Educación

El potencial de la tecnología para hacer visible la realidad social

Una experiencia pedagógica realizada por estudiantes secundarios basada en el buen uso de las redes sociales

Sábado 23 de Diciembre de 2017

"Paso a paso" así llamaron los estudiantes de 5º año del Complejo Belgrano Nº 2.060 al proyecto por el que se propusieron reunir 150 pares de zapatillas y donarlas a una escuela de Rosario, para el que se valieron principalmente de las redes sociales. Si bien se trató de una meta solidaria, que alcanzó visibilidad en los medios y en la comunidad durante noviembre pasado, la idea se propuso mostrar una propuesta pedagógica de cómo resolver problemas, ayudados por la tecnología. También cómo hacerle frente a un desafío de la escuela de hoy: la formación de la ciudadanía digital.

   Laura Suárez es profesora de informática, referente Tic y tutora virtual del Instituto Nacional de Formación Docente (Infod), también quien estuvo detrás de la actividad protagonizada por la escuela rosarina. La intención buscada fue habilitar un espacio donde los chicos pudieran involucrarse con una problemática social real, que empaticen con esa situación y proyecten resolverla usando la tecnología. "Los pasos que propone el pensamiento computacional guiaron las acciones del proyecto: plantear el problema en términos de desafíos, recopilar datos, organizarlos, pensar estrategias, aplicarlas. Y luego ver qué paso con las estrategias aplicadas, hacer ajustes necesarios y volver a intentar", explica la docente sobre cómo aprovechar el lenguaje que proveen las tecnologías.

   No es caprichosa la idea de profundizar en esta enseñanza con chicos y adolescentes, en sacarle provecho a lo que se relaciona con sus vidas cotidianas. "Trabajé con alumnos secundarios, de 5º año, a quienes se los llama la «Generación Z», que nacieron con un smartphone bajo el brazo. Sus conductas y acciones son globalizadas, están acostumbrados a eso y acceden a la información de forma inmediata, de cualquier manera y en cualquier lugar. Eso tiene que ver con sentirse ciudadanos del mundo", dice Suárez.

   Para la educadora es clave entender que esos estudiantes son quienes hoy están en las aulas. Por lo que "las clases más teóricas y magistrales ya no despiertan tanto interés en ellos". "Hay que plantear propuestas más participativas, más colaborativas que les permitan desarrollar habilidades, experiencias de aprendizaje más dinámicas y fundamentalmente actividades que estén conectadas con la realidad que sucede fuera de la escuela, que es donde van a pasar el resto de sus vidas", recomienda.

   Recuerda que cuando se piensa en redes sociales y uso de las tecnologías, lo que abundan no son las mejores experiencias: "Estamos bombardeados de malos ejemplos, de ciberbullying, grooming, sexting. La propuesta es analizar esos casos con los alumnos y ver el potencial maravilloso que tiene la tecnología para hacer un buen uso, en este caso para tender puentes, hacer visible una realidad social que conocemos, como dicen ellos «hay que hacer ruido en las redes». Y para eso nos tenemos que sumar todos. Tiene que ser inevitablemente un trabajo en equipo y colaborativo".

   En este horizonte educativo lleno de retos, la enseñanza de la programación en las aulas es clave. Suárez explica que es sustancial para aprender a tomar los problemas en sus diferentes dimensiones, lo que demanda además un proceso de abstracción valioso. También que se relaciona con otros valores como la persistencia, la confianza, la tolerancia y la constancia en el manejo de la complejidad. Todas habilidades que —remarca— desarrollan la programación.

   En su mirada, es principal que quienes toman decisiones en políticas educativas consideren la importancia de un lugar propio, dentro de la escuela, para la enseñanza de estos contenidos que se llaman "nuevos", pero que ya no lo son tanto. "Resnik (Mitchel), uno de los creadores del scratch (lenguaje de programación), dice —se explaya la profesora— que hay habilidades que se desarrollan cuando se aprende a decodificar, que sirven para cualquier orden de la vida cotidiana y que son: pensar creativamente, razonar sistemáticamente y trabajar de manera colaborativa. Por eso opina que el mayor reto para el futuro no es tecnológico, sino cultural y educativo".

Confianza, tolerancia y trabajo colaborativo
"Paso a paso", "Belgrano conecta" fueron algunas de las ideas convertidas en hashtag y popularizadas en las redes sociales por los estudiantes de 5º año del Complejo Belgrano. Tenían la intención de convocar a las audiencias que circulan por Twitter, Facebook o Snapchat, por ejemplo, para que se enteren del proyecto en marcha. Nada menos que reunir 150 pares de zapatillas para entregar a una escuela secundaria donde hacían falta.
   La profesora Laura Suárez explica que se buscó nutrir de herramientas a los estudiantes para que aprendan a comprometerse con una problemática social concreta y aportar una solución. Desde ya que sí la intención de ese compromiso buscó afianzar también valores solidarios en los jóvenes.
   "Hay habilidades que se desarrollan en este tipo de proyectos que tienen que ver con la confianza, con la tolerancia", dice la docente y pone como ejemplo la división de tareas que se dieron. Algunos equipos de estudiantes desarrollaban flyers sobre los borradores diseñados por otros; o bien producían videos para informar, sensibilizar o despertar la curiosidad en las redes sobre este proyecto. Y otros se dedicaron a pensar y escribir los tweets que llamaban la atención sobre la misión emprendida y convocaban a donar zapatillas.
   La educadora destaca que más allá de la tarea que asumió cada uno se buscó siempre que estuviera presente que había un objetivo en común. "Este proyecto no fue un acto de caridad aislado, sino la posibilidad desde la escuela de habilitar un espacio donde los alumnos trabajaran en equipo, de manera colaborativa, usando la tecnología de bolsillo o la que dispone la escuela, tratando de resolver una problemática social, real, que surgió además del mismo grupo de trabajo", detalla la profesora sobre las metas proyectadas.

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