacional que es la puesta en marcha de varios centros de medicina nuclear, que tienen equipos como los famosos PET (Tomógrafos por Emisión de Positrones). Hemos desarrollado uno modelo local en el país.

—¿Cómo está posicionado el país en este desarrollo?

—En aplicaciones como la industria y el agro está muy desarrollada, estamos jugando en primera. Con respecto al tema de la producción de reactores de investigación, somos uno de los cinco países en el mundo de mayor capacidad de construcción. Hemos exportado reactores a Perú, Argelia, Egipto, Australia, Arabia Saudita y ahora los hacemos a Holanda, y además competimos con otros oferentes de países centrales como Francia, Rusia o Corea. Entre los reactores para producir energía eléctrica, Argentina desarrolla hoy el proyecto Carem, un reactor de baja y media potencia que estará vigente en los próximos 25 años en el mundo. Nuestro país es el primero en desarrollar estos reactores, pero es fundamental que el Estado siga apostando a esto.

—¿Cuál es la percepción que tiene hoy la sociedad respecto de la energía nuclear, en qué medida se conocen o desconocen estos avances de los que estamos hablando?

Hay gente interesada con opiniones a favor y en contra, pero son una parte menor de la sociedad. A la gran mayoría le resulta indiferente, y según las circunstancias puede ubicarse de uno u otro lado. Se horrorizan por Fukushima y celebran si cura el cáncer. Ante los desafíos tecnológicos actuales, la sociedad no está en condiciones ni tiene la información tecnológica suficiente para evaluar por sí misma la trascendencia de esto: los pro y los contras. Al no acceder a una educación con base tecnológica, está limitada. Esto no sucede en los países centrales donde la educación tecnológica se imparte desde el primario. Nos hace falta mayor alfabetización científica, no lo digo solo desde el campo de la energía nuclear, también respecto de la explotación minera o del petróleo. Esa es la manera de identificar cuando se trata de una explotación irracional o no.

—Entonces, ¿cómo se hace para despertar hoy el interés por la ciencia en los más jóvenes?

Entendiendo que la tecnología y la ciencia forman parte de la sociedad y nos atraviesa en todos los campos. Las herramientas no se adquieren solo en la escuela secundaria sino a través de una formación continua. A los jóvenes los encuentro hoy con menor compromiso y pertenencia. Luego de 30 años como profesor, encuentro que tienen menos interés y una visión más individualista.

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>> Preguntan los jóvenes

Con motivo de la visita del ingeniero nuclear Carlos Gho a Rosario, La Capital recibió algunas preguntas formuladas por estudiantes de 4º año del Instituto Politécnico.

—¿Hoy en día sería posible una catástrofe tal como la de Chernobyl, teniendo en cuenta los avances tecnológicos actuales en el área de la energía nuclear?

—No, porque esa catástrofe fue posible por dos razones: por el diseño que tenían en ese momento los reactores rusos y por la gestión tecnológica que hacían los rusos, que hacía que el comisario político decidiera sobre el jefe técnico de una instalación. De todos modos, cabe destacar que hoy con los mismos reactores ni siquiera en Rusia sería posible una catástrofe como la Chernobyl.

—¿Qué tan expuesto están los trabajadores de las centrales nucleares a las radiaciones ionizantes altamente perjudiciales para la salud?

—Con esta pregunta ya hicieron un juicio de valor (ríe). La industria nuclear tiene normas para medir cuáles son los efectos que producen las radiaciones sobre los trabajadores y la sociedad en general. Quiero aclarar primero, que todos nos estamos irradiando porque el mundo es radioactivo, como un fenómeno natural. Existen estudios, algunos hechos sobre las víctimas de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, sobre cuánta radiación genera daño. Sobre esa base se fija la máxima dosis que el organismo puede soportar, esos números son cien veces menor al máximo permitido en la radiación natural. Con respecto a los trabajadores se fija un límite suficientemente menor para garantizar que no llegue nunca a esa dosis. El empleado está constantemente supervisado y controlado para que eso no suceda, y en el caso de un accidente se aplica otro procedimiento.

—¿Cuál es su opinión acerca de las campañas promovidas por Greenpeace y otras agrupaciones, en las que los integrantes se encuentran en contra del desarrollo de las centrales nucleares? ¿son reales sus motivos?

—Uno de los fundadores de Greenpeace, Patrick Moore, se manifiesta a favor de la industria nuclear y sostiene que la única solución de alto impacto para evitar el efecto invernadero es la industria nuclear. El origen de la organización que se manifestaba en contra de lo nuclear era ante la eventual proliferación armamentista. Hay ambientalistas que reclaman un uso y explotación racional regulado y en esas percepciones se encuentran compromisos que son razonables. Otros ambientalistas, en cambio, parecen fundamentalistas y que en el campo de la minería exageran sus reclamos.

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