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Es maestro, se recuperó del Covid-19 y volvió a dar clases de música en Maciel

Hugo Ficca es docente y estuvo internado grave en Rosario. Cuenta cómo fue su regreso a las clases no presenciales para chicos y chicas de la primaria.

Sábado 08 de Agosto de 2020

Cuando el maestro de música Hugo Ficca llegó a su casa tras estar internado grave por coronavirus, encendió su celular y le cayeron decenas de mensajes y algunas lágrimas. Había estado once días en terapia intensiva en un sanatorio de Rosario y cuando recibió el alta médica se encontró con esa catarata de WhatsApp de amigos, familiares y docentes. También de alumnos que le escribieron “suerte profe que te pusiste bien”, o “ya vamos a volver a vernos”. Recuperado completamente del virus, hoy da clases para sus alumnos y alumnas de una escuela de Maciel. Guitarra en mano, graba videos y audios para sus chicos, una forma que encontró para sostener el vínculo pedagógico, mientras extraña el trabajo en el aula.

Desde hace 15 años que Hugo ejerce la docencia en la especialidad de educación musical. Empezó en Oliveros, la comuna donde vive, y tras titularizar en Díaz pidió el traslado a Maciel, donde desde 2013 es profe de música de primero a séptimo grado de la primaria en la Escuela Nº 294 General José de San Martín. Maciel está a 15 kilómetros de Oliveros, cerquita de su casa, en el centro sur de la provincia y a unos 60 kilómetros al norte de Rosario.

Hasta esta ciudad se llegó en abril para cuidar a su mamá, internada por una trombosis en una pierna. Fue en esa sala que se enteró que la compañera de habitación de su madre había dado positivo a la prueba de Covid-19. “No lo sabíamos, así que se contagió mi mamá y me contagié yo. Y al no saber, como yo iba a cuidarla todas las noches y volvía a mi casa en Oliveros, lamentablemente también se contagió mi señora y mi hija de siete años”, relató el maestro a La Capital. Su mujer y su hija fueron asintomáticas y cursaron el aislamiento en su domicilio. Su mamá también evolucionó bien. Pero su caso fue distinto: “Cuando me enteré que le iban a hacer el hisopado a mi mamá por la persona que estuvo al lado, me vine a mi casa, llamé al 0800 y ya directamente quedé aislado hasta que me vinieron a hacer el hisopado. Estuve un par de días en mi casa hasta que perdí el olfato y el gusto. Empecé con fiebre y me terminaron internado porque me costaba respirar y hasta levantarme”.

Hugo ingresó al sanatorio el 17 de abril y estuvo internado 20 días, de los cuáles once los pasó en terapia intensiva. De la sala de terapia tiene vagos recuerdos de los primeros días, que estuvo con oxígeno pero consciente. “Después me durmieron, estuve 48 horas con el tubo puesto, me lo sacaron para ver cómo reaccionaba y me lo tuvieron que volver a colocar. Así que estuve otros cinco días más intubado”, recordó.

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Aprender de cero

El tiempo en el que Hugo estuvo internado coincidió con las primeras semanas de enseñanza no presencial. Ese tiempo de prueba y error que cada docente y escuela se tomó para inventar las mil maneras de estar en contacto con sus alumnos y alumnas. Así que cuando Hugo se recuperó y se reincorporó a su tarea docente se encontró con un mundo en el que tuvo que aprender desde cero.

“Prácticamente cuando quedé internado empezó toda la educación a distancia. Me dieron el alta en mayo, me reintegré a la semana siguiente y fue algo muy complicado. Me sentía perdido y tuve que pedir ayuda. Creo que nos pasó a todos, pasa que yo empecé más tarde que el resto de los docentes”, recordó.

Como maestro de educación musical de primaria, su trabajo está más vinculado a lo lúdico. Juegos, bailes, cantos eran las propuestas de encuentro en el aula. “Por eso también me encontraba medio perdido —dijo— porque yo trabajo mucho con los grupal y trabajar en forma individual es medio complicado en esta área. Yo cuando entraba al salón ya nos acomodábamos en forma grupal y ahora no sé cómo va a continuar esto. Vamos a ver cómo será la vuelta con el distanciamiento”.

Como docente de primaria, su trabajo está más vinculado a lo lúdico. Juegos y bailes eran sus propuestas de encuentro en el aula"

Al principio optó por enviar actividades por email, hasta que luego migró a WhatsApp, una herramienta que resultó más cómoda para sus alumnos y alumnas: “Ahora no tengo horarios y el teléfono suena a toda hora. Suena sábados, domingos, de día o de noche. Por ahí es medio agotador en ese sentido”, dijo el docente. Su práctica más usual es proponer actividades por este medio, los chicos le responden y él luego les hace una devolución de cómo está el trabajo. Se maneja sobre todo con videos, fotos y audios. “Es complicado —dice—, pero hasta que le encontremos otra vuelta por ahora vamos bien”.

El sábado pasado Hugo cumplió 42 años y los celebró en familia. En su casa, hoy su lugar de trabajo. De ese día de principios de mayo, cuando prendió su celular y descubrió esos mensajes afectuosos, recuerda que todos lo emocionaron mucho. “Uno se pone contento cuando pasan esas cosas, porque sabe que lo quieren y que está haciendo las cosas bien”.

EL MAESTRO QUE SE FUE APLAUDIDO

El día que recibió el alta médica, Hugo Ficca atravesó un pasillo del sanatorio y pasó entre medio de médicos, enfermeros y mucamas. A un lado y otro de la pasillo, el personal del sanatorio lo despidió con aplausos y saludos con el codo. “Ángeles azules”, los llamó ese día a los médicos que día a día lo atendieron vestidos con batas azules y el equipo reglamentario del protocolo de Covid-19. “Me alentaron mucho y me cuidaron, no tengo palabras de agradecimiento”, manifestó el docente en una nota publicada ese día en La Capital.

Aquel día Hugo Ficca contó que esa mañana, mientras esperaba que lo fueran a buscar, la médica lo llamó para que saliera al pasillo y ahí se encontró con el aplauso y la emotiva despedida: “Me emocioné porque además era la primera vez que los veía a todos sin esos trajes que usaron para atenderme”.

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