educación

ESI y discapacidad: ¿deuda en su implementación?

La autora reflexiona sobre la aplicación y desafíos de la educación sexual integral en las escuelas de Santa Fe.

Sábado 19 de Junio de 2021

Desde que estamos viviendo este momento de pandemia las oportunidades de dialogar y reflexionar a través de plataformas virtuales aumentaron notablemente. Son muchos los espacios que se abrieron, permitiendo que las distancias de kilómetros se acorten con un click. La discapacidad fue uno de los temas que se puso en escena, permitiendo que profesionales, organismos y personas con discapacidad pudieran hacer oír sus voces y miradas, así como sus necesidades y barreras.

La educación sexual integral (ESI) fue uno de los temas que más se compartió y debatió. Hay una necesidad de escuchar de qué se trata la ESI, cómo se aplica y cuáles son los temas. Se abrieron espacios de formación con charlas, capacitaciones o conversatorios sobre el tema, y en particular ESI y discapacidad. Y nos parece importante tomarnos unos minutos para reflexionar sobre esas ofertas.

En su gran mayoría hicieron énfasis en la sexualidad adolescente-adulta de personas con discapacidad, haciendo foco en el placer desde las prácticas sexuales, la masturbación y el autoerotismo. Si bien parten desde la ESI porque entienden a la sexualidad como un derecho, podríamos debatir si es contenido que llevamos a las aulas. Hemos escuchado reclamos a la ESI diciendo que aparece poco la palabra placer en sus manuales, o que no habla de fantasías sexuales o que no se habla de la sexualidad en las personas con discapacidad. Graciela Morgade habla de los modelos que nos influenciaron en nuestras educaciones sexuales (biológico, biomédico, moral, silencio). También menciona otro modelo llamado sexológico, que tiene por objetivo principal abordar las prácticas sexuales, sus dificultades y beneficios. Habla del placer, el goce, el orgasmo, las fantasías, las parafilias, los trastornos, los objetos y juegos sexuales. ¿Pero es este el modelo que Graciela sugiere para la escuela? No. La ESI que llega a las aulas lo hace desde las perspectivas de género, diversidad, disidencias y derechos humanos. Quiere correrse del modelo de las prácticas sexuales y comprender al sujeto en su integralidad por lo que buscará brindarle herramientas para que interpele su realidad, exija sus derechos y los vivencie.

La ESI sí habla del placer, pero no reduciéndolo al goce del cuerpo, sino del placer de poder ser quien uno/a quiera. Busca desarrollar en las personas la capacidad crítica de lo que la sociedad y la cultura impone, acercar al alumnado la historia, los desarrollos, los movimientos sociales, los marcos teóricos que le permitan construir su ciudadanía; y desde ahí que puedan denunciar las barreras con las que se encuentran. No hay una ESI para las personas con discapacidad. Sería pensar que las personas con discapacidad deben acceder a una sexualidad distinta. Así como decimos la sexualidad es una y cada sujeto le da su impronta, la ESI es una y lo que hacemos quienes la garantizamos son las adecuaciones y adaptaciones para superar las barreras de acceso a la información.

¿Por qué hacemos estas aclaraciones? Porque ESI no quedó solo en una ley para el Ministerio de Educación. Su espíritu de garantizar derechos sexuales, reproductivos y no reproductivos fue tomado por otros ministerios, así como por otras ciencias, profesiones y espacios. Esto refleja lo que dice la definición de sexualidad, que en pocas palabras describimos como “todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos”. La sexualidad está en todo y en todas las personas.

Si nos quedamos hablando del acceso al encuentro sexual de personas con discapacidad, si reducimos hablar de sexualidad a la franja etaria en donde el cuerpo comienza a reflejar cambios, si lo que nos preocupa es que no “pasen cosas” dentro del aula que asociamos con el placer sexual, estamos reduciendo la ESI a los viejos modelos de educación sexual ya nombrados. Si continuamos pensando en la sexualidad de las personas con discapacidad en la adolescencia y juventud, entonces no estamos reconociendo que la sexualidad está desde que nacemos. No estamos pudiendo ver que ese sujeto lleva un nombre, que por el género asignado al nacer definiremos vestimenta, juegos. Que por su discapacidad desarrollaremos determinadas expectativas y ellas serán las que habiliten o no las posibilidades. Esto es sexualidad: el modo en que vamos mostrándole el mundo a ese sujeto, será el modo en que lo habite hasta tener la oportunidad de acceder a otras informaciones y experiencias.

Entonces ¿qué pasa con ESI y discapacidad, cómo se implementa y qué formación requiere? La ESI contiene cinco ejes de trabajo (valorar la afectividad, cuidado del cuerpo, ejercer nuestros derechos, perspectiva de género y respetar la diversidad), tres perspectivas (género, diversidad/disidencia, derechos humanos) y un gran número de materiales que abarcan todos los niveles e intenta llegar a todas las modalidades. Para la modalidad especial cuenta con dos manuales llamados Es parte de la vida I y II, que busca acercar a las escuelas y familias contenidos sobre el proceso de hacerse sexuado de las personas con discapacidad. Estos materiales son de los años 2013 y 2019. Entonces, si tenemos manuales de más de 8 años de vigencia ¿por qué sentimos que de ESI en discapacidad no se habla? Las respuestas pueden ser muchas y variadas. Hablar de sexualidad es hablar de uno/a misma, aunque no lleve a las aulas sus propias vivencias.

"La educación sexual integral sí habla del placer, pero no reduciéndolo al goce del cuerpo, sino del placer de poder ser quien uno quiera” "La educación sexual integral sí habla del placer, pero no reduciéndolo al goce del cuerpo, sino del placer de poder ser quien uno quiera”

Cuando hablamos de ESI estamos hablando de tres grandes puertas de entrada. La primera es la “personal”, lo que cada uno/a construye en relación a la palabra sexualidad: crianza, vivencias, oportunidades, obstáculos, silencios, tabúes, descubrimiento. Es una puerta que a las generaciones nuevas se les abre y garantiza desde edades muy tempranas, pero en las generaciones que le antecedimos no fue así. Por eso aparecen las resistencias ante el tema, por desconocimiento, porque no tuvimos espacios para preguntarnos y que nos contesten. Nos da miedo no saber qué contestar y esto es un gran emergente en la docencia ¿qué le digo si me pregunta qué opino yo? ¿cómo sé cuándo es el momento de hablar de sexualidad? ¿cómo sé si lo que llevo al aula es lo que corresponde?

A estos interrogantes los podemos contestar presentando la segunda puerta de la ESI que es lo “institucional/curricular”, conocer los lineamientos curriculares y los manuales que fueron elaborados como guías para la docencia. Su contenido hace revisar los modos en que armamos y diseñamos nuestras instituciones. Nos pone en tensión sobre los modos de comunicarnos, vincularnos y organizarnos. Formarnos y actualizarnos es el primer paso para que los miedos en relación a ESI comiencen a ceder, nos permitan tomar seguridad de nuestras planificaciones y acciones, porque hay un marco teórico y un plexo normativo que avala nuestro ejercicio docente.

Y finalmente, no podemos pensar la institución educativa sin pensar en las familias y la comunidad. Lo cual es abrir la tercera puerta de la ESI. Necesitamos de los diálogos y las alianzas para garantizar la educación sexual integral al alumnado y habilitar el desarrollo y ejercicio de una ciudadanía libre y respetuosa. Toda la comunidad necesita de su espacio de ESI para pensarse y poder pensar a la otredad.

Entonces, ¿qué pasa con la modalidad especial? Necesitamos darnos tiempos para leer, aggiornarnos y actualizarnos a los saberes que hoy circulan para así diseñar los modos en que brindaremos los contenidos ESI al alumnado. No buscamos trabajar solamente las conductas que se presentan en los espacios educativos (masturbaciones, descubrimientos de los cuerpos, besos y caricias, vínculos afectivos), queremos darle la oportunidad —en base a sus posibilidades de aprehensión de los saberes— de que diseñen sus modos de ser. Salirnos del debate de si se habilita a que tengan o no pareja, a que tengan o no hijos/as. Que puedan preguntarse quiénes son, cómo son, cómo quieren ser vistos/as, que puedan diseñar sus propios proyectos de vida. Para esto es necesario que quienes estemos en el rol docente y en roles de cuidado comprendamos que toda persona con discapacidad tiene derechos, y los derechos sexuales, reproductivos y no reproductivos también forman parte de los derechos humanos.

¿Podremos responder a la pregunta que inició este escrito? Creemos que sí, no falta ESI en discapacidad. Lo que falta es que nos formemos, conozcamos, nos encontremos, dialoguemos y diseñemos las instituciones para personas con discapacidad desde la mirada de la ESI.

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