Yo escribo, chicas y chicos que escriben

Emanuel y la inspiración que le llega para escribir y descargarse

Emanuel Street tiene 14 años escribe desde los 7. La mitad de su vida ligada a ese ejercicio que lo atrapa.

Sábado 23 de Noviembre de 2019

Emanuel Street tiene 14 años escribe desde los 7 años. La mitad de su vida ligada a ese ejercicio que lo atrapa. “Siento que me descargo de todo, que lo que está pasando afuera queda afuera”, dice Emanuel sobre la escritura.

Últimamente hizo algunos poemas, aunque también incursionó en el cuento y en otro tipo de textos más personales. “En poesía —cuenta— escribo más sobre lo que me pasa y en los otros textos más sobre cómo me siento, qué me pasa día a día y lo que veo que pasa en la sociedad”.

“Leo mucho y es lo que más me ha inspirado”, cuenta el adolescente, quien además desde hace varios años asiste a un taller de escritura creativa en la Biblioteca Vigil a cargo de Carolina Musa. “Ahí voy desde los 8 o 9 años, siempre leíamos y después escribíamos; y eso también me inspira”, dice.

Emanuel escribe en lo que tenga a mano. Y sobre todo cuando le viene la inspiración, que “llega cuando uno no la espera”. Si está en la escuela será una hoja de la carpeta, como la que trajo para la entrevista con La Capital. Doblada en cuatro, una hoja cuadriculada encierra uno de sus poemas escrito con lápiz, que arranca diciendo: “Vivo pero no canto / canto pero no siento / me buscan / me persiguen / no me encuentran”. También muestra un texto que escribió hace poco llamado Dimos todo, sobre una situación que le tocó vivir junto a su equipo de básquet del club.

Embed

>> Dimos todo

Hoy perdimos pero no fue una derrota, llegamos a donde nadie pensó que podíamos llegar. En el club, la comisión no nos dio mucha importancia, deben pensar que la categoría b es solo para poner a los jugadores que sobran en la otra categoría; nosotros demostramos que no, que podíamos. No teníamos camisetas propias y cuando nos quisimos hacer nuestras camisetas nadie vino a ayudarnos a buscar un sponsor y nadie nos puso un mango.

Yo que estuve lesionado por varios meses siempre estaba atrás del equipo apoyándolo, hasta me puse a vender tortas para ayudar a los padres, que con mucho esfuerzo nos acompañaron, a armar el famoso kiosco que fue de dónde sacamos la guita para las camisetas. Este equipo no solo somos los trece jugadores que éramos, ahora doce, y Vero que dio todo para que nosotros mejoramos y podamos llegar a dónde llegamos, el equipo también lo formó todos lo que estuvieron afuera en la tribuna apoyándonos y esforzándose para que podamos jugar, gastándose una fortuna para llenar el tanque para poder viajar al club contra el que jugábamos o teniendo que salir antes del trabajo, o dejando sus actividades.

Siempre, como buenos deportistas, nos hemos caído y nos hemos vuelto a levantar. Le ganamos a equipos como provincial, y le demostramos batalla a equipos como universitario. Muchas veces no teníamos el equipo completo pero no paramos de intentar y de ir para adelante.

Empezamos el año con el querido champer, que también se esforzó mucho por nosotros, con un equipo que más o menos podía jugar pero eso no nos paró, los que hoy llegamos hasta aquí nunca nos fuimos como muchos en otros años lo hicieron porque lo ponían en la b o rogándole y amenazándolo a Marcelo para que lo ponga en la a porque se creía una estrella mejor que todos los que estamos hoy en la b, pudimos demostrarles a esas personas que jugar en la b está bien, esas personas se pasaron todo el año sentados en el banco sin poder jugar. Una día, desde fuera del país le llega a Marcelo Roig un comunicado en el que le preguntan si quería ir a aquel lugar a dirigir un equipo de básquet, el se negó, no se porque motivo, y le ofreció el lugar a champer, champer vio una oportunidad y acepto, dejando a aquel equipo que victoria alguna tenía. Recuerdo un día en el que tenía que entrenar, entrenábamos en la cancha de arriba de mi querido club Temperley y subiendo la escalera veo que había una especie de reunión de Marcelo con Verónica, aquella entrenadora que desde que tenía recuerdos entrenaba en Talleres de Villa Diego y que había sido invitada y buscada, por lo que yo creo, por la comisión del club y Lionel Ceñera, el mejor entrenador que hasta ahora tuve y entrenador de las inferiores y sub13 del club, a dirigir el femenino del club, que también estaba muy caido, y ayudar a Leo en las categorías inferiores. Al ver aquella reunión pensé -imagínate si estarán hablando para que Vero venga a dirigir la b- ilusionado estaba porque Vero es una gran entrenadora que yo mucho admiro. Recuerdo se lo conté a mi vieja y me dijo que estaba fabulando mira si iban a poner a una entrenadora como Vero en la b. Días después suele ser que tenia razon, yo no podía creer que era cierto. Tardamos bastante 2 o 3 semanas más o menos para entrar en confianza con Vero, más que nada los chicos, yo en ese momento ya estaba lesionado, lo que más tardo es que Vero nos conociera, conociera nuestra forma de jugar y como éramos dentro y fuera de la cancha. En ese transcurso perdimos varios partidos, en ese momento no creíamos poder llegar a una instancia como lo son los

playoffs, pero seguimos y mejoramos, continuamos poco a poco superando nos y siendo mejor cada entrenamiento y cada partido. Hubo un momento en que empezamos una etapa nueva, la que nos llevaría a dónde hoy estamos, empezamos a ganar los partidos, los padres empezaban a creer que podíamos llegar a un lugar donde ni Marcelo ni la comisión, estoy seguro, que no se imaginarian. Hace unas semanas jugamos tres partido seguidos que definirían si pasaríamos a la próxima instancia, fue una semana muy negra, yo por lo menos termine cansado y a mi cuerpo se le complicaba hasta caminar, pero lo más importante es que nos esforzamos y pasamos a los playoffs contra alumni de Casilda, un rival que tenía equipo para pelear una victoria. Así llegó está semana, para el primer partido tuvimos que viajar una hora hasta llegar al club rival, no nos importo fuimos con toda la fuerza a presentarnos y luchar por una victoria, que conseguimos. El segundo partido nos tocaba de local, si lo ganábamos triunfaríamos y pasaríamos a la próxima y última ronda, me dedique el día antes a invitar a todos mis amigos, necesitábamos hinchada si llegábamos a ganar. Fue un partido horrible, realmente jugamos para el ojete, pero nos levantamos porque nos quedaba un partido más, que se jugaría de visitante, en el que podíamos ganar y pasar a la siguiente fase. Ese partido lo jugamos hoy, el mismo día en el que estoy escribiendo esto, domingo tres de noviembre. Fuimos y demostramos que éramos fuertes, aunque perdimos seguimos luchando hasta el último segundo porque creíamos que podíamos. No pudimos pasar a la siguiente ronda, pero no perdimos porque todos juntos unidos pudimos mejorar desde la primera práctica del año hasta hoy, el último partido. Para nosotros fue una victoria, en ningún momento nadie nos vio capaces para llegar hasta acá, ni nosotros mismos. Hoy nos esforzamos como nunca, un ejemplo es el del “correntino” que en el día había sufrido la perdida de una persona muy importante para el y el siguió jugando porque estaba comprometido con un equipo con pibes que querían demostrar que podían ser mejores o iguales a los pibes de otros clubes que trae Marcelo para jugar en la a, que ni cuota pagan y le sacan lugar a los pibes que vienen de toda la vida al club, no como los que venimos de toda la vida al club y nos sacrificamos porque el club sea un lugar mejor.

Llegamos juntos y siempre lo intentamos, las mejores personas son las que se caen y se vuelven a levantar porque nunca se rinden y siempre tienen algo mejor para dar. Pero lo mejor es que la pudimos pasar bien, nos divertimos y aunque a alguien se le escapa alguna lágrima luego íbamos a sonreír todos juntos, sabiendo que el día siguiente podíamos mejorar.

Emanuel Street, 14 años.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario