Emilce, testimonio de la memoria
"En el centro clandestino uno pierde la condición de ser humano. Era un centro para la tortura y para que los detenidos cantemos nombres".

Sábado 14 de Septiembre de 2019

“Hablar con los jóvenes fue la bisagra que encontré para el pasado y el presente”, dice Emilce Moler, sobreviviente de la llamada Noche de los Lápices de 1976. Un testimonio oportuno, necesario para seguir contando la historia más reciente y trágica argentina.

“Yo era de la ciudad de La Plata, una joven de clase media. Estudié la primaria en un colegio de monjas, en el Colegio Eucarístico, no era rebelde, para nada, era una de las mejores alumnas”, comienza contando en un video que apenas supera los 10 minutos —Testimoniar la historia— realizado por la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires (septiembre 2018).

Emilce cuenta que fue su inclinación por el dibujo la que la llevó anotarse en un secundario con orientación en bellas artes. En esa escuela debatió a fondo sobre el peronismo, intercambió discusiones y lecturas con compañeros más grandes y excelentes profesores —tal como los nombra—. En 1975 comienza a militar en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), una histórica agrupación peronista. “¿Cómo no iba a empezar a militar? ¿Cómo no iba a comprometerme con todo ese movimiento revolucionario que no era solamente en la Argentina, era toda América Latina? Yo venía de una familia católica, donde los valores hacia el prójimo eran fuertes, la solidaridad. Y cuando me di cuenta que podía cambiar caridad por cambiar las condiciones para que no haya más pobres, eso hizo que me dedique a la política”, argumenta.

Pozo de Arana

Cuando a Emilce la detienen ese 16 de septiembre de 1976 la trasladan al Centro de Detención conocido como Pozo de Arana, donde asegura “se pierde la condición de ser humano (...) Se vivía el horror. Era un centro para la tortura y para que los detenidos cantemos la mayor cantidad de nombres y cosas”. Y agrega que era tal la negación, la forma de evadirse de semejante tormento para sobrevivir de alguna manera, que contaba los días que transcurría ahí pensando que se iba a quedar libre en el secundario por faltas o bien que no podrían terminar de armar la fiesta de la primavera.

Sobrevive. Le dan libertad vigilada y se va vivir a Mar del Plata con su familia. Termina el secundario rindiendo libre todas las materias. Y se inscribe para estudiar matemática en la universidad. En 1982 se casa y al año siguiente nace su primera hija. “Eso le da un sentido muy importante a la vida. Ahí sentí que realmente fui libre”, dice con felicidad.

Con la democracia Emilce volvió a la lucha, esta vez a la denuncia, a la de los derechos humanos, al camino de la justicia del que asegura no fue nada fácil. También a contar donde pudiera lo que había pasado, algo que por aquellos primeros años muchos no creían.

Hoy dice que saber y conocer el pasado no alcanza: “Seguí con mi vida. Soy docente, investigadora, doctora, mamá y ahora abuela. Pero siempre hablando, contando, pero sobre todo entendiendo los presentes (para ver), cómo ese pasado se nos cuela, nos impregna y por qué estamos como estamos en las distintas etapas de nuestra Argentina”.

En 2006 se estableció que cada 16 de septiembre se conmemore el Día de los Derechos de los Estudiantes, por lo ocurrido en septiembre de 1976 cuando diez estudiantes secundarios —de entre 16 y 18 años— y militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) de La Plata fueron secuestrados. Tras el secuestro, fueron torturados en distintos centros clandestinos, como el Pozo de Arana, el Pozo de Banfield, la Brigada de Investigaciones de Quilmes y la Brigada de Avellaneda. Además de Emilce Moler, sobrevivieron a ese horror Pablo Díaz, Gustavo Calotti y Patricia Miranda. Los demás permanecen desaparecidos: Claudio de Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro.