Educación

"El mayor logro es darle a mi mamá mi título secundario"

Florencia Salazar tiene 22 años, cursa en una Eempa y es beneficiaria del Progresar. Comparte su historia de alumna

Sábado 17 de Febrero de 2018

"El mayor logro es darle a mi mamá mi título secundario", confía Florencia Salazar con una gran sonrisa en su rostro y los brazos extendidos como queriendo alcanzar esa meta. Tiene 22 años, su trayectoria escolar desde el inicio fue a los saltos. Reconoce que si siguió en carrera fue gracias a su mamá Liliana, con quien vive en barrio Tablada. Florencia estudia en una Eempa y es beneficiaria del Plan Progresar ahora convertido por el gobierno nacional en una Beca, con nuevos requisitos para acceder, que desconocen cientos de historias escolares como la suya.

Son los primeros días de febrero y a pesar de que cae la tarde el calor no afloja. Alivia un poco el aire de un gran ventilador ubicado en el ingreso de la Eempa 1326 de Ayolas al 500, en el mismo edificio donde Florencia hizo su primaria (la Esteban Echeverría). "Arranqué como a los 6 años el preescolar y por eso más tarde la primaria. A los 15 me fui a la secundaria del barrio y cursé tres veces primer año. «No me daba», «No estaba actualizada». Además eran rígidos, exigentes. Me decían «estudiá esto», pero no explicaban más. Hasta que decidí «No voy más a la escuela». Tenía 16 años", resume su paso por la escuela obligatoria.

Su mamá le insistió para que se perfeccione en algún oficio, entonces probó unos meses aprendiendo cocina y luego peluquería. Tampoco siguió, en la primera de las escuelas de oficio porque "tenían mala manera para decir las cosas, para explicar"; en la otra, porque una vez finalizada la capacitación le pedían que "trabajara sin cobrar" para tener el título. "Entonces me fui, gratis no trabajo", dice segura en sus respuestas.

Florencia siguió su vida haciendo trabajos de limpieza, por hora. Cuando cumplió los 18 su mamá le insistió para que retome los estudios. "Me dijo «anotate en la escuela porque esto no va más. Yo no quiero que refriegues pisos toda la vida, siempre exigen la secundaria para cualquier trabajo»". Y así Florencia llegó un día a la Eempa de su barrio y comenzó primer año.

En segundo, diferencias con una compañera la volvieron a alejar de la escuela. "Abandoné de nuevo, pasó un año y pensé en cambiarme. Pero el director Carlos no me dejó, me pidió «tenés que terminar el secundario acá». Es un buen director y amigo". Un profesor que la escuchó, una mano que se extendió y Florencia siguió en camino.

"No soy una alumna 10, ni excelente pero tengo buenas notas. Ahora pasé a cuarto año. Este año ya termino. Estoy más que feliz", dice y anticipa que su sueño es estudiar, postularse para ser inspectora de tránsito.

La trayectoria escolar de Florencia primero estuvo acompañada por la Asignación Universal por Hijo (AUH) que cobraba su mamá. Luego, cuando fue mayor de edad, llegó la ayuda del Programa Progresar. Ser beneficiaria de este derecho no fue bien entendido por todos. Hasta hubo docentes —los hay todavía— que miraban con desconfianza a los chicos y jóvenes que recibían esta ayuda. "En la secundaria a la que iba antes —de zona sur— había una profesora que siempre nos decía «Ustedes vienen acá por el plan, vienen por la asignación, no vienen a estudiar». Yo hacía oídos sordos, porque nunca viví de un plan, siempre me mantuvo mi mamá y alguna changuita que hacía. Es doloroso que te digan eso, no solamente me están desprestigiando a mí sino también a mi mamá, que era quien cobraba la asignación. Desprestigiaban los años que ella laburó en un geriátrico y el problema de columna que tiene de tanto levantar el peso muerto de los abuelos". Las palabras de Florencia son bien reales, pegan fuerte, son un cachetazo a tanta facilidad de prejuzgamiento que campea en buena parte de la sociedad.

Ya en la Eempa Florencia no volvió a escuchar esos comentarios discriminatorios ni reproches al acceso a estos derechos. Se enteró del entonces Plan Progresar (Programa de Respaldo de Estudiantes de Argentina) y se anotó: "Acá —por la Eempa— nunca me dijeron «Ah, vos venís por el Progresar», porque aparte las que hablan son mis notas".

"No soy una alumna 10, ni excelente, pero tengo buenas notas. Ahora pasé a cuarto año. Este año ya termino y estoy muy feliz"

El valor de la ayuda

La joven es la menor de cinco hermanos. Trabaja haciendo limpieza por hora y estudia. Hasta el momento cobra por el Progresar una ayuda de 900 pesos mensuales, de la que se retiene el 20 por ciento que se devuelve en tanto muestre que ha estado asistiendo a clases, estudiando. En rigor, la cifra mensual que recibe son 720 pesos.

Un dinero que usa para comprar "útiles, apuntes, algún libro que nos piden". Valora este beneficio como un acompañamiento: "Hay chicos que vienen de muy lejos, de Gálvez, y el colectivo es más caro. Hay compañeros que no tienen ni hojas ni útiles y algunas compañeras que son mamá. También es cierto que algunas lo usan para otras cosas, hay de todo. A mí me ayuda con los libros".

Florencia se define como "rebelde, jodona, divertida". Un perfil que admite le ha traído no pocos problemas en su paso por la escuela. En su corta edad nada le ha sido sencillo. Disfruta sobre todo de la compañía de su madre, de tomarse unos mates y sostenerse en esa charla que abraza. Una familia de mujeres, que también tuvo que hacerle frente a la violencia de género.

"Quiero ser inspectora de tránsito, y sino trabajar de barrendera. Lo que más quiero es tener el título secundario, trabajar en blanco para poder sacar un auto y salir de paseo con mi mamá", proyecta Florencia.

Beca y posición de Santa Fe

El Plan Progresar se puso en marcha en 2014, como "un nuevo derecho que tienen los jóvenes entre los 18 y 24 años que no trabajan, trabajan informalmente o tienen un salario menor al mínimo vital y móvil y su grupo familiar posee iguales condiciones, para iniciar o completar sus estudios en cualquier nivel educativo".

El 31 de enero pasado fue relanzado por el gobierno nacional con otro espíritu, definida como Beca Progresar y ya no pensada con perspectiva de derecho sino de premio al mérito. El rediseño del programa contempla como requisito para poder cobrar la beca destacarse en los estudios, aprobar un examen previo en el caso de las carreras docentes, no repetir el año para la escuela obligatoria y aprobar por lo menos el 50 por ciento de las materias de cada año, en el nivel superior.

Las Becas Progresar también fueron presentadas en su nuevo formato en la última reunión del Consejo Federal de Educación realizada la semana pasada. El ministro de Educación de la Nación, Alejandro Finocchiaro, detalló a sus pares jurisdiccionales el nuevo perfil de este programa. En esa reunión, la ministra Claudia Balagué pidió "un acompañamiento para los estudiantes" que la reciban. "Tenemos que considerar a la educación como un derecho social y fundamentalmente una gran responsabilidad del Estado", argumentó.

Recordó que por sí solas las becas no alcanzan: "No son suficientes para garantizar el derecho a la educación, menos aún si están basadas solamente en un criterio meritocrático. Mi experiencia en la universidad y en el sistema educativo provincial me demuestra que en los primeros años de todos los niveles educativos es donde se dan las mayores dificultades", y por tanto son imprescindibles dispositivos "que atiendan lo educativo y lo social de cada estudiante". Recordó que aún así, en muchas realidades se demora igual la finalización del primer año. "Es ahí donde la beca no debe tener un sentido restrictivo, sino continuar acompañando al estudiante y considerar las situaciones particulares", dijo. Además propuso considerar la información disponible, en especial la de aquellos estudiantes en situaciones "de altísima vulnerabilidad social, que requieren un acompañamiento más allá de la beca, que no debe ser retirada si no pasa de año o no aprueba la cantidad de materias estipulada". "No podemos esperar —agregó— que haya un resultado contrario al que queremos y que los estudiantes abandonen por carecer de esta posibilidad económica".

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