Educación

"Este es un momento privilegiado para el aburrimiento de los chicos"

La psicóloga Ana Bloj sostiene que no es correcto saturar de actividades a las infancias durante la cuarentena.

Sábado 04 de Abril de 2020

La suspensión de clases presenciales y el aislamiento social obligatorio reconfiguraron los tiempos y rutinas del hogar. Son días de docentes trabajando desde sus casas para continuar con sus alumnos los contenidos escolares, mientras en otros momentos las familias proponen actividades recreativas para sobrellevar la cuarentena de la mejor forma posible.

Ana Bloj es doctora en psicología y profesora titular de la cátedra "Intervenciones en niñez y adolescencia" de la Facultad de Psicología (UNR) y recomienda no saturar de actividades a los chicos y chicas, sean éstas de la escuela o lúdicas, para habilitar momentos donde los chicos y chicas puedan aburrirse. "Este es un momento privilegiado para el aburrimiento", sostiene la especialista. Entiende que allí, en esos "tiempos no apurados", pueden surgir ideas o emociones. También propone instancias de "corte" en chicos y grandes tanto de las pantallas como de las noticias, para "conectarse con la materialidad del lugar donde se habita". Y afirma que la importancia del cuidado del otro pone en juego un discurso "antimeritocrático" que es interesante para trabajar con las infancias.

—¿Es correcto llenar de actividades a los chicos en este tiempo?

No es correcto llenar de actividades escolares y ni siquiera de actividades lúdicas. Frente a hechos de esta naturaleza, que se van constituyendo como una situación traumática, cuando el trauma irrumpe en el aparato psíquico lo primero que necesita es tiempo para procesar lo que se está viviendo. Por eso es que a todos nos pasa que, en líneas generales, no podemos dejar de escuchar la información a través de los distintos medios. Necesitamos hablar de esto, para que el psiquismo pueda tramitar lo que está pasando. Todos los adultos sabemos de qué se trata y los chicos no están exceptuados de esta situación.

—¿No llenarlos de actividades lúdicas es para darle espacio a la improvisación?

Exacto. Venimos de un tiempo en el que el hacer era casi maníaco por momentos. A los chicos también se les exigía ese quehacer cotidiano. Los chicos estaban a veces desbordados y cansados del exceso de tareas. Ya de por sí el ritmo que se les imprimía a los niños no era el más saludable en términos de psiquismo y de posibilidad de vivir una infancia un poco más relajada. Esto es la contracara de lo que venían viviendo. Estoy hablando por supuesto de chicos de sectores medios y medio altos fundamentalmente.

—¿Hay que dar espacio también para el aburrimiento?

Yo creo que es un momento privilegiado para eso. Quienes venimos de generaciones anteriores sabemos como experiencia vital que el aburrimiento a veces da lugar a grandes inventos, ideas o incluso a preguntarnos por nuestras sensaciones y emociones. A hacerle lugar a nuestro cuerpo físico, porque en el momento de una pandemia la dimensión del cuerpo vuelve a aparecer, aunque se borra en relación a las tecnologías. También reaparece en relación a la posibilidad de contraer una enfermedad y a la idea de cómo sostener un cuerpo saludable para darle batalla a todo esto. Hacerle lugar al aburrimiento quiere decir tener un "tiempo no apurado", como decía María Elena Walsh, para poder encontrarnos cada uno a sí mismo. No sin angustia. Pero no nos asustemos de que eso suceda, siempre y cuándo sea un lugar de entrada y salida. No es que bueno que se aburran, no hagan nada y la pasen siempre así, porque eso también puede ser enloquecedor.

—¿De qué forma deben acompañar los adultos, que asumen una especie de crianza plena al estar todo el día a cargo de los chicos?

Hay un ideal de paternidad y maternidad que a veces nos puede funcionar de un modo que los psicólogos llamamos superyoico, de excesivo rigor para con nosotros como padres. En estas situaciones cada uno puede actuar del mejor modo posible. Pero hay que tener cuidado con no jugar la paternidad como ideal para estas circunstancias ni que entre a jugar la culpa, porque sino se instalan mecanismos bastante complicados para una convivencia tan permanente. El problema de esta situación es lo ininterrumpido. Es importante crear algunas rutinas para los adultos y para los niños en relación a las actividades escolares. Y si la escuela pide tareas en exceso seremos los padres los que tenemos que regularlas. El tiempo dirá cómo nos rearmamos en relación a todo esto. No nos podemos anticipar. Está bueno que haya un tiempo para tareas, siempre y cuando se observe que el niño en ese momento o día está en condiciones de hacerla. Hay que buscar el momento de cada chico, de cada familia, de cada ritmo cotidiano. Y luego ver en qué momento ubicar la tarea. Y también depende hasta de las condiciones de hábitat en las que esos chicos están. Porque en situaciones de hacinamiento lograr condiciones ideales para la tarea tampoco es muy posible. Ahí hay que ir a un ritmo que tal vez no tiene que ver con el de la vida cotidiana previa. A lo mejor un chico puede estar más despierto a la noche, otro más tranquilo temprano a la mañana o a la hora que los hermanitos pueden dormir una siesta. Hay que buscar el momento en cada familia. Ahora el tiempo es intrafamiliar.

—No es lo mismo la cuarentena con ciertas comodidades que en barriadas populares con situaciones de hacinamiento

Exactamente. Y empiezan a aparecer cuestiones bastante complicadas que ya se van escuchando. Porque para muchas familias que están en condiciones de hacinamiento, lo que empieza potenciarse son situaciones de violencia familiar ¿Cuántos chicos están gran parte del día en la calle para protegerse de todas esas violencias intrafamiliares? Hay situaciones de vida y de hacinamiento en las que es imposible sostener distancia física. Hay gente que tiene falta de agua. Ni hablar las personas que viven en la calle. Además del miedo y angustia que esto produce a todos, hay situaciones de mucha más complejidad que otras. O cómo dar un sostén en materia de salud mental que, ante la urgencia de lo biológico, ha quedado en un segundo término. En este momento hay que empezar a inventar, crear y producir. Esta situación permite el cambio de un paradigma para muchos, en el sentido de que la idea de cuidado incluye al otro. Esto nos pone muy en jaque en relación al tema de la prevención. Cómo en aquellas sociedades que han aprendido del propio cuidado y sostenido el cuidado del semejante, la situación de la pandemia se ha extendido mucho menos. Esto nos vuelve a poner en juego la importancia del cuidado del otro para cuidarnos todos, incluido uno. Es el discurso antimeritocrático. Y me parece que eso también hay que poder ponerlo a trabajar con los chicos, porque son quienes van a sostener la sociedad en poco tiempo.

>> El vínculo con los adultos mayores

Un tema clave durante el aislamiento social es el de los adultos mayores que viven solos. “En muchos casos —dice Bloj— han sido ellos los encargados de gran parte del cuidado cotidiano de los más chicos”.La psicóloga destaca experiencias como los que les cuentan —de forma online— cuentos a los chicos antes de dormir. O quienes arman títeres para realizar un relato con los muñecos. Para los más grandes, propone poner en juego el acompañamiento que un nieto puede hacer hacia el adulto mayor: “Sin invertir el orden generacional de cuidado, generar la posibilidad de que el nieto sea el que acompañe”.

Si bien destaca los beneficios de las tecnologías en este tiempo, insta a las familias a apostar “al corte de la tecnología en la casa durante algún tiempo: “Apagar el televisor, cortar con las noticias y construir objetos con materiales de descarte. Conectarse con la materialidad del lugar donde se habita. Y frente a una situación de malestar, recordar que esto es transitorio, que se va a terminar. Eso también alivia la angustia.

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