Educación

El sano contagio de la lectura en un mundo de pantallas

"Muchos libros en la casa pero sobre todo gente que los leyera, que es mucho más importante. Mis viejos leían, mis hermanos leían", recordó el escritor.

Sábado 23 de Septiembre de 2017

—Una vez Sasturain dijo que no hay que intentar "enganchar" a un pibe con una lectura. Que ese es un lenguaje de dealer. Que la lectura se convida, como un mate. Y que se transmite por sano contagio. Si tenés hermanos o padres que leen...

—O si ves a tus profesores que leen también... A mí me gusta esa imagen de Sasturain. Yo soy de los que sí tuvo una casa lectora. Muchos libros en la casa pero sobre todo gente que los leyera, que es mucho más importante. Mis viejos leían, mis hermanos leían. Y me parece que esta cuestión del contagio y del ejemplo es como en tantas cosas de la vida. Aún en la clase, si los pibes mientras están trabajando con algo en clase te ven a vos con un libro en la mano siempre te preguntan qué estás leyendo. Creo que es mejor que te vean leyendo y no que te vean paveando con el celular mientras ellos trabajan.

—Hablás de la gente "paveando" con el celular y te pregunto cómo ves la relación de los pibes con las pantallas y el rol de los adultos.

—Ojo, a los que me refiero es a los propios docentes. Estoy cansado de pasar por las aulas y ver a los tipos así... (y casi sacando la lengua, simula a alguien tecleando embobado el celular). A mí no me parece que el profesor tenga que estar haciendo eso. Distinto es si dice: "No me acuerdo tal cosa, vamos a fijarnos". Yo uso los celulares en la escuela, porque aparte donde doy clases todos los pibes tienen celular y los aprovechamos mucho. Lo que no me gusta son las invasiones de estímulos fuera de sus momentos. Me refiero a que si yo te estoy explicando un tema no mires el celular, porque te estoy hablando a vos. Ahora, si te mandé a averiguar un dato y vos querés usar el celular para buscar información usalo. Pero si estoy hablando y el otro mira el celular me fastidia mucho. Me parece que en ese sentido estamos mejor parados que hace 15 o 20 años en relación a las posibilidades lectoras de los alumnos. Cuando yo empecé a dar clases los chicos estaban sometidos durante horas a la televisión. En la comparación me parece más fértil este momento, porque las redes y las pantallas ofrecen una interacción más activa. Mis alumnos de hace 15 o 20 años salían de la escuela y se la pasaban mirando la tele. Me parece que en ese sentido hoy es mejor. Por supuesto que uno aspira a que haya diversidad en las lecturas y que estas lecturas parciales, breves e interrumpidas unas con otras no sean el único modo deseable de lectura. Me interesa que puedan enfrentar la complejidad de los textos, la frustración de la paciencia. De decir: "Enfrento algo, no lo entiendo y pero sigo insistiendo". Porque a veces la multiplicidad de las pantallas también te ofrece la posibilidad de fugar muy rápidamente hacia otra cosa. Ahí está el rol del docente que dice: "No, ahora nos quedamos". Pero en el fondo es lo mismo de siempre. O será que le atribuyo un rol muy importante al docente en el proceso educativo, en el sentido de que lo que hagas o dejes de hacer, el ejemplo que des o dejes de dar es clave.

—También es cierto que sobre la escuela y la docencia pareciera que la sociedad lo discute en febrero/marzo, cuando son las paritarias. Que está bien esa discusión...

—No, claro. Pero en general es el único debate que se da, como si en ese momento del año se abre la discusión, pero uno sabe que si se arregla la cuestión salarial el resto de los temas se clausuran en mayo. Hasta que se vuelva a abrir en febrero marzo siguiente. Y me parece que hay mucho para discutir y revisar en el mundo de las escuelas, las autoridades, los alumnos, las familias, los docentes. No parece que ninguno de esos actores sea inocente, inmaculado y libre de defectos.

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