Educación

El Negro Fontanarrosa como puente para entusiasmar a chicos y chicas

La secundaria Nº 408 propone ponerle a sus aulas los nombres de los personajes creados por el escritor rosarino.

Sábado 29 de Agosto de 2020

La pandemia conspiró contra los vínculos y generó un distanciamiento en la comunidad educativa casi inevitable. Quienes conducen la Escuela de Enseñanza Secundaria Orientada (Esso) Nº 408 Roberto Fontanarrosa lo saben, pero tienen una respuesta para revertir esa situación y entusiasmar a los alumnos, familias y docentes, con la mirada puesta en la vuelta a clases.

La convocatoria que se deja ver en las redes sociales fue pensada con ese objetivo, y propone a todos los miembros de la comunidad educativa realizar un homenaje al Negro Fontanarrosa poniéndoles a las aulas de la escuela de Superí al 1200 los nombres de los personajes o de los cuentos del querido escritor de la ciudad. En diálogo con La Capital, el equipo directivo cuenta como surgió la propuesta y por qué decidieron convocar especialmente a los chicos y a las chicas.

Liliana Núñez, directora de la institución, cuenta que la convocatoria surgió con dos objetivos. Por un lado, homenajear al escritor rosarino que le da nombre a la escuela, y por el otro preparar el espacio escolar para recibir a los chicos con una propuesta diferente, con algo nuevo que los entusiasme a volver y los invite a pensar en la escuela.

Esta convocatoria tiene continuidad con las intervenciones artísticas que embellecen la escuela, y también busca reforzar esa identidad"

Roberto Fontanarrosa es más que el nombre de la Esso 408. Tiene que ver con su identidad, dice Liliana. Hace unos años los alumnos y alumnas, guiados por sus docentes, hicieron hermosos murales con los personajes del escritor. Una obra artística que merece gran respeto y cuidado por parte de todos los que integran la comunidad educativa. “Esta convocatoria tiene continuidad con esas intervenciones artísticas que embellecen la escuela, y también busca reforzar esa identidad”, expresa Liliana.

La propuesta surgió en el seno del equipo de trabajo integrado por los directivos, secretarias y preceptores. En vez de ponerle números a las aulas, ¿por qué no ponerles los nombres de los personajes de Fontanarrosa o los de sus cuentos? Inmediatamente surgió la idea de hacer una convocatoria que llamara la atención especialmente de los alumnos e invitarlos a participar.

El regreso y la recuperación de los lazos creados es el motor de muchas de las iniciativas de este equipo de trabajo. “Todo lo que hicimos después de las vacaciones de invierno fue en el sentido de recuperarlos y prepararnos todos juntos para la vuelta. Inevitablemente se enfriaron los vínculos, sobre todo por el contexto difícil en el que viven nuestros alumnos”, dice Liliana.

Los directivos de la escuela saben que el distanciamiento tiene que ver especialmente con una realidad económica y social crítica que viven la mayoría de las familias del barrio, y que se ha agudizado a causa de la pandemia. Muchos padres y madres han perdido el trabajo y los chicos ahora están abocados a recuperar la economía familiar. Sumado a la poca disponibilidad de recursos tecnológicos con los que cuentan, el distanciamiento se hizo inevitable. Una realidad que ellos conocían pero trataban de suplirla es el espacio escolar. “Ahora con la no presencialidad no está el vínculo necesario”, se lamenta Liliana, que reafirma el compromiso de romper con las distancias y apelar a todos los medios posibles para reforzar el sentido de pertenencia que los chicos y chicas tienen con el espacio escolar.

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Los directivos Liliana Núñez y David Muratore junto al mural pintado por los chicos que identifica a la escuela.

Los directivos Liliana Núñez y David Muratore junto al mural pintado por los chicos que identifica a la escuela.

Una escuela con historia

Aunque la Esso 408 es una institución relativamente nueva, creada hace 26 años, es una escuela con mucha historia. David Muratore, su vicedirector, cuenta que desde 2010 se llama Roberto Fontanarrosa por decisión de los vecinos, porque antes era una escuela sin nombre. Se la conocía como “la escuela de la vía”, que une los barrios Unión y Parque Casas, y congrega a los chicos de La Cerámica, Nuevo Alberdi y Parque Casas, todos barrios de familias trabajadoras, muy golpeados en los últimos años por la desocupación y la crisis económica.

Muratore cuenta que desde hace una década la escuela y toda la comunidad educativa sufrieron la problemática de la violencia social, lo que hizo que tanto los chicos como el espacio escolar sufrieran una injusta estigmatización. Fue un momento en el que muy pocos chicos venían a anotarse a la escuela.

A lo largo de estos meses el equipo de la Fontanarrosa apeló a todos los recursos para no perder contacto con sus alumnos y alumnas"

La historia pudo revertirse y eso fue posible porque desde hace cuatro años el equipo que conduce la institución se vinculó con las organizaciones de cercanía. “Armamos un mapa y nos encontramos con un montón de instituciones, el Centro de Salud Independencia, la Biblioteca Popular Alberdi, escuelas primarias. Empezamos a llamar por teléfono y a visitar a las distintas organizaciones del barrio para generar vínculos y empezar a trabajar en red”, cuenta David.

Esa tarea de búsqueda y reconocimiento les hizo darse cuenta que el barrio estaba lleno de lugares con gente de trabajo, de instituciones públicas y privadas muchas invisibilizadas pero con las que podían trabajar en conjunto y beneficiarse mutuamente. La decisión fue acertada, porque entre otras cosas los nuevos vínculos les permitieron lograr algunas soluciones y ofrecerles más recursos y espacios de práctica a los alumnos en la orientación de comunicación que tienen la escuela. “Los chicos empezaron a tener otra mirada del barrio y de lo que ellos podían hacer en él. Fuimos quebrando de a poquito esa imagen estigmatizada del barrio y de la escuela”, cuenta David, que recuerda con orgullo que a fines del año pasado, cuando abrieron la inscripciones tenían cola de interesados, algo que no había pasado nunca en la historia.

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Uno de los patios de la Esso Fontanarrosa vacío y a la espera de las chicas y los chicos.

Uno de los patios de la Esso Fontanarrosa vacío y a la espera de las chicas y los chicos.

Pensando en volver

David y Liliana coinciden en la idea de que la pandemia, con su exigencia de no presencialidad, desconectó y alejó a los chicos del espacio escolar. Por eso David sostiene que la convocatoria lanzada en las redes sociales tal vez no tenga demasiada repercusión ahora que los chicos no están yendo a la escuela, pero saben que va a funcionar cuando vuelvan, porque implica un compromiso con un espacio que hicieron suyo. La propuesta de ponerle nombre a las aulas es una excusa para convocar a los chicos, las familias y los docentes.

A lo largo de estos meses el equipo de la Escuela Fontanarrosa apeló a todos los recursos necesarios para sostener el vínculo y no perder el contacto con sus alumnos y alumnas. La virtualidad condujo a los directivos y docentes a manejarse por redes sociales, WhatsApp y correo electrónico. En el proceso también hubo continuidades. Por ejemplo, desde antes de la pandemia la escuela ya tenía un ejercicio en la realización de producciones audiovisuales. Y en esta tarea aportó mucho el centro de estudiantes que se puso a producir videos.

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Natalia Biscotti y Mariela Vera, secretaria y pro secretaria de la escuela junto a los directivos.

Natalia Biscotti y Mariela Vera, secretaria y pro secretaria de la escuela junto a los directivos.

“Las aulas virtuales no funcionaron”, afirma Liliana. En muchos casos, porque los chicos no tienen computadora y el dispositivo con el que cuentan para comunicarse es el celular, y a veces es uno para toda una familia.

Ya desde el mes de abril, el equipo de trabajo comenzó a hacer el seguimiento de aquellos alumnos que los docentes detectaron que no se comunicaban nunca, en total unos 112 chicos y chicas. Empezaron a llamarlos uno a uno para saber en qué situación se encontraban. Los chicos les plantearon que ellos veían las tareas cuando los docentes las subían a las redes, pero que muchas veces no tenían datos para responder y participar en las actividades escolares. La situación crítica de muchos alumnos ameritaba una respuesta, por eso decidieron que aunque implique un riesgo había que abrir la escuela. “La abrimos primero una vez cada quince días y después una vez a la semana para que los chicos nos traigan las tareas en formato papel. Y como también sabemos que no pueden imprimir, les preparamos las fotocopias con las actividades que tienen que realizar. Con esta metodología logramos recuperar los vínculos con más alumnos”, cuenta Liliana satisfecha con el resultado.

Cuando entran a la escuela las puertas se cierran y acá adentro son adolescentes, porque en sus casas tienen otras responsabilidades"

El alejamiento y el enfriamiento de los vínculos causado por tanto tiempo de no presencialidad les preocupa. Por eso el equipo tiene la mirada puesta en el reencuentro que rompa ese aislamiento que se hizo inevitable. La convocatoria lanzada en las redes tiene ese objetivo: además de homenajear a Fontanarrosa, es una propuesta de volver a pensar en la escuela.

Liliana sabe que los chicos quieren volver porque para muchos de ellos la escuela es el mundo, y porque además es un espacio donde la contención emocional está garantizada. “Acá el diálogo se da en forma permanente sin demasiada burocracia. Yo siempre les digo: cuando entran a la escuela las puertas se cierran y acá adentro son adolescentes, porque sabemos que muchos de ellos en sus casas tienen otras responsabilidades, más ahora. Sabemos que muchos de ellos han salido a changuear para ayudar”, señala Liliana, que ansía volver a encontrarse con sus alumnos y alumnas adolescentes en el patio de la escuela, donde hacen las cosas que hacen los adolescentes.

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